La voz poética de Eduardo López Jaramillo

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Entrevista con Giovanny Enrique Gómez Gil editor de "Noche de cada noche" un libro que reúne los versos del poeta colombiano Eduardo López Jaramillo.

La lectura de la obra de los poetas colombianos de provincia suele estar signada por dos actitudes perjudiciales: la condescendencia o la exaltación hiperbólica. En los últimos años, en la región antes conocida como el Gran Caldas o como el Eje Cafetero, el interés académico por el trabajo lírico de los autores locales ha permitido redescubrir voces rescatables: Carmelina Soto, Luis Fernando Mejía y Eduardo López Jaramillo. Con ocasión de un libro que reúne los versos del último entrevisté al poeta y director del Festival Luna de Locos Giovanny Enrique Gómez Gil, encargado de la publicación.

Después de trabajar en el volumen Noche de Cada Noche, del pereirano Eduardo López Jaramillo, ¿cuáles son, en su opinión, las búsquedas estéticas más palpables en los versos del poeta?

En la suma poética Noche de Cada Noche se puede dar cuenta el lector de la preocupación del autor por el lenguaje, sus posibilidades, su capacidad de sugerencia y su relación con el espacio en blanco como un silencio figurado. Desde las temáticas que se desarrollan en este trabajo de escritura hay una dedicación en señalarnos la fragilidad y el poder del instante, de la belleza como realización y búsqueda, una fijación y extrañamiento desde donde se explica el deseo.

¿De qué tradición poética se nutre la obra de López Jaramillo?

La cultura de Eduardo López Jaramillo siendo tan amplia, diversa y de gran profundidad desde la historia, la música, la pintura y la literatura establece una relación muy especial en la poesía con sus lecturas de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Octavio Paz, T. S. Eliot, pasando por autores de su interés como Baudelaire, Rimbaud, a otros que tradujo: Apollinaire, Cavafis, Pound.

Eduardo López cultivó varios géneros literarios: la novela, el ensayo, la poesía. ¿Qué tipo de escritor fue?

A Eduardo López Jaramillo lo recuerdo como un hombre exigente consigo mismo, alguien muy interesado en la historia del hombre. Para mí era un vitalista. También un escéptico, alguien a quién uno necesitaba preguntarle sobre todas las cosas.En el tiempo que lo conocí fui testigo de cómo re-escribía sus traducciones de Cavafis, de cuánto apreciaba la música de Bach. También supe de la adaptación al teatro de un texto de García Lorca "El público", de las primeras páginas de su novela sobre Sade y también de su lectura crítica de la obra de García Márquez como de la poesía colombiana.
Eduardo fue un gran escritor, y sin embargo es incompleto el recuerdo sin mencionar su labor como gestor cultural desde la Sociedad de Amigos del Arte, de su papel como editor de la revista “Pereira Cultural" y de colecciones literarias. Dirigió el programa radial "Sólo a dos voces".
Gracias a Humberto Bustamante y Mauricio Ramírez fue una persona muy importante en mi formación. Quizás por eso siento que su ejemplo por descubrir una forma profunda de relacionarse con la literatura y fijar en sus alcances todo el esfuerzo necesario son una huella que dejó en las personas que le conocimos. Lo considero una persona cercana a mi vida.

Fuera del Gran Caldas el trabajo lírico de López Jaramillo es poco conocido. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Estamos ante otro caso de centralismo que ignora las voces de la periferia?

Eduardo López Jaramillo es de los pocos autores que ha tenido re-edición de sus libros en el ámbito local y conserva una presencia muy importante para quien quiere hablar de literatura en esta parte del país. El escaso conocimiento de su obra es producto de la poca atención que nos damos los creadores latinoamericanos a nosotros mismos. Sobre Eduardo y sobre muchos otros autores queda una lectura juiciosa por hacer no para fijar su lugar en el panteón de nuestra literatura sino para apreciar cuánto de su visión nos ayuda a comprender el presente.

¿Qué poema de Eduardo recuerda con especial cariño y por qué?

Las grabaciones de Eduardo leyendo sus poemas aportan no sólo la manera en que el autor sentía su creación literaria sino una manera de comunicarla que permitía descubrir énfasis, intenciones muy particulares que a veces ante la lectura individual resultaban invisibles por la atención desprevenida.

Cuando lo conocí me impresionó la lectura de su poema Envío, sin embargo hay un poema que me produce emoción al escucharlo en la voz del historiador Jaime Ochoa, se trata de Carta en prosa, quizás en la manera como estos versos atrapan una imagen de nuestra ciudad, un momento fugaz y perdurable:

Carta en Prosa

A Liliana Herrera

Entre mis ojos he tenido tu imagen
bañada de naturaleza. Los melódicos
grillos, las intermitentes luciérnagas,
son pura fosforescencia en las letras
con que escribes cascada o agua fría.
Sin este cansancio por la Antigüedad,
cuando mencionas el vino, la vegetación,
te imaginaría en un bosque de Tracia,
hipnotizada tras el tamboril de Dionisos.

Aquí, en la aldea, juega un maduro sol
con el cemento. En la plaza ya hay mangos
y en el zoológico nació ayer un oso gris.

Lo demás es lo mismo: rostros, demoliciones,
los milagros que puede hacer un blue-jeans
o una camisa a rayas, cuando cruzan la esquina.
Fatigando las aulas con mis guantes de tiza,
intento repetir lo que han dicho otras voces
aunque parezca siempre ser la primera vez.

Devano el laberinto de traducir al viejo
poeta alejandrino. Aún no arribo al espejo
que vio el hermoso cuerpo del mancebo,
pero seguramente te lo enviaré en romance.
Escribe con frecuencia, que aspiro entre
tus páginas aroma de altos árboles.
Fue muy bella la noche del sábado en mi cuarto
y lamenté de pronto tu previa invitación. –“Chénier”,
me dices. No sé, tal vez. Quizá en lo tímido. 

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