Entre los sueños y los hijos

La libertad de las madres

¿Qué hace que una mujer sea una buena madre? ¿Es necesario renunciar a tus propios sueños, por extremos que sean, cuando tienes hijos?. Estas dos preguntas son las que invitan a ver el documental Amazona, de Clare Weiskopf. La película ha creado mucha polémica en España; ha sido proyectada en 92 salas y compite por el premio como mejor película iberoamericana en los premios Goya.

Imagen del promocional del documental Amazona, que ha causado revuelo en España y en los Premios Goya. Cortesía

Una sala de cine en el corazón de Barcelona. El público: un centenar de mujeres, a excepción de un par de hombres. Supongo que la mayoría de las asistentes hemos vivido en primera persona el problema ético que plantea la pérdida de la libertad en la maternidad. Pero ahora el dilema se presenta en la pantalla, con el documental que recién comienza.

Valerie, la protagonista de esta historia, no renunció a su libertad, ni a sus sueños. Una mala madre, una egoísta para muchas de las espectadoras. Para otras, una mujer valiente, de una honestidad brutal, cuyas palabras y ejemplo son como puñaladas. También está su hija Clare, quien posee otro tipo de valentía. No ha tenido miedo de mirar su pasado y cuestionar algunas de las decisiones de su madre en el documental. En Amazona podemos ver el gozo y el veneno de la libertad en la maternidad. 

Como antídoto a este veneno, Clare hizo la película mientras estaba en el proceso de crear su propia familia. Un gran aporte a la historia, los embarazos siempre son una oportunidad única de revisar la relación con la madre. Además, permiten definir el tipo de maternidad que se quiere ofrecer, ya sea por similitud o por oposición a la recibida. Lo que hace especial a Amazona es que Clare vivió este proceso frente a una cámara. A través de su experiencia personal y la de su madre, retrata aspectos problemáticos que muchas mujeres nos hemos planteado alguna vez. Seguro que en esta sala de cine me acompaña alguna madre que desearía vivir su propia vida sin las ataduras de los hijos, alguna mujer abandonada por su madre, otra que piensa que una maternidad tradicional es un acto revolucionario en un mundo individualista, madres que desearían no haber tenido descendencia y mujeres que están construyéndose como madres, como me sucede a mí. 

Mientras el documental avanzaba me siento muy extraña, es la primera vez que dejo a mi bebe en la noche para retomar un espacio de disfrute a solas. Me siento muy incomoda con la idea de poner mis sueños delante de mi hijo. Desde que nació, tengo la sensación de que mi propia vida ya no es tan importante. Sin embargo, estas palabras de Valerie despiertan algo dormido en mí: “…El vicio de escoger siempre lo seguro ahoga nuestra vida y es un insulto a nuestra energía vital, que se renueva cada vez que confiamos en ella, cada vez que tomamos un riesgo”. 

La maternidad es sinónimo de crear raíces y con ellas encontrar un lugar en el mundo, seguir ciertas inercias. Sin embargo, mis sueños siempre han estado relacionados con viajar y vivir en lugares desconocidos, con esa libertad de movimiento que lleva a la libertad mental. Por eso sé de lo que habla Valerie, lo he experimentado, viajando y viviendo en varios países. Pero ahora que tengo un hijo me he entregado a la estabilidad y a la rutina. Siento vértigo solo de imaginarme que ya no hay cabida para mis sueños. El ejemplo de Valerie me enfrenta a la certeza de que los sueños tienen un tiempo limitado para ser cumplidos. El problema ético de la libertad encarnado en mi propia vida. 

Como lluvia fina, en la última parte del documental, la directora muestra las consecuencias de la libertad de su madre. Una infancia inestable y permeada por un sentimiento de soledad. Un hermano que no logra ser feliz con nada. Toda una vida esperando una disculpa por el abandono. Aspectos dolorosos que se suman para cuestionar las acciones de esa mala madre. Sin embargo, también puedo ver que una madre tan particular como Valerie ha sido el motor para que su hija tenga un instinto de supervivencia muy desarrollado. Además, gracias a todas esas vivencias, Clare está cumpliendo sus sueños. Su película está teniendo un éxito arrollador, y ha podido ejercer su maternidad en sus propios términos, huyendo de la inercia. Una paradoja, Clare se realiza como mujer y madre gracias, en buena parte, a la manera en que vivió Valerie.

Se acaba la película sin que Clare reciba la disculpa esperada. Todas seguimos en silencio, absortas en los pensamientos y espejos que nos ha dejado la historia. Comienza un debate liderado por una  feminista que modera el cineforum. Dice cosas interesantes, por ejemplo, que nuestra cultura se empeña en crear una imagen de la madre basada en la de la Sagrada Familia. Es el arquetipo que todos conocemos bien; la madre abnegada, que sacrifica su individualidad, su tiempo y su vida por los hijos. Plantea que una mujer que decide seguir su vida a pesar de ser madre, o simplemente decide no tener hijos, se valora negativamente en nuestra cultura, mientras que los hombres no cargan con esos prejuicios. Tiene sentido, estamos más acostumbrados a los padres ausentes que a las madres ausentes. Y luego, poco a poco sus argumentos se desvían del problema ético de la libertad y concluyen en tópicos feministas de igualdad entre hombres y mujeres. Me aburro, pero me quedo en el cine porque me interesa escuchar los comentarios de otras mujeres. 

 

Solo se atreven a hablar tres. Primero interviene una señora para explicar que está asistiendo a terapia porque su hijo, después de divorciarse, la culpó de su fracaso en su relación de pareja. Luego una chica catalana asegura que el amor de la madre está muy idealizado. Y la última, una joven colombiana que siente estar siendo víctima del circulo de sacrificio que se crea entre las madres y sus hijos, algo que Valerie critica en el documental. La joven cuenta que su madre se sacrificó por ella y su hermano cuando eran niños, y que ahora ella está pagando por ese sacrificio. Su madre no tiene pensión, ni se había preocupado por ahorrar para su vejez, así que ella tiene que enviarle dinero mensualmente a Colombia para mantenerla, a costa de un montón de privaciones en su día a día. Una inmigrante económica más que no se atreve a romper con esta responsabilidad moral impuesta por una tradición cultural de círculos de sacrificio entre padres e hijos.

 

Poco a poco se vacía la sala de cine. Salgo a la calle invernal de camino al metro. En la puerta una persona reparte flyers de la película y me guardo uno en el bolso. Quiero recordar la primara vez que volví a disfrutar de la noche desde que nació mi hijo. Las imágenes del documental se acumulan en mi mente. La gran serpiente que es el rio amazonas visto desde el avión. Valerie cantando y tocando instrumentos. Me la imagino en sus horas de inmensa soledad y silencio. Me pregunto si en el fondo de su corazón es feliz, si está orgullosa de su vida. Pienso en la imagen de cierre del documental: el primer plano de Clare con Noa, su bebé recién nacida. Ahora la hija es madre. El circulo de la maternidad se cierra, pero sigue en construcción. 

 

Quiero llegar rápido a casa. Evoco la sensación del cuerpo caliente y pequeño de mi bebé, que necesito abrazar con mis pechos rebosantes de leche. Pienso que mi vida dejó de ser mía, una sensación que a veces no me gusta. De repente se bajan de un taxi tres jóvenes arregladas de fiesta. Se ve que se la están pasando bien. Siento envidia de ellas, seguramente no tienen hijos y sus actos no afectan a nadie que se ama con tanta intensidad. Me gustaría estar en desacuerdo con Valerie cuando dice que la libertad no va con tener hijos. Además de madre, también quiero seguir siendo mujer, tener una individualidad y cumplir mis sueños.

 

*Días después de ver la película entrevisté por teléfono a Clare Weiskopf para escribir este texto. De todo lo que hablamos me gustaría rescatar algo que me dijo para despedirse: “Yo sí creo, al contrario de mi mamá, que no hay que abandonar a los hijos para realizarse como mujer. Estoy de acuerdo con que la vida de uno es importante, pero no está por encima de la de los hijos. Se tiene que balancear todo porque existe mucho amor. De manera natural uno deja de hacer cosas con las que soñó, porque el amor es tan grande que esas cosas pierden importancia. Sin embargo, no tengo la verdad absoluta, mi hija tiene apenas 3 años y estoy aprendiendo en el camino”.

 

Hoy se sabrá si esta película gana el premio Goya. Valerie, Clare y Noa , han viajado desde Colombia para estar presentes en la gala. Solo me queda desearles mucha suerte y agradecerles una noche de libertad en un cine de Barcelona. 

 

 

 

 

 

 

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Daniela Siara

Cultura

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