La libélula dorada: construyendo el imaginario de los niños

La libélula dorada es una fundación de títeres y teatro creada por los hermanos César Santiago Álvarez e Iván Darío Álvarez en 1976. Desde sus inicios han forjado sus insobornables sueños de convertirse en aliados incondicionales del universo de los niños.

La libélula dorada ha participado en el Festival de Teatro de Bogotá desde su primera edición.Cortesía

Su nombre es una metáfora. Las libélulas nacen en el agua, son símbolo de vida y muestra de libertad; emergen aladas hacia el aire. Es así como profesionales de la ilusión empiezan a hacerse cómplices  inseparables de la imaginación, inspirándose en su virtud y fuerza creativa como titiriteros. Gracias a esa savia poética en La libélula dorada han creado y puesto en escena obras para niños y adultos mediante una pedagogía y una ética de la imaginación, que desde el arte mágico de los títeres, propicia un espacio innovador constituyéndose en un referente artístico de Bogotá.

En Colombia hace cuarenta y tres años el teatro de títeres no era tan valorado. En ese momento los únicos referentes eran Jaime Manzur y Ernesto Aronna, que fueron el punto de partida de los hermanos Álvarez. Su primera presentación fue en el Teatro La Candelaria, con un pequeño sketch titulado Madre solo hay una, allí, lograron captar la atención y sorprender a todos los teatreros; desde entonces los títeres empezaron a tener un espacio en la escena teatral bogotana.

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Con trabajos de investigación, propuestas escénicas y mucha creatividad, empezaron a escribir la historia de los títeres en Colombia. Se han destacado por romper con los estereotipos de la literatura clásica infantil europea, creando su propia dramaturgia donde se destaca el manejo del espacio y la creación de personajes que captan toda la atención del público asistente a sus funciones.

En 1992, La libélula dorada hizo realidad el sueño de construir un centro cultural para niños, jóvenes y adultos, que ha servido para cultivar las artes vivas en general. La fundación Alejando Ángel Escobar, que le otorgó uno de sus premios de solidaridad en agosto de 1995, considera este proyecto como un importante aporte socio- cultural para el país.

Han cruzado fronteras, participando en diferentes festivales de países como Chile, Francia, México, Perú, Cuba, España y Argentina. En colombia han dejado huella en eventos como el Festival Iberoamericano de Teatro, el Festival Internacional de Teatro de Manizales, el Festival de Teatro de Cali y el Festival En Escena de Medellín.

El Festival de Teatro de Bogotá tiene un valor muy significativo para la agrupación. En 2002 participaron en la primera edición: A las Salas Alas; desde ese momento y durante todas las versiones del festival, no han parado de llevarle alegría a generaciones de bogotanos y contagiarlos de mensajes positivos a través de inigualables títeres. 

En la edición número 15 del Festival, el pasado sábado 12 de octubre de 2019, presentaron El dulce encanto de la isla Acracia, una obra de Néstor Lambuley, referente de la literatura para títeres en latinoamérica, cuya adaptación cumplió 40 años de creación y muestra un contraste del proceso desde sus primeras presentaciones hasta la actualidad. Con el apoyo de artistas plásticos hicieron una reelaboración de la escenografía y los primeros títeres que se construyeron.

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“Hemos sido testigos de cómo evoluciona la dramaturgia, el auge de las agrupaciones de Bogotá y la gran aceptación que ha tenido el teatro colombiano, tomando como referente el Festival de Teatro de Bogotá. Desde allí, hemos contribuido a la formación de un público juvenil que tiene la oportunidad de ver en un sólo espacio el desarrollo más importante del teatro bogotano con las mejores obras seleccionadas de diferentes disciplinas como teatro de títeres, gestual, de texto, narración oral y otras, siendo este el evento más importante de la ciudad”, dijeron César e Iván Darío Álvarez.

Gracias a la Alcaldía de Bogotá, el Festival de Teatro de Bogotá ha sido la ventana para muchas agrupaciones teatrales bogotanas como La libélula dorada, reconociendo a muchos fundadores y agrupaciones que han permanecido creando nuevas obras que hacen parte del acervo y de la historia teatral de la ciudad.

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Jesús Reyes Ozuna

Cultura

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