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hace 11 horas
Con fecha de boda intacta

La vida (en pareja) como la conocemos en medio de la pandemia

Hace una semana, la autora relató su experiencia de periodista estudiante aislada en su casa en España por el coronavirus. Ahora cuenta cómo otras jóvenes como ella en Europa, también siguen a la expectativa de sus sueños. Solo que Hanna, colombiana, está en la cuenta regresiva de su matrimonio.

Hanna y Davide. /Archivo particular

La ventaja de la ficción sobre la realidad es que crea un ambiente donde todo es posible, donde aquello que imaginamos sucede, se materializa, cobra vida. La ventaja de la realidad es que siempre supera a la ficción. La prueba es todo lo que sucede hoy y nunca pasó por nuestras mentes. Escribí contando mi experiencia en España en esta dolorosa cuarentena y de inmediato recibí mensajes de personas que, como yo, están lejos de casa. Como Hanna, colombiana en París (Francia) que me contó de ella y su prometido en Cagliari (Italia). Así como el coronavirus tiene en jaque al mundo, a ellos los puso a la espera de que algún día puedan volver a verse.

Hasta hace algunos meses realizaban con entusiasmo los preparativos de su boda. La última vez que estuvieron juntos, se despidieron en Italia. Ahora, a través de una videollamada ella me cuenta los pormenores de su historia. La relata con detalle y en la imagen se ve su sonrisa ilusionada. Oyéndola quedo convencida de que, en estos días de aislamiento, recordar lo que nos hace felices levanta el ánimo ante la adversidad. Aunque sus días no han sido fáciles, y el encierro y la soledad alimentan sus dudas y sus miedos, son los mismos que nos acechan a todos. Ella también logra evadir la tristeza, y se aferra a la confianza de que “todo pasa”, y que esto que hoy los distancia también pasará.

(Lea también: En las noches, desde mi balcón en Madrid (España))

Tenían planeado verse en breve en París, donde reside ella hoy por temas de estudio. Inicialmente iban a celebrar el cumpleaños de Hanna. Pero como en la vida las cosas cambian sin advertirlo, lo que pensaban como un momento íntimo, ahora se ha convertido en la misma videollamada que recibo, pero llena de nostalgia. Aun así, entre las dificultades, a pesar de las medidas extremas de la cuarentena en Cagliari, él se dio la forma de enviarle una carta con un obsequio: un tapabocas y un antibacterial. En cualquier momento sería extraña la presencia de estos artículos en un regalo, pero ahora, como ella lo recalca, “enviar un antibacterial es un detalle muy romántico”.

Hanna es licenciada en lenguas extranjeras y él es teólogo. Se conocieron seis años atrás, en Madrid (España) durante un encuentro de jóvenes. Pero solo fue hasta que ella en Bogotá (Colombia) pasó por una cirugía algo compleja, que se acercaron el uno al otro. Fue desde la distancia, entre llamadas y mensajes, al fin descubrieron que lo que parecía un imposible, que querían acompañarse al menos durante una travesía. Un tiempo ella en Colombia y él en Italia, luego en Estados Unidos, en Israel y ahora en París. La distancia ahora es su mayor fortaleza y aunque la han vivido y superado antes, las otras veces tenían a su favor una cuenta regresiva. Esta vez no es la ocasión.

¿Quieres casarte conmigo?

En agosto de 2019, luego de un viaje a Israel, ambos sintieron que era el momento de dar el siguiente paso: casarse. Por un tiempo lo mantuvieron en secreto. Ella estaba a punto de mudarse a París, todo cambiaba y esperaban organizarse un poco para darle la gran noticia a sus familias. Para Davide era muy importante que el anillo con el que debía formalizar la pedida de matrimonio de Hanna, fuese colombiano. Así fue como “un amigo, de otro amigo y otro amigo” se encargaron de comprarlo, empacarlo y enviarlo. Según lo planeado, el anillo debía llegar a Italia en diciembre, justo días antes de año nuevo.

En ese tránsito, Hanna viajó a casa de los padres de su novio, para pasar Nochebuena. “Todos los días él bajaba a revisar el buzón y regresaba con las manos vacías”, recuerda, aunque en ese momento ella ignoraba por completo lo que sucedía a su alrededor. No sabía qué era lo que él tanto esperaba en el correo. En ese momento, para ella, la opción del anillo no era más que un símbolo y no le daba mayor importancia, así que, sin su entrega, ni siquiera una pedida formal de Davide a Hanna, ambos decidieron contar el secreto a sus padres. En el mes de enero las dos familias ya estaban al tanto de la decisión que habían tomado sus hijos.

El 13 de febrero de 2020, como de costumbre, Davide revisó el buzón, y luego de que el anillo viajara por toda Italia y quedara atrapado en una empresa de envíos, al fin llegó. Como en las películas de amor, el día de San Valentín fue el elegido para regalarles ese momento. Él la invitó a cenar, ordenaron la comida y luego de una larga espera descubrieron que el mesero había olvidado su pedido. “Él se puso furioso”, cuenta Hanna. Así que improvisando y valiéndose de la maravillosa arquitectura de la Isla de Cerdeña, caminando por un castillo, él tocó su hombro y cuando ella giró, él se puso de rodillas esperando el sí.

Ahora, aislados en Francia e Italia, para que ninguno se pierda un momento importante en la vida del otro decidieron hacer un libro a manera de diario. Lo llenan todos los días sin nada específico, letras o pensamientos entre lo cotidiano y lo de siempre, lo que se nos escapa o lo que ignoramos. Le pregunto qué hará cuando todo termine. Sin pensarlo un segundo responde: “tomar un avión y no volverme separar de él”. Extraña todo de Davide, su presencia, sus abrazos. Evoca canciones, momentos, historias. Por estos días los une “cuando nos volvamos a encontrar” de Carlos Vives. Les da ilusión y la posibilidad de imaginar cómo será volver a verse.

En octubre de este año, las dos familias tenían previsto reunirse para celebrar la unión. Además, Hanna quiere que su vestido sea confeccionado en Colombia y una diseñadora en Bogotá está encargada de hacer su sueño realidad. “Hemos pasado por todos los desafíos, la distancia, los paros, las pérdidas de aviones, pero lejos de imaginar una pandemia”, dice Hanna. No hay día en que no se llamen. Cada uno está pendiente del otro. Ambos oran cada noche antes de dormir para que sea un día menos, y ésta, apenas, una dificultad más por sortear. Tienen la fe de volver a estar juntos y de que no tendrán que cambiar la fecha de su boda.

La llamada concluye con otras historias y riéndonos de la manera en que la vida nos sorprende. ¿Y qué nos queda? Según la Real Academia Española, esperar, que significa tener esperanza de conseguir lo que se desea. Creer en lo que ha de suceder algoPermanecer en el sitio en donde se presume que ha de ocurrir algo. En el fondo, es una espera bonita, pues está llena de ilusión, de saber que una vez afuera, los días serán especiales, de unión, de abrazos, de cumpleaños no festejados, de reuniones aplazadas y de besos a la espera de ser dados. Será como escuchar la canción que tanto nos gusta en un día soleado.

El día que Hanna y Davide se encuentren, con certeza ese día ganaremos todos, porque el amor de unos y el reencuentro de otros, serán un motivo de celebración para todos. Quizá no vuelva la vida como hoy la conocemos y al reencontrarnos a nosotros mismos, al salir, seamos personas distintas. Pero todo eso, sin duda, es bueno. Ha de tener el alma muy dura quien no cambie, cuando el mundo entero ya lo está haciendo.

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2020-04-07T15:30:53-05:00

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2020-04-19T17:09:31-05:00

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Paula Quintero. /Especial para El Espectador

Cultura

La vida (en pareja) como la conocemos en medio de la pandemia

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