“La palabra derrite el afilado puñal de la soberbia” (Parte III)

Acaba de imprimirse en Colombia el libro “Diario de la guerra y la paz. Relatos y poemas de trinchera”, del guerrillero en tránsito a la vida civil Martín Cruz. Última entrega.

Guerrilleras. / Archivo FARC-EP

Invocaba a la imaginación el diario: “Tropas de la Brigada 15 del Ejército Nacional bombardearon el pasado sábado un campamento guerrillero en límites entre el Chocó y Risaralda (jurisdicción de Bagadó), en la vereda Quebrada Monte del Alto Andágeda, donde al parecer resultaron varios guerrilleros muertos, entre ellos, posiblemente, Martín Cruz Vega, de seudónimo "Rubín Morro", Jefe del frente Aurelio Rodríguez de las Farc e integrante del Estado Mayor Central de ese grupo guerrillero”.

Otro más, ascendía con afectos en la descripción: “Morro, uno de los consentidos de Manuel Marulanda, por ser hijo de otro subversivo cofundador de las Farc (...)”. Martín Cruz, o Rubín Morro -Rubín por Rudín, el protagonista de A solas contigo del ruso Mijáilik-; Morro por su padre, guerrillero marquetaliano apodado del mismo modo. El de tez oscura, el mismo locuaz y el versado, que me contaba de Vargas Vila como irreverente, Semilla de la Ira, anti imperialista, ateo, pero demasiado radical, que decía que lo que se fuera a escribir necesitaría un título que tuviera tanto filo como un puñal, pues eso definiría todo. Que conversa conmigo mientras sostengo en mis manos su libro Diario de la Guerra y la Paz con fotografías inéditas.

Un libro para cantarle a la vida, al amor, a la muerte. A la mujer y a su pelo guerrillero, hasta el coxis; símbolo de feminidad, de fuerza, de dominio. Sensual en el río, peinándose. Sensual sobre la cama. A la madre de su primera hija, una mujer guerrillera, la mataron dos meses después de dar a luz. Su partido, sus hijos y su libro los define como su gran obra. Un poeta chino, otro árabe y otro francés quieren traducir su producción a cada idioma, respectivamente. “Soy apenas lo que soy. Todo lo hice calladamente. Siempre, después de los combates, después de operaciones contraguerrilleras, escribir era como un bálsamo. Es en momentos de crisis y soledad, de soledad de espíritu, que podía pasar escribiendo deliciosamente deleitado”.

El anhelo del comandante Martín no es otro que seguir el curso de lo ya avanzado. Quiere hacer una maestría pero quedarse con su poesía libre, no quiere de enredos ni de endecasílabos ni de sonetos. “Me interesa la luna, el cielo, los desamores, el ocaso, la muerte, la alegría y las traiciones. Lo cotidiano”, asegura. Ahora en el tránsito a la vida civil, en época de posacuerdo, cuando han dejado el 100 por ciento de las armas, cuando cree que su movimiento ha cumplido más que el Gobierno, y todavía sin amnistía… Siente que han hecho tanto: “En Filipinas llevan 17 años y han dejado el 50 por ciento de las armas; la reincorporación de la ETA lleva 20 años. Aquí, en Colombia, queremos hacer todo en tan poco tiempo”.

Cuando decretaron el cese al fuego unilateral, Martín siente que fue cuando las FARC-EP hizo dejación de armas. “Un arma sin usar no es un arma”, me aclara. Les estorbaban porque nada hacían con ellas diferente a ordenar al armerillo cuidarlas. No obstante, cosas estructurales del Estado como la doctrina militar -con previo aviso- es todavía un tema de conversación álgido, así como los apetitos políticos y electorales. “El día de la 8a Conferencia Nacional de Guerrilleros en el año 93, en Catatumbo, lo anunciamos: el principal obstáculo para la paz es el paramilitarismo y sigue vigente. Todas las zonas donde estaban las FARC - EP y ya no, son ahora ocupadas por paramilitares. El Estado aún no ha reconocido crímenes que ha cometido y cuando el pueblo sea consciente de eso, conozca, y no sea tan agraviado, habrá otro momento. La paz es una construcción social”.

Él pasa de estar una guerrilla clandestina a pertenecer a un movimiento político y lo que la Dirección de su partido determine es lo que cree hará en adelante. Empero, no descuidará un perfil de escritura asidua ahora que unas puertas se abren ante sí después de cuarenta años de estar militando. Si bien la producción agropecuaria, por ejemplo, es una de las opciones para quienes se reintegran (apicultura, granjas de corral, lecheras, frigoríficos); este, como cualquier otro mortal, hará de su vida un arado de otra ralea. La guerra los laceró y ¿cómo inventarse una vida cada vez, cada tanto?

El verso y prosa de Martín Cruz o Rubín Morro

Mi prosa huele a tierra removida a tronco sin ramas y sin vida. A piedras arrancadas al azar, a helechos marchitos. A espinas aceradas como espada de Aquiles. Mi poesía huele a río, a despeñaderos y cascadas. Mi prosa huele a pantano y agua reventada al paso del guerrero. Mi poesía, tiene el brillo de la noche y la oscuridad del día. Es metralla y pólvora. Mi poesía contiene ideas, futuro y vida. Mi prosa tiene el fino canto del gorrión. El ahogado llanto del niño. El llanto del hombre en la tristeza. Las dulces lágrimas del amante. De ella que entregó su corazón. Mi prosa tiene quimeras, muerte y vida. El susurro divino de la soledad. Mi canto tiene la danza de las palmeras. Lleva en su garganta el eco suspendido en la trinchera. Mi poema tiene la desesperanza de condena. La libertad del espíritu. La conciencia y la razón, censuradas por el imperio. Mi poema tiene amor desenfrenado. Tiene color a sangre rojo como el áureo oriente. Mi prosa tiene filo, suspicacia mordaz y elocuencia. Tienen la sensación de un verso inconcluso. Tiene la pureza del primer encuentro amoroso. Pero tiene también la sabiduría del amante nocturno. De la mujer de labios saturados de fresa y néctar de la mejor flor. Mi prosa es fuego y aguas mansas. Es mar apacible y tormenta viva. Es orgasmo y llanto triste. Es melodía y canto sordo. Mi prosa es rebeldía. Imaginación creadora de guerrillero en la contienda. Mi prosa soy yo en harapos, ojos vivos y cuencas vacías. Así es mi escritura.

 

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