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La Odisea, dioses y diosas

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En la segunda entrega de este repaso por la historia de la literatura en Occidente, presentamos la Odisea, poema atribuido a Homero.

Hace unos días iniciamos un recuento en orden cronológico de las obras literarias que perviven en la historia de la literatura de Occidente. El punto de partida del arqueo se da con la Ilíada. Hoy el turno es para la Odisea, también atribuida a Homero. Sin embargo, con el fin de relacionar y contextualizar las dos obras, similitudes y diferencias, vale la pena recordar quiénes son los dioses y las diosas que intervienen en los legendarios poemas épicos y que se involucran directamente en las respectivas tramas argumentales.

En el artículo anterior hicimos referencia a la Iliada (siglo XVIII a.C.) como una de las fuentes, entre muchas, de la historia de la supuesta guerra de Troya que, de acuerdo con los referentes, tuvo lugar aproximadamente en el año 1200 a.C. La Ilíada narra hechos que ocurrieron cuando el conflicto bélico llevaba nueve años; la Odisea (siglo XVIII a.C.), en cambio, se refiere a los sucesos y pericias acaecidas a Odiseo, uno de los guerreros más importantes del ejército griego, durante su larga travesía de regreso a su patria (Ítaca). Pues bien, esa terrible guerra, que duró diez años, se inició, precisamente, por la discordia causada entre tres divinidades: Hera (esposa de Zeus), diosa de la familia y la agricultura; Atenea (hija de Zeus), diosa de la guerra y de la sabiduría, en unos mitos, y de la cultura y civilización, en otros; Afrodita (nació de a espuma marítima, tras la castración de Urano por parte de Cronos, dios del tiempo y, también, padre de Zeus).

El conflicto entre las tres diosas mencionadas, comenzó luego de que Eris (diosa de la discordia), quien estaba muy molesta por no haber sido invitada al matrimonio de Tetis y Peleo (los padres de Aquiles), coloca una manzana para entregar a la más hermosa de las diosas griegas; Hera, Atenea y Afrodita se disputan el trono de la beldad y, para solucionar la pelea, Zeus nombra a Paris, un mortal, hijo del rey de Troya quien, por efecto de unas predicciones, ha crecido lejos de sus padres e ignorante de su origen noble. Las diosas compiten por las gracias de Paris con el fin de vencer en el singular conflicto, llamado por la tradición mitológica «la manzana de la discordia». Hera le garantiza poder absoluto, si es elegida como la más bella; Atenea, por su parte, le asegura la posibilidad de vencer en todas las batallas; por ultimo, Afrodita logra vencer el concurso de belleza al ofrecerle a la mujer más hermosa del mundo. Esta mujer no es otra que la famosa Helena, casada con Menelao, rey de Esparta y hermano de Agamenón (rey de reyes, griego). Paris secuestra a Helena y es así como inicia el terrible conflicto bélico entre griegos y troyanos que sirvió de inspiración para la producción de grandes obras literarias. En ese sentido, durante la guerra, y aún después, los troyanos (sobre todo Paris) contarán con el apoyo de Afrodita; mientras que los aqueos o griegos (en especial Odiseo) obtendrán las gracias divinas de Atenea. En la Ilíada, la diosa Tetis, madre de Aquiles, le pide a Zeus, su padre, que el ejército griego pierda la batalla, para que quede demostrada la superioridad y poder bélico de su hijo Aquiles. En la Odisea Poseidón causa tempestades para que Odiseo no pueda regresar a su casa porque está enfurecido por el daño que le acusó este a su hijo Polifemo; Circe se enamora de Odiseo y lo retiene durante un tiempo, luego de convertir a sus marineros en cerdos… En fin, la participación de los dioses (Zeus, Atenea, Eolo, Helios, Circe…) es permanente y muy activa en los dos poemas.

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Al igual que la Ilíada, la Odisea inicia en in medias res: comienza con una invocación a la Musa, que será la encargada de iluminar al poeta para poder relatar lo que le ocurrió a Odiseo después de la destrucción de Troya. Él se tarda otros diez años en regresar y entre tanto su esposa Penélope es pretendida por muchos hombres que quieren quedarse con el reino porque dan a Odiseo por muerto. Atenea aboga por el regreso de Odiseo, que lleva muchos años en la isla de la Ninfa Calipso y aconseja al hijo de Odiseo, Telémaco, que busque a su padre. Este convoca a una asamblea para tratar de expulsar a los pretendientes; viaja a Pilos y a Esparta para informarse sobre el destino de su padre. La narración se intercala con el relato de Odiseo en la isla de los Feacios de sus experiencias de los últimos años. Posteriormente logra llegar a su patria, después de varios percances de los que se libra con la ayuda de Atenea. Recupera su trono, mata a los pretendientes y finalmente logra vivir en paz.

A diferencia de la Ilíada, en la que el valor más importante es la gloria militar, en la Odisea prima la familia sobre todo lo demás; la astucia y el engaño están por encima de la fuerza física, situación que se deja ver a lo largo de la narración del poema; la trampa supera a la tentación; el amor por Penélope y por Telémaco son los ejes principales del discurso. Además, el poema presenta un final feliz, al contrario que la Ilíada; las mujeres (diosas y mortales) están más presentes y son activas en la trama argumental ya sea por su capacidad seductora (Circe); por su paciencia (Penélope); por la astucia (Atenea).

Algunos estudios literarios sostienen que la Odisea no pudo ser escrita por el mismo autor de la Ilíada, pero lo cierto es que los dos poemas épicos se han convertido en el punto de partida de la literatura en Occidente y en el referente literario y del pensamiento filosófico de la Antigüedad. En la próxima ocasión haremos referencia a la Teogonía de Hesíodo y mencionaremos algunos ejemplos de poesía lírica griega.

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