Entrevista

"La literatura evita que uno se envilezca en la superficie de las cosas": Orlando Echeverri

Echeverri Benedetti es finalista del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, con su libro "Criacuervo" (2017).

Juan Felipe Vásquez.

Con tan solo dos libros publicados y un par de cuentos desperdigados en revistas independientes y antologías, el cartagenero Orlando Echeverri Benedetti demuestra con su talento que es uno de los escritores más habilidosos de la literatura colombiana contemporánea. Si utilizamos el término “contemporáneo”, será solamente para aludir a lo ocurrido en la narrativa nacional desde el año 2000 hasta el día presente. Así pues, esta voz que es tan original y se abre paso entre las estanterías, ganando lectores y descrestando a los críticos, se une a una generación de narradores que se ha encargado de ponerles las cosas difíciles a los “etiquetadores”. ¿Cómo se abarca, pues, lo que vemos hoy en día en la sección de novedades de Literatura Colombiana en las distintas librerías?

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Nombres como los de Giuseppe Caputo, Juan Cárdenas, Juan Esteban Constaín, Daniel Ferreira, Margarita García Robayo, Andrés Mauricio Muñoz, Juliana Restrepo, o Andrés Felipe Solano, solo por mencionar algunos, han sorprendido a los lectores con un talento estridente y sumamente contrariado, en el sentido de que ninguno se parece al otro y no existe una fuente fidedigna que permita rastrear sus influencias. ¿Hay algún interés que sea común en estos escritores? ¿Qué podría unificarlos cuando sus producciones son tan diversas?

“(…) el momento actual de la literatura colombiana es extraordinario. Lo he dicho muchas veces, y me repito: No recuerdo como lector un momento de nuestras letras, posterior a García Márquez, en el que hubiesen tantas generaciones trabajando al mismo tiempo con la capacidad para ser profesionales y con talentos tan diversos. Hay una amalgama de nombres y generaciones que vienen haciendo las cosas muy bien, dedicados de lleno a la literatura y haciendo de este universo fantástico algo muy bonito de apreciar. Entre estos escritores hay una nueva conciencia de la forma y eso, en últimas, es lo que hace que sus libros queden en la memoria de los lectores”, menciona Juan Gabriel Vásquez al respecto. Lo cierto es que nuestra literatura pasa por una de sus mejores etapas y Echeverri Benedetti ha sabido entrar por la puerta grande, para formar parte y dejar huella en esta nueva ola de la narrativa colombiana.

Su primera novela, Sin freno por la senda equivocada (2015), publicada por El Peregrino Ediciones, obtuvo en 2014 el Premio Nacional de Novela Idartes y fue una de las diez finalistas de la edición 2016 del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura. El detonante de la trama es el suicidio de Leonard Garner que desencadena un tornado de acontecimientos que cambiará las vidas de Lino Rodríguez, un periodista sin rumbo fijo, de Reinaldo Polo, un fotorreportero adicto al ron Tres Esquinas, de Mara y de Lin Wei. Una historia en la que la tragedia converge con la comedia y los personajes se ven envueltos en la búsqueda de su pasado mientras sus vidas adoptan rumbos imprecisos. “Cuando comencé a escribir la novela ya había decidido que cada personaje emplearía un formato particular, un tipo de documento a partir del cual desarrollar su historia. Este aspecto tenía una ventaja: que en el proceso de adaptación las voces hallaban su propio estilo de manera más natural, con su carácter, su tono, su ritmo y sus pausas. Existe, desde luego, una relación íntima entre cada personaje y el registro de escritura elegido (…) Creo que esa pluralidad de registros ofrece diversidad más que densidad. Cada personaje promete un ángulo distinto, un lente especial a través del cual continuar la historia”, menciona el autor, en una entrevista para la revista Arcadia en la que, además, hace énfasis en lo primordial de retratar a la Cartagena de la que partió hace ya tanto, pero que se mantiene intacta. “La ciudad es un elemento clave de la acción en el libro porque inyecta a los personajes un estado de ánimo, a veces de mansedumbre, que bascula entre el tedio y la desesperación. Es quizá ese mismo estado anímico el que durante décadas ha impedido acabar con la inequidad obscena en que vive Cartagena, su corrupción y frivolidad, que son capaces de triunfar incluso rodeada por una miseria rampante. Por supuesto, no estoy diciendo nada nuevo, y al parecer la situación seguirá igual”.

Este libro fue una de las sorpresas literarias del 2016 y le permitió a Echeverri Benedetti la posibilidad de ser ampliamente leído. Así, en 2013 aparece la idea inicial, y en 2015, después de haber recorrido distintas ciudades de Latinoamérica y Europa, en un apartamento del distrito de Nou Barris, en Barcelona, a las 4 de la mañana, el cartagenero terminaría de escribir su segunda novela, aquella que lo ubicaría definitivamente en la retina de los lectores colombianos. Criacuervo, publicada por Angosta Editores en el 2017, está compuesta por una introducción, dos partes divididas en 10 capítulos, y un epílogo. Narra la historia de los hermanos Zweig y su débil intento por hacer caso omiso al destino que les ha sido impuesto. Como lo escribí en mi primera reseña en prensa, se trata de “(…) un salto al vacío, una oda al destino, un guiño a la tragedia olvidada de vivir la vida sin más ambición que perderse en ella. Por medio de las acciones de los personajes, los lectores [logran adentrarse en una historia que es contundente y frenética]. El inicio del libro no habría podido ser mejor: “En la luneta intacta del vehículo deformado entre los fresnos, la policía encontró una calcomanía que rezaba: Quizá el enigma de Dios sea tan vago y, sin embargo, tan cierto. Dentro del carro se hallaban los cuerpos sin vida de una pareja de biólogos...”. De corte detectivesco y con un toque de misterio, la obra de Orlando Echeverri Benedetti se propone agarrar a los lectores a partir de las primeras líneas. Y lo logra, por supuesto”. 

Se trata, probablemente, de uno de los aciertos más nítidos de la literatura colombiana reciente. La forma en que está escrito este libro, su fuerza, su fluidez, el buen manejo de la tensión con que cuenta, los ambientes, los espacios, los personajes, el calor, el mar, la arena, el albur, el desierto, les permite a los lectores saberse presas fáciles de lo que se está leyendo, de esta plegaria bajo el agua, de esta carta abierta a las pasiones humanas, siempre, tan contrariadas.

¿Cómo surge la idea que lo lleva a concebir a un par de personajes como los hermanos Zweig en Criacuervo?

La idea que me llevó a pensar en Klaus y Adler, como lo he mencionado en otras ocasiones, nació de una pasión que tengo por la literatura alemana. Cuando comencé a escribir la novela me encontraba leyendo, casi que fervorosamente, a dos autores cuyo trabajo me encanta. Uno de ellos es Hans Fallada, a quien recomiendo ampliamente. El otro es Gottfried Benn, un poeta que se dedicaba a la medicina forense. Sus poemas, varios de ellos, eran muy oscuros, algo escatológicos, una especie de bisturí. De él aprendí a utilizar frases precisas, un tanto lacónicas, que siempre pretenden una carga poética nada meliflua. Y bueno, además de estas lecturas, en aquellos días tenía yo una cierta fascinación por Berlín. Decidí meterme de lleno en la ciudad e intentar escribirla. Lo hice varias veces y en muchas de ellas solo experimentaba intentando encontrar algo que me diera nociones de la forma como debía escribir la novela. Yo no tenía intenciones de terminarla y publicarla de inmediato, no hasta que la leyera en voz alta, luego de haberla revisado y pudiera decir: esto está terminado. La releí tanto, la reescribí tanto que, me parece, el resultado que le di a la editorial tenía muy poco para revisar. José Ardila, el editor, me dijo que la novela requería muy pocas cosas, porque ya estaba lista.

¿Podríamos pensar que estos hermanos alemanes son, quizá, una metáfora de sus años por fuera de Colombia?

Sí, desde luego. Para hablar del desarraigo, del desamparo que en estos personajes se hace evidente, tuve que recurrir a mi propia experiencia. Es inevitable, imposible, escribir algo fuera de la experiencia. Hay mucho de los personajes en mí. Muchos de los rasgos que les atribuí fueron sensaciones que yo comprendía. Sin embargo, no siento que esté representado en ninguno de estos personajes.

Esta novela es poesía pura. Bueno, es narrativa, sí, pero desde la primera línea uno siente que va bailando con las palabras. Hay, además, una secuencia de imágenes que impactan al lector en todo momento. Creo que su faceta de fotógrafo tiene algo que ver en ello.

Con toda franqueza, creo que esa es la única forma en la que yo sé escribir. Siempre intento evitar la imagen vacía o impostada. Me gusta la imagen cuando tiene un valor, como tú dices, poético. Cuando esta imagen representa un estado de conciencia del personaje. Es inútil situar una escena solo porque es bella, sabiendo que no tendrá correspondencia o armonía con lo que está pasando. Es un trabajo casi que de costurero. Hay que coser bien donde se halla el resquicio y procurar que la imagen responda al estado de los personajes o a lo que está sucediendo en el libro.

El acierto con este libro es absoluto. Me parece que ha dejado un listón bastante alto.

No lo sé. Creo que las cosas se han dado poco a poco. Mis novelas, ciertamente, nunca se abrieron paso con facilidad. Me ha costado publicar lo que he escrito. Siendo un autor nuevo, lo sabes bien, es más difícil darse a conocer a los lectores. He tenido mucha suerte en el sentido de que, finalmente, encontré un espacio en el que decidieron apostar por mí y en donde me siento cómodo. Hablo, claramente, de Angosta Editores y de las personas que día a día siguen atentamente su trabajo y, por tanto, el mío.

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Creo que, en unos años, al menos en Colombia, Criacuervo será una de esas novelas que todo el mundo habrá leído.

Muchas gracias. Me halaga mucho que pienses eso. El hecho de que en diez o más años, Criacuervo pueda ser considerada una obra importante de la literatura colombiana, es todo un premio a mi labor. Cuando escribí esta novela tenía algo en mente y era que no quería hacer otra cosa distinta a algo que a mí me gustaría leer. Quería escribir un libro que me capturara desde el principio hasta el final. Me parece una experiencia bellísima que algunos lectores hayan encontrado en el libro eso que yo estaba buscando.

¿Qué busca Orlando Echeverri Benedetti en la literatura?

La literatura es una forma de cultivar un mundo interior que, por añadidura, evita que uno se envilezca en la superficie de las cosas. Supongo que, en ese sentido, lo que busco en la literatura es conservar esa comunión conmigo mismo.

 

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