La Maldita Vanidad estrena “Si me muero es suya”

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Si me muero es suya es una historia íntima, inspirada en hechos y personajes de la realidad nacional, con un formato pensado para que el espectador la disfrute en la sala de teatro, cuando los protocolos lo permitan, y a través de streaming.

María Eugenia es una mujer adorable, madre de dos hijos, dueña de una hermosa casa ubicada en un prestigioso barrio de la ciudad, la cual ha sido portada de revistas y tema de artículos periodísticos. Los pisos de mármol y guayacán han sido testigos mudos de cada momento de alegría y tristeza en su vida: la muerte de su padre y su esposo, la caída de sus hijos, la inevitable soledad que dejan los años y el dolor de un país que la juzga. Ahora, a sus 75 años, entre pastillas, recuerdos, culpas, deudas y la compañía de Capitán, busca una forma para mantener lo único que considera suyo: su casa.

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El presente, pasado y futuro de esta mujer cobra vida en el escenario, en una convencional caja negra con un austero mobiliario, dos sillas y una mesa que recrean una pequeña sala de estar en un rincón de una gran mansión. Allí ella entabla una particular conversación con un visitante, un hombre que pasaba por el lugar, que recibirá una oferta que no podrá rechazar: “Si me muero, mi casa será suya”. Esta idea llegó a Jorge Hugo Marín, director de la Maldita Vanidad Compañía Teatral, en diciembre del 2019, cuando en un periódico de España se encontró con el anuncio: “Vende tu casa a mitad de precio y vive en ella hasta morir”, una fórmula que le permite al vendedor, generalmente mayor de 60 años, vender su vivienda y seguir usándola hasta que fallece.

“¡Esto de verdad sucede! Cuando leí la noticia me pregunté cómo traer esta historia acá y decidí vincularla con un personaje: una mujer que tiene dos hijos corruptos y que decide desaparecer de la vida pública”. Así surgió Si me muero es suya, nueva creación de la Maldita Vanidad, la cual en su versión inicial se presenta de manera virtual hasta el 26 de septiembre. Escrita y dirigida por Jorge Hugo Marín, con la realización audiovisual de Felipe Flórez y la dirección de arte y efectos especiales de Nicolás Williamson, la obra cuenta con la interpretación de Carmenza Gómez, David Osorio, Angélica Prieto y Mika, el perro de compañía.

El público como voyeur es un elemento presente en las diferentes puestas en escenas de la compañía. En este caso se logra gracias a la presencia del equipo técnico a la vista y al uso del display de la cámara donde se ve qué se está grabando para aquellos que siguen la escena online, los planos, movimientos de cámara, recorridos y enfoques. Con ellos se transmite la idea de que “cada plano fue ensayado, que es un coreografía perfecta entre el movimiento de los actores en la escena y el equipo técnico, que está presente, pero no invade la historia”, aclara el director. Así logran transmitir el encuentro de estos dos personajes que ven en el otro un reflejo amable de sus ilusiones y de sus mayores temores.

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Este dispositivo escénico fue construido en niveles, pues “todo está medido. Cada movimiento y cada escena están pensados para que funcione para la cámara, en lo audiovisual, pero también en la sala de teatro. Esperamos y estamos trabajando en todos los protocolos para poder tener espectadores en nuestra sala, de tal forma que durante la función haya público, pero que a la vez se pueda ver en streaming. Este es un formato que, aunque surge en la contingencia, hace parte del montaje. Son tres círculos: en el primero están los actores, la historia; luego están los técnicos, el camarógrafo, el sonidista y los efectos especiales con proyecciones en vivo que se mueven todo el tiempo; y después está el público. Todo es parte de la obra.”

Para Felipe Flórez, realizador audiovisual de Si me muero es suya, el gran éxito de esta propuesta es la vinculación del teatro con lo audiovisual. “Estuve en el proyecto desde el inicio. Para poder entender cuáles eran los momentos más importante, siempre buscamos que el elemento cinematográfico sumara en diferentes capas narrativas. Claramente el código sigue siendo el teatro, y por eso se tomaron varias decisiones, pero la cámara nos da un punto de vista. Hicimos muchas exploraciones para entender cómo debíamos narrar. Es mágico cómo esta casa cobra vida a partir de las proyecciones y el trabajo de los actores”.

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