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Se dice río

Agua.

Las poesías están en español, inglés y su lengua original. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Quebrada, riachuelo.

River, rivière, riyo.

Agua es agua que corre y lleva vida a su paso.

Nace en el páramo, allá en los picos más altos de la montaña. Baja en medio de curvas, árboles y prados, danzando entre las figuras de la naturaleza y convirtiéndose en la silueta que une y divide territorios. Se mueve a su ritmo, según la inclinación de la caída, si quiere a la velocidad del viento, de un delfín, un pato o un leopardo. Y, si se atreve, baja tan rápido que se lleva todo a su paso.

Puede ser el Amazonas, el Cauca o el Magdalena; el Ganges, el Nilo o el Sena. Puede encontrarse con el mar o convertirse en otro de sus semejantes. Pero no está tan lejos como se piensa, sino que pasa por su ciudad, va paralelo a la autopista o hasta es su vecino.

No se dice caño, se dice río.

RÍO.

Es mayor que quien escribe y quien lee. Han pasado tantas vidas por su vida y tantos seres por sus aguas que en su andar carga la experiencia de cuarenta y ocho millones de colombianos que hay vivos y los millones de millones que ya fallecieron.

A ese río que le arrojan basura y le echan mercurio. Ese cauce vivo que canalizan, embalsan, represan y liberan. Aquel al que los indígenas rinden culto, los empresarios miran con ambición y los ambientalistas con preocupación, le escribieron un libro.

Oír ese río. A “ese” le puede poner el nombre del que tenga más cercano.

Poesía de los cinco continentes para leer y escuchar lo que el río grita. Poesía en alemán, árabe, esloveno, español, francés, inglés, italiano... Todo dedicado al osado que atraviesa mundos, une culturas, delimita fronteras y marca territorios.

Robert Max Steenkist es su coeditor. Se dedica a la poesía y a ser maestro. Le duele el agua, siente el río. Una vez navegó el Magdalena por veinte días para conectarse con la naturaleza, esa a la que ahora le escribe para que la escuche la gente. Este literato de la Universidad de los Andes unió a más de cien autores para que le escribieran al río, a su río, pero.

“Me piden que hable de un

río, de mi río. Pero yo

no tengo un río.

Nadie tiene un río.

¿Qué objeto es un río,

y cómo se guarda

o se cultiva para haberlo?….”.

Para Steenkist, el río es uno de los elementos más olvidados entre los ambientalistas. Está en el paisaje, está ahí, se cruza y se ve todos los días, pero ¿quién lo escucha? Él quiso ser el líder de una causa de la naturaleza de la que pocos hablaban. De ahí sale Oír ese río.

RÍO.

Ese es su nombre, a él le escriben, él quiere ser escuchado.

No es el caño para los desechos humanos. Es vida para la naturaleza y se le dice río.

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