Leila Guerriero: “Lo único que tiene un periodista es el nombre”

La cronista argentina estuvo en el Hay festival de Cartagena. Aquí,  en entrevista para El Espectador, habla  sobre el papel del periodista en la actualidad, sobre la responsabilidad de escribir y el secreto de la observación.

Leila Guerriero: "Puedes escribir muy bien, pero si no tienes un ojo clínico para dar un contenido sólido no haces nada". Cortesía Fnpi

Hoy, en lo que menos confía la gente es en los medios de comunicación. También se habla de que son muchos los periodistas que se han puesto al servicio del Estado o de la empresa privada, recibiendo dinero para hundir una campaña, un producto o a alguien…

Terrible, porque lo único que tiene un periodista es el nombre. Quienes deciden poner su pluma o voz al servicio de alguna institución, o a favor de algo, corren un riesgo enorme, van por un camino peligroso. Los gobiernos cambian, sus dinámicas también y muy probablemente lo que hoy te convenía, mañana no. Vender la libertad del pensamiento por dinero o por ideología no es la labor de un periodista. Es un camino muy peligroso. Creo que esa línea nada fina entre la opinión y la propaganda no debería cruzarse nunca.

¿Cómo cambiamos ese discurso colectivo de que ya no se puede creer en ningún medio?

Ese discurso de que ya no se pude creer en ningún medio ni en nadie, creo que es un lugar común instalado por algunos gobiernos que quieren hacer ver que el periodismo es una especie de gran peligro social, cuando es todo lo contrario, es una de las fuerzas mas grandes que tiene una democracia para preservarse. Para contrarrestar ese ataque de los poderosos, lo que se debe hacer es buen periodismo, tener datos chequeados, porque si vamos a criticar el poder no podemos hacerlo de manera arbitraria. No puedo sesgarme, sólo porque un presidente me cae mal o un ministro no me gusta. Debo tener datos concretos. Si tu discurso periodístico está basado solamente en una fuente alta del gobierno o únicamente en un empresario de gran prestigio, yo creo que estás en graves problemas. Se puede tener uno encubierto en el anonimato, pero cuando ese uno es todo, perdiste el norte.

Se habla de la necesidad de reinventar la forma de hacer periodismo…

Bueno, yo sí creo que tenemos que hacer periodismo a la vieja usanza, obteniendo fuentes confiables, con nombre y apellido, con datos precisos y escribiendo e informando a partir de eso, sin mirar la realidad por el ojo de la cerradura de tu propio prejuicio, si no describiendo la realidad como es. Volver a las fuentes del oficio, recordar por qué era que hacíamos esto, cuál era el objetivo de opinar, de decir, de escribir. Si era para levantar el dedo histéricamente en contra de alguien o porque ese alguien no nos gusta; si era para ungir de alabanzas a alguien que nos encanta, o si es para llevarle a la gente una mirada distinta sobre el mundo. Un periodista es un vehículo que decodifica una realidad muy compleja, la pasa a través de su mirada y la devuelve. Es decir, no tengo la formula mágica pero de alguna manera es volver a la fuente.

Usted siempre habla de la mirada que debe tener un periodista. Un texto suyo también dice que “la crónica es el reino de la mirada”. Pero cómo se desarrolla la observación, aprender a mirar y enfocarse en los detalles minuciosos es de lo más difícil

Si un periodista no tiene mirada no tiene nada. Puedes escribir muy bien, pero si no tienes un ojo clínico para dar un contenido sólido no haces nada. Yo intento retratar a mis personajes de una manera monolítica y eso lo vas aprendiendo con los años. A mí me ha resultado muy útil la figura del editor como maestro, alguien que te lee un texto y te dice: Está bien pero se nota que el tema te aburre, está bien pero es que esto ya lo dijeron antes… ese pero se va internalizando de a poco y después lo tenés como pajarito que te dice: estás mirando correcto o estás mirando como todo el mundo. Bucear por debajo no es algo que se puede hacer cuando empezás a trabajar en periodismo. La mirada es como un músculo, se va adquiriendo. Por supuesto y definitivamente hay que leer a los maestros, en mi caso Juan Villoro, Martín Caparrós, ellos fueron un referente de cómo mirar la realidad.

Cómo logra esas frases tan potentes en los inicios de sus textos. Recuerdo, por ejemplo, el perfil que le hizo a Nicanor Parra, a propósito de su reciente fallecimiento, usted comienza así: Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento…

Bueno, la dinámica es muy diversa. A veces cuesta, lo cierto es que no me siento a escribir hasta que no tengo el arranque. El principio es necesario, no puede ser un adorno.

¿Como lectora qué busca en un texto?

Digamos, cuando me acerco como lectora silvestre, espero que me deje en suspensión, que me meta en un mundo sublime.

¿Qué autores la han dejado así?

Hay muchos. De ficción y de no ficción. Me encanta Lorrie Moore, una autora de ficción norteamericana, leí todo lo de ella, es genial. También me gustan John Irving, Richard Ford; mucha literatura norteamericana, Capote, Cheever…

¿Para que sirve el periodismo y la literatura?

En mi caso personal, la literatura me ha hecho vivir cosas antes de vivirlas, me ha hecho enamorarme, antes de saber lo que era enamorarme, me ha permitido conocer cosas de los hombres, las mujeres y los niños, a las que quizás jamás en la vida vaya a estar expuesta. Y el periodismo creo que lo mismo, pues, cuando está bien hecho, nos hace ver las cosas como son, nos acerca a realidades de la vida.

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Karina Medina Pino

Cultura

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