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La tragedia griega: la pasión por encima de la razón (Clásicos)

"Medea" de Eurípides; "Edipo rey" y "Antígona" de Sófocles, son algunas de las tragedias griegas que demostraron el valor del héroe con su destino y los escenarios en que los seres humanos se enfrentan a los límites de su condición al situar sus pasiones por encima de las leyes y el raciocinio.

Cortesía

A partir de Aristóteles, entenderemos como tragedia la imitación de una acción que lleva consigo elementos primordiales como el temor o la compasión los cuales se expresan mediante versos y en otras ocasiones, mediante canto. Según el filósofo griego y su estudio sobre la tragedia en La poética, debemos tener en cuenta elementos como la melopeya que significa un sentido claro de la tragedia y de la elocución como composición de versos. Los otros cuatro elementos que constituyen a la tragedia son: la fábula: entendida como el fin y el alma de la tragedia ya que ésta ayuda a la estructuración de los hechos por medio de las peripecias y las agniciones; los caracteres que, sin ser necesarios para que haya tragedia, se usan más que todo para revestir los hechos; el pensamiento: este juega un papel primordial en la medida en que este predica lo que está implicado en la acción; Y el último es el espectáculo, parte que no constituye necesariamente la esencia de la tragedia, pero que le brinda un rasgo distintito y decorativo a la narración.

Tres fueron los escritores que, por antonomasia, se destacaron en la tragedia griega, un género literario que puede llegar a ser considerado de los más antiguos en la historia del arte. Sófocles, Eurípides y Esquilo. Las obras de Electra, Edipo Rey, Antígona, Medea, Las troyanas, La orestiada o Prometeo encadenado son algunas de las tragedias que más se recuerdan de estos autores pertenecientes a la antigua Grecia,

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“El consuelo metafísico - que, como yo insinúo ya aquí, deja en nosotros toda verdadera tragedia - de que en el fondo de las cosas, y pese a toda la mudanza de las apariencias, la vida es indestructiblemente poderosa y placentera, ese consuelo aparece con corpórea evidencia como coro de sátiros, como coro de seres naturales que, por así decirlo, viven inextinguiblemente por detrás de toda civilización y que, a pesar de todo el cambio de las generaciones y de la historia de los pueblos, permanecen eternamente los mismos”, afirmaba Friedrich Nietzsche en El origen de la tragedia.

La tragedia griega no toma partido o postura en sus narrativas. Ella solamente expone las cuestiones morales y religiosas que determinaban la vida del ser humano, o que siguen determinando las voluntades de los individuos. La venganza, el engaño, la ira, la envidia, la desesperanza y el coraje son pasiones que se ven representadas en dioses, semidioses y héroes trágicos que se enfrentan a destinos irrevocables, provocando un enfrentamiento a los límites de su ética.

En Edipo Rey y Antígona, tragedias escritas por Sófocles y que se conectan por medio de Edipo, el rey de Tebas que mata accidentalmente a su padre y que se casa con su madre, se exponen nociones de duelo, justicia, perdón y destino.  Enfrentarse a una predicción, quitarse los ojos y asumir el exilio fueron los actos que asumió Edipo. Sus hijas, Antígona e Ismene, sufren la herencia de una familia condenada a la tragedia. Antígona decide acompañar a su padre en el destierro, mientras en Tebas su familia pierde el poder y el regreso implica un duelo que desafía las leyes de su territorio. La justicia de Tebas, que había caído en manos de Creón, hermano de Edipo, está sujeta a un destino que también estaba escrito, a un perdón permeado por la fatalidad y por la desesperanza de ser los protagonistas de un derrumbamiento moral.

En Medea, tragedia escrita por Eurípides, el dilema está centrado en el sentimiento de venganza hacía Jasón que, debido a su traición, desató la furia del personaje central y provocó un destino fatal el cual es propio del género en mención. Además de ello, el carácter de un personaje en la tragedia, se encuentra perfectamente en Medea dado que nunca baja la guardia ante su obrar y siempre se encuentra decidida a cometer la venganza en contra de su familia, aun cuando esta acción requiere del coraje propio del héroe griego.

Ahora, si tomamos a Jasón como eje central de la tragedia, veríamos que la obra pasaría a ser una tragedia compuesta, dado que su decisión de casarse con la hija de Creonte y abandonar a Medea la hizo inconscientemente en la medida en que no sabía lo que esto iba a causar y cómo en su vida se hallaría uno de los elementos que Aristóteles menciona en la tragedia compuesta, y es la peripecia que se entiende como el paso del fortunio al infortunio. Así, vemos como Jasón es el personaje sobre quién recae la acción y la fatalidad de la tragedia en vista de que su decisión de haber traicionado a Medea causó la muerte de sus hijos, su esposa y también el destierro de Medea por parte de Creonte. De ese modo, la desdicha se hace cargo de Jasón tras quedar sin la compañía de su familia.

En estas tragedias se encuentran varios problemas que marcaron un papel importante en la historia de la literatura. La venganza en Medea hacía Jasón, el héroe que enfrenta su destino trágico, la exaltación de las pasiones, la justicia deambulando en la moral y el duelo como símbolo de la fatalidad inherente de nuestra condición son algunos de los símbolos que deja la literatura antigua en manos de la tragedia, de los elementos dionisiacos que resaltaba Nietzsche en el estudio del género. La imposición de la pasión por encima de la razón en el ser humano es el postulado que marca la antigua Grecia por medio de sus personajes, de los consejos de los coros y de las predicciones de los oráculos. La presentación de este escenario representa un hito para la tragedia y, en general, para la literatura en el sentido que devela la diferencia en ese entonces del ser humano tras mostrarse débil ante sus afecciones con la templanza y la racionalidad que caracteriza a los dioses de la mitología griega. Desnudar el lado pasional del ser humano, que llevado a sus extremos pierde todo sentido de la razón, fue un acierto que este género demostró sin que sus personajes fueran defensores y oradores, sin que sus narradores inclinaran la balanza a lo bueno y lo malo. Mantenerse al margen de los dilemas éticos bajo los conceptos de los correcto e incorrecto hizo que la tragedia, en sus versos y cantos, se convirtiera en un relato necesario para la comprensión de la naturaleza humana desde sus inicios.

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

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