Elogio de una esquina cualquiera

Fachadas bogotanas es el retrato de dos ciudades: una visible y una íntima.

Una cartografía de Bogotá que se vuelve geografía personal a través de la mirada. Un ejercicio de dibujo diario que se transformó en la idea de un libro. Un libro que dio a luz una editorial nueva: Milserifas.

Lizeth León, periodista y filósofa, “fachadista y boleróloga” —como se describe en su página web, cucharitadepalo.co—, se aventura a ilustrar con rotuladores de acuarela algunos rinconcitos de Bogotá. Y a sazonarlos con pequeñas píldoras: historias cortas, recuerdos, citas, testimonios de ciudadanos y hasta un haiku. Como dijo Eduardo Arias sobre el libro: “No son las fachadas de la Bogotá bonita entre comillas. Es la Bogotá bonita sin comillas: la que incluye el barrio Galán, el barrio Primavera, Pasquilla, etc.”.

A pesar de ser dibujante aficionada, Lizeth decidió “disciplinar la afición” para escribir e ilustrar Fachadas bogotanas. Cada día, durante cuatro meses, se propuso dibujar una fachada diferente de todas las localidades de la ciudad. “Sentía que había una carencia de referentes en torno a Bogotá”, dijo Lizeth en el lanzamiento del libro. “Hablábamos de ella desde los estereotipos. Me interesaba una vuelta hacia lo local, más allá de la Bogotá cachaca”, aunque admite que su papá es cachaco. Esa “vuelta hacia lo local” la hizo elegir lugares recónditos y esquinas aleatorias, nunca los edificios más turísticos ni reconocidos. Aquí no encontrarán el Palacio de Justicia, ni la Hacienda Santa Bárbara, ni la Iglesia de las Nieves. Aquí están las casas pequeñas, los patios olvidados, los postes de luz en las esquinas menos transitadas.

El libro articula una nueva “carta de guía”, un mapa de navegación por Bogotá desde aquello que muchas veces escapa a la mirada distraída de los peatones. De hecho, una de las solapas es un mapa de la ciudad “al derecho”: con el norte en el norte y el sur en el sur, y no el oriente que creemos norte y el norte que creemos occidente.

La Bogotá de Lizeth no tiene 20 localidades, sino seis: la isla, el vecindario, el Dorado, la hacienda, el río, el campo y la periferia. Todas son etapas de su viaje a través de sí misma y de la ciudad: desde su pequeña isla, el Centro, donde nació y creció, pasando por el descubrimiento de la casa donde vivía su madre, inmigrante tolimense, de soltera, hacia una periferia poco explorada. “Bogotá es un archipiélago sin mar”, dice Lizeth en el primer capítulo; una sucesión de barrios desordenados, “islas dentro de otra isla”. La invitación del proyecto es a desbordar esas islas, salir y ver lo que hay afuera. Como sentencia Fredy Ordóñez, el editor, en la “Presentación”: “Bogotá está ahí, para quien quiera verla”.

Como todo recorrido por la ciudad, Fachadas bogotanas también tuvo sus trancones. El proyecto fue financiado mediante una campaña de crowdfunding, en la que 306 lectores hicieron donaciones para su publicación. En agosto de 2015, Lizeth publicó su viacrucis en El Espectador: Bancolombia se negaba a desembolsar el dinero recaudado a través de la plataforma Indiegogo; después de semanas de papeleo, una pequeña revuelta en redes sociales y mucha voluntad, Lizeth recibió las donaciones y ahora, casi cinco meses después, el libro está impreso y circulando. Los rotuladores Touch con efecto acuarela, las redes y esta Bogotá revisitada pudieron más que la burocracia.

*Este artículo fue publicado en la revista Directo Bogotá, de la Pontificia Universidad Javeriana

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