El gran secreto de Perón

"La máscara sarda", de Luisa Valenzuela

La escritora argentina recibió el pasado 14 de septiembre, en Medellín, el Premio León de Greiff al mérito literario.

El premio a Luisa Valenzuela le fue entregado por Lina Botero Villa, secretaria de Cultura Ciudadana de Medellín; Diego Aristizábal, director de los Eventos del Libro, y Juan Luis Mejía Arango, rector de EAFIT. También lo respaldan el Grupo Argos y la Fiesta del Libro y la Cultura de la Alcaldía de Medellín. / Cortesía

En América Latina ha hecho carrera el dicho que México tiene un pasado que nunca pasa y Brasil un futuro que nunca llega. Estoy convencido que esta máxima se puede aplicar perfectamente a la Argentina, tanto por su pasado como su futuro. Y, tal vez por ello mismo, su realidad sea tan proclive a la literatura, como la mexicana y brasilera.

En La máscara sarda de Luisa Valenzuela nos encontramos con algunos de los personajes insólitos que marcaron la historia del siglo XX de este país del cono sur: López Rega, un brujo con alma de Rasputín que termina manejando los hilos del poder y quien centra su autoridad en el “gran secreto” que solo él conoce y que envuelve a Perón. Evita cuyo cadáver se transporta de un lugar a otro como si tuviera un valor mágico y totémico. Isabelita, quién está, pero de alguna manera no está, y al igual que Cámpora, “el tío”, parecen figuras prescindibles en medio de un ajedrez perverso. 

Han sido varias las novelas en donde esta autora ha fijado su atención en el pasado reciente de Argentina. En Cola de lagartija, por ejemplo, arma una “biografía imaginaria” del brujo, con sus rituales y locuras. Ahí también nos encontramos con el mito de Evita y su dedo cortado. En fin, algunos de los múltiples y complejos momentos de la historia de dicha nación que todavía dan mucha tela que cortar y literatura por escribir. Ante todo, Perón, esa figura  enigmática y legendaria, que para el pueblo raso estaba por encima del bien y del mal y por ello se gritaba en la calle: “ladrón o no ladrón queremos a Perón”. Una personalidad tan contundente que aun después de su muerte sigue influyendo y marcando los destinos de Argentina.  

En esta novela, se centra en los últimos días de este personaje, ya moribundo, con López Rega acechándolo como una hiena. ¿Pero cuál es el secreto?

La tesis central del libro es sorprendente y con una serie de connotaciones inesperadas: Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, quien marcó de manera indeleble la historia política de esta nación, no era en verdad Juan Domingo Perón sino otro. Y para darle otra vuelta a la tuerca, el verdadero Perón, no era ni siquiera argentino sino Sardo. La historia que se elabora es fascinante: Giovanni Piras, un joven nacido en Maimoiada, Cerdeña, emigra a Lobos y comienza a trabajar como siervo en la familia de los Perón. La madre de Perón, Juana Sosa, soñaba con que su hijo fuera un militar y estaba feliz porque había logrado que le abrieran las puertas del Colegio Militar, a pesar de ser hijo de india y todo como era.  Pero, el verdadero Perón es un joven díscolo, y decide lanzarse a la ancestral carrera por una sortija, la sartiglia, montado en un tordillo brioso ostentando una hermosa brida, que le había ganado en una apuesta a Giovanni. Pero el bocado largo y barbada floja de la misma eran componentes que vaticinaban la tragedia.  Ante la muerte del verdadero Perón, la madre decide que no va a dejar que la desgracia frustre su sueño de tener un hijo General y decide transformar a Giovanni Piras, el Sardo, en Juan Domingo Perón.  Su sueño de tener un militar en la familia no podía ser enterrado por un accidente.

 —“Vos pasarás a ser mi hijo y a cumplir su destino”—le dice la madre.

Y Giovanni Piras se vuelve Juan Domingo Perón. El gran secreto de Perón. ¡Qué historia!

Pero lo realmente maravilloso de La Máscara Sarda es la forma en que su autora entreteje los hilos narrativos para armar este tapiz asombroso. No deja de sorprender que cuando se lee la obra, a pesar de saber que nos encontramos en medio de una ficción (¿o no lo será?), gracias al maravilloso uso del lenguaje y la manera en que se urde la trama, el lector se convence de que lo que nos han narrado no solo es factible sino quizás cierto y tal vez un hecho histórico. Esa es la magia de la buena escritura, ser capaz de volver lo inconcebible, posible. Y por la forma en que se han entrelazados los hechos y las palabras, que surja la duda, la implacable duda y el lector se encuentre atrapado entre las redes de la ficción.

Quizás por ello Platón odiaba tanto la ficción como a los poetas y los expulsa de la Polis. Sabía que el poder de la palabra era implacable. Tampoco es casual que los españoles durante la conquista prohibieran que en sus colonias llegara la literatura, ya que creían que los nativos no eran capaces de distinguir entre la ficción y realidad. Otro ejemplo sobre el poder de la palabra, lo encontramos en Ricardo III de William Shakespeare. Hoy los historiadores nos aseguran que quizás no fue tan perverso o tan malo como nos lo pinta Shakespeare, y no obstante, nos es imposible olvidar el personaje construido por el bardo inglés y a pesar de lo que diga la historia, sigue viva la imagen que fabricó el poeta, que terminó por ser la impronta de este Rey.

La ficción es un juego que abre la imaginación y nos permite concebir opciones y realidades insospechadas. Por ello, será siempre enemiga de las verdades univocas que tanto le gustan a los fundamentalistas y dictadores. No es casual que las personalidades autoritarias odien el arte y también lo vean como degenerado. El poder de la palabra en manos de un gran autor o autora, transforma, sin duda, nuestra mirada sobre la realidad.

La verosimilitud, más que la verdad, termina por ser la base de la literatura. Esa verosimilitud implacable que logra fraguar Luisa Valenzuela en esta novela y que en últimas teje a través de múltiples planos la incontenible duda: ¿Era Perón en verdad Perón? ¿Era Perón sardo?

En el mundo literario de esta autora argentina la máscara ha jugado un papel central. Por años ha vivido fascinada por las máscaras y carnavales. Por cierto, cuando la conocí iba camino a Barranquilla en la costa Caribe de Colombia, en donde se celebra todos los años un carnaval, que cada día cobra mayor importancia. Ya en aquella ocasión me habló de su colección de máscaras. Por cierto, escribió un libro dedicado a estos enigmáticos objetos titulado: Diario de Máscaras, en dónde recorre con ellos diferentes culturas y nos remite a tradiciones que se pierden en el tiempo.

Ahora bien, fue debido a una máscara que le regaló una estudiante que decidió ir a Cerdeña, donde se encontró no solo con un carnaval asombroso sino una careta con las facciones de Perón, que la dejó perpleja.

No es casual que comenzara la narración de su novela en medio del carnaval de los Mamuthònes e Issohadores con sus máscaras y trajes alucinantes. La festividad se celebra el diecisiete de enero en la villa de Maimoiada, en honor a San Antonio. El carnaval de la Mamuthònes e Issohadores de Cerdeña es más que un rito, termina por a ser una verdadera metamorfosis.

Los hombres se transmutan en Mamuthònes, envueltos en pieles de cabras u ovejas con pesados cencerros de diversos tamaños y máscaras negras. Es un ritual que se lleva a cabo entre mascaras blancas y negras y que nos van conduciendo a una historia primigenia, porque San Antonio es el protector de los animales y el fuego.

También es cierto que bordea la mitología griega, al fin y al cabo, Cerdeña fue parte de la magna Grecia. Y el mito de Prometeo, dios que le regaló el fuego a los hombres, parece estar en las raíces de la misma festividad. Todos los años se construyen gigantescas fogatas que simbolizan entre otras, la purificación y el paso del invierno a la primavera. La Barbagia (que viene de Bárbaro) en donde se lleva a cabo esta fiesta es una región de montañas y pastores y peros selváticos, que también serán parte del relato. No es un azar que la Filonzana sea la narradora con la cual comienza la historia ya que ella a su vez es un personaje del carnaval y la parca que controla con su tijera los hilos de la vida.  Aparece vestida de negro con un huso en una mano y tijeras en la otra. Su máscara es terrorífica porque en cierta forma es inexpresiva. Es costumbre que al final del carnaval, este personaje amenaza a quien la observa. El hecho de que ella se entreteja con la historia de Perón es un augurio de desventura.

En verdad, la novela se inicia entrelazando los últimos días de Perón con los diversos personajes carnavalescos de Cerdeña y asimismo trenza el mito sardo con los hilos de la vida y la historia argentina.

La Máscara Sarda es una novela fabulosa. Y uso el término, fabuloso, no solo por lo bien lograda en todos los sentidos sino por mantenerse al borde de la fábula. 

En la segunda parte de la novela vemos la llegada de Giovanni Piras a las pampas y el comienzo de su vida en el suelo patrio argentino, su amor por Canela su querido perro y cómo se produce su transformación en Juan Domingo Perón, después de la sartiglia. Pero, de nuevo lo fascinante de esta parte de la obra es el manejo del lenguaje. Ese sabor que confiere la palabra justa y que describe con cuidado tanto a los personajes como las faenas de la pampa: “el facón al cinto, los hombres envarados en sus botas de acordeón, talero en mano”. En fin, los términos propios de pampa y las labores del campo, así como lo referente a los caballos y sus aperos.

Sin duda, Luisa Valenzuela sabe indagar tanto lo narrativo como en el lenguaje, y no hay mejor literatura que aquella que se engrana en la realidad, y que la interviene a partir de la investigación.

El capítulo final titulado: Bitácora (A Modo de Introducción Diferida) revela cómo se alimentó esta novela.  El origen incierto de Perón, ya era un mito en Argentina y aun cuando parezca extraño, él mismo lo fomentó. Siempre hubo una sombra sobre su procedencia, una incertidumbre.  Por lo tanto, al descubrir en Cerdeña, este rumor y encontrar artículos de prensa de 1955 refiriéndose a él, a su origen sardo, esta estudiosa no pudo dejar de investigar las sospechas y llegar hasta el fondo de las mismas.

Luisa Valenzuela fue durante muchos años profesora de escritura creativa en la Universidad de Nueva York y conoce como pocos el oficio del escritor. Y en un Ars poetica nos confiesa que había escrito ya muchas novelas y que nunca imaginó que volvería a escribir otra. Pero, como escritora experimentada,cuando se encuentra con los materiales de esta historia comprende que no podía ser sino una novela.

Debo señalar que no es común que los novelistas acompañen sus novelas con una Ars Poética, en otras palabras, una reflexión y explicación de cómo se realizó la investigación que condujo al texto. Y sin embargo, esta explicación que algunos autores consideran poco literaria, en mi opinión es reveladora y  muy valiosa. Más aun, este capítulo final es un documento que debería ser lectura obligatoria para cualquier estudiante interesado en la creación literaria.

Para terminar sólo me resta decir que las fogatas de Maimoiada y las máscaras del carnaval de Cerdeña iluminaron la fértil imaginación de Luisa Valenzuela y con el cuidado que la caracteriza, hiló un texto cuya fina prosa enciende las llamas de la incertidumbre y la duda, que siempre serán vitales para que el arte esté más allá del conocimiento.

* Capítulo del libro El vértigo de la escritura: Jornadas Luisa Valenzuela, compilación de Irene Chikiar de artículos de críticos y escritores, tanto argentinos como del exterior, interesados en obra de Luisa Valenzuela.  

* Fundador de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia y autor de novelas como ‘Migas de pan’ (Alfaguara) y ‘El rumor del Astracán’.