Tras el oscuro legado de Silvia Gette

A propósito del lanzamiento de ‘Gette, la herencia maldita’ del periodista Felipe Romero, El Espectador reproduce un capítulo del libro, que pone al descubierto el poder y la influencia de quien estuviera al frente de la Universidad Autónoma del Caribe.

El can can de la rosa

Un año y ocho meses antes de que “Don Antonio” y “Chiqui” se encontraran en los pasillos de los juzgados de Barranquilla. El panorama para el exjefe del frente José Pablo Díaz parecía algo esperanzador. “Don Antonio” se encontraba a un año de cumplir su condena y de paso recobrar su libertad, según los designios de la Ley de Justicia y Paz a la que fue postulado por el Gobierno Nacional, a cambio de decir la verdad sobre sus atroces crímenes.

Su suerte ahora estaba en manos de la fiscal Quinta de la Unidad de Falsos Testigos, Marta Cetina, que de hallarlo culpable de haber mentido en sus declaraciones sobre quién habría sido la persona que solicitó la muerte del ganadero Cepeda, lo condenaría a perder los beneficios otorgados y exponerse a pagar cuarenta años de prisión.

A comienzos del 2013 poco se le veía por los pasillos del patio Ere Tres de la cárcel La Picota de Bogotá. Prefería pasar más tiempo en su celda. La fiscal Décima de la Unidad de Derechos Humanos, Ana María Reyes, lo tenía, junto a la fiscal Marta Cetina, contra las cuerdas.

Estaba acorralado, reducido, impotente, sumergido en un mar de pensamientos tormentosos. Sin embargo, en pocos días, precisamente desde la calurosa capital del Atlántico, vendría una luz de esperanza para el exjefe paramilitar. Llegaría de las manos del abogado Arcadio Tobías Martínez Pumarejo, quien para la época se había convertido en un emisario de Silvia Gette.

A Arcadio, un frustrado acordeonista, quien alguna vez en su vida quiso seguir los pasos de su abuelo, el desaparecido compositor vallenato Tobías Pumarejo, la vida prefirió ponerlo en el camino de las leyes, en vez del arte de hacer música. Todo comenzó muy joven cuando dejó la ciudad de Valledupar, para radicarse en Barranquilla, allá su vida cambió para siempre. Una mala jugada del destino lo convirtió muy temprano en el responsable de quitarle la vida a un compañero de barrio. Al futuro abogado que recién había cumplido la mayoría de edad y según quedó registrado en la investigación judicial que se adelantó para ese entonces, se le había disparado accidentalmente un arma que manipulaba matando a su amigo.

Tal vez este era un anuncio oscuro de lo que se vendría para él años después. Una vez solucionado el tema con la justicia, Arcadio salió del país rumbo a la ciudad de Nueva York; la decisión fue de sus padres como una medida preventiva pues temían que la familia del difunto fuera a cobrar venganza. Los años que Arcadio permaneció en Estados Unidos fueron decisivos para maquinar en su mente un afán incontrolable de hacer dinero.

Regresó a Barranquilla para convertirse en abogado al tiempo que manejaba su propio negocio, una especie de frigorífico, según cuentan los vecinos del sector, en el que precisamente el negocio no era solo la venta de pollos. El joven empresario y estudiante de Derecho, según declaraciones de varios narcotraficantes, extraditados a los Estados Unidos, también se dedicaba, presuntamente, al lavado de miles de dólares producto del negocio de las drogas.

El testimonio más fiel que enreda a Arcadio Martínez con el mundo de la mafia, lo entregó Félix Antonio Chitiva, alias “La Mica”, a las autoridades norteamericanas en el 2001 y posteriormente en una entrevista, el 12 de agosto de 2013, a la emisora W Radio en la que “La Mica” señala a Arcadio, presuntamente, de pertenecer a una red de narcotráfico que enviaba droga a los Estados Unidos.

“Arcadio era el que diseñaba y ejecutaba las estrategias para llevar a Colombia la plata producto del narcotráfico”, declaró el narcotraficante. Alias “La Mica” le dijo a la W Radio que para el año 1997 una persona no identificada es quien lo pone en contacto con Arcadio Martínez. “Me lo recomiendan, que él tiene cómo comprar mercancía, algunos kilos de coca. Yo le entrego 20 kilos. Él me paga. Hicimos durante todo ese año varias transacciones de cocaína y él me iba pagando hasta que un día me dijo: ‘No mira, me pasó algo, se me cayó el cargamento. Me pasó algo con el dinero. Me lo confiscaron’ . Yo le digo y cómo me vas a responder. Arcadio me dice, mira yo te respondo. Lo único que te pido es que no me quites la casa de mis papás’. -Entonces dime cómo, dime cómo me vas a responder- porque Arcadio en ese momento me debía 200 mil dólares. Me dice, ‘fresco. Yo tengo una finca en Galapa de 5 hectáreas con su casa’. Yo esa finca ya la conocía porque Arcadio me había invitado. Eso fue en unos cumpleaños con vallenatos. Tiene dos quioscos bien grandes. Yo finalmente le recibo la finca y la pongo a nombre de Raquel Chaín. Cojo la finca y le digo ‘bueno cuando tengas la plata que me debes, la diferencia me la cancelas y ya’. Pero nunca me la canceló”.

Finalmente, la finca La Gloria, terminó en manos de otros narcos, los Mellizos Víctor y Miguel Mejía Múnera, el primero muerto en 2008 y el segundo extraditado a los Estados Unidos en 2009. Varios años después Arcadio, presuntamente derrotado en el negocio del narcotráfico, decidió que era hora de comenzar a poner en práctica sus estudios como jurista, esta vez defendiendo a viejos conocidos que enfrentaban problemas con la justicia con los que lograba acuerdos en los que se movían grandes sumas de dinero. A partir de esa época, cuando apenas florecían los primeros años del tercer milenio, las malas prácticas y los sobornos para transar por fuera de los juzgados toda clase de conciliaciones, estaban a la orden del día. Arcadio comenzó en la calle, en cafeterías y restaurantes a especializarse en lo que en el mundo de la ilegalidad se conoce como “hacer una vuelta”. Con tanta experiencia acumulada, una década después, para el año 2012 el abogado Arcadio Martínez aparecería como una nueva carta, un as bajo la manga, con el que la exrectora Silvia Gette se iba a jugar sus últimos restos en la difícil batalla jurídica que aún hoy libra contra la justicia colombiana.

Primero se encargó de llevarle una demanda por estafa en la compra de una propiedad en el sector conocido como Playa Mendoza, pero entre sus tareas tenía una muy especial y de vital importancia para Silvia Gette, ponerla en contacto con el exjefe paramilitar “Don Antonio”.

Silvia era consciente que su suerte en parte dependía de este hombre, quien dos años atrás, durante una versión en Justicia y Paz la había señalado de ser la presunta responsable de haber solicitado la muerte del ganadero Fernando Cepeda. Silvia necesitaba que “Don Antonio” modificara su versión de los hechos y no la señalara más como la posible determinadora del homicidio.

Una vez encomendada la tarea, los acercamientos comenzaron para la primera semana de enero de 2013, a través de un personaje conocido con el alias del “Gordo Rosado” quien según el mismo “Don Antonio” era una persona cercana a él y de absoluta confianza.

-Él me empieza a hablar por BlackBerry y me dice “oye compa mira que hay una persona que quiere hablar contigo, por el tema de esta señora”. Porque a ella (Silvia Gette) siempre se le decía el tema de esta señora. Pero ya uno sabía cuál era el tema porque eso ya se había hablado en Justicia y Paz.

Los primeros acercamientos se dieron de manera anónima. “Don Antonio” desconocía el nombre de su interlocutor, pero finalmente esa incertidumbre tendría los días contados. La razón es que Arcadio debía dejar al descubierto su identidad si quería ser añadido a la lista de personas que “Don Antonio” autorizaba para que lo visitaran en su lugar de reclusión.

Una vez realizados los trámites, Arcadio comenzó a viajar a Bogotá y desplazarse, al sur de la capital, rumbo a la cárcel La Picota.

-La primera vez que él viene yo estaba preparando mi desayuno y entramos a la habitación mía y comienza la conversación. Él empieza a hablarme de la señora y a decirme que ella estaba interesada en que no se le nombrara en el proceso y yo allí ya lo grababa -asegura “Don Antonio”, quien sostiene que lo hizo porque vio la oportunidad perfecta de tener un seguro de vida frente a su situación jurídica con respecto al homicidio de Fernando Cepeda.

-El proceso ya lo venían torciendo -concluyó el exjefe del frente José Pablo Díaz.

El despistado Arcadio, picó el anzuelo y sin mayor resistencia cayó en la trampa, tal y como el incauto sucumbe ante el estafador. El hombre, presuntamente, curtido en sobornos y experto en “hacer vueltas” no se había dado por enterado que esta vez él no era el victimario sino la víctima.

Ese día abandonó la cárcel, rumbo a Barranquilla, convencido de que su plan estaba saliendo a la perfección. A la ciudad llegó entusiasmado, pero no demoró mucho en regresar a Bogotá a visitar nuevamente a “Don Antonio”.

-Volvió como a los dos días porque ya se acercaba la indagatoria en la que yo debía rendir declaración y me dice que hay que arreglar eso que hay una plata para eso y me menciona a Abelardo de la Espriella y me dice que tienen una pelea con él.

Arcadio nuevamente regresó a Barranquilla para reunirse con su jefa Silvia Gette y con otras personas cercanas a la exrectora. De eso da cuenta una declaración de José Benito Cadrazco Salcedo, conocido en la Universidad Autónoma como el “Padre Benito”. Según le consta a este hombre, quien declaró bajo la gravedad del juramento ante notario público y teniendo en cuenta las implicaciones que de ahí se derivan judicialmente, Silvia Gette y su círculo de confianza presuntamente comenzaron a planear el soborno a “Don Antonio” para que cambiara su versión y no involucrara a la exrectora en el homicidio de Fernando Cepeda.

José Benito Cadrazco, llegó a la Universidad Autónoma del Caribe para el mes de agosto de 2007. No necesitó carta de presentación, pues bastó con decir que era amigo personal de Silvia Gette para comenzar a fungir como profesor de planta del área de Humanidades de la Universidad Autónoma, al tiempo que actuaba como guía espiritual de la entonces rectora.

Cadrazco gozaba del respeto de la comunidad universitaria por su calidad de sacerdote, no había una sola persona que no se refiriera a él como el “Padre Benito”, el mismo que se había convertido en el hombre de extrema confianza de Silvia Gette, a tal punto que las órdenes de la rectora a su asistente personal Orietta Martínez frente al “Padre Benito” Cadrazco eran contundentes.

-Me dijo: Orietta lo que el “Padre Benito” necesite se lo das.

Silvia confiaba cien por ciento en las palabras de Cadrazco. En muy poco tiempo sus asesorías espirituales la permearon no solo a ella sino a toda la universidad en donde eran usuales sus oraciones sobretodo en la sede de la rectoría cuando algo andaba mal.

El “Padre Benito” llegaba hasta el despacho de Silvia Gette y se encerraban durante horas. Afuera solo se escuchaban las carcajadas que indicaban que la situación se había normalizado y la rectora había recobrado la calma. A comienzos de 2012, época en la que empezaron a florecer los problemas para Silvia, la presencia del “Padre Benito” fue más recurrente no solo por las crisis de su jefa, sino por los eventos extraños que se vivieron al interior de la Autónoma.

-Un día la oficina de un momento a otro se llenó de moscas. Luego aparecían ratas sacrificadas, todo tenía que ver con sangre. El “Padre Benito” subía, nos reunía y nos hacía oraciones, nos calmaba y luego invadía el lugar con agua bendita -recuerda Orietta Martínez.

Según narra José Benito Cadrazco Salcedo, en sus declaraciones, el soborno a “Don Antonio” comenzó a planearse un sábado por la mañana en el lugar de residencia de Silvia Gette, luego de que Silvia regresara de un tour con su novio el exfutbolista Orlando Niebles y otras dos personas.

Comenzando la segunda semana de enero, Arcadio Martínez regresó a Bogotá para ultimar los detalles del acuerdo al que había llegado con “Don Antonio”. Ese día fue un miércoles, pero el encuentro no se pudo dar debido a que el exjefe paramilitar no autorizó el ingreso de Arcadio a la cárcel.

“Don Antonio” tenía la visita de su esposa y el despistado abogado no tuvo más remedio que devolverse, desesperado, porque estaba próxima la fecha de la indagatoria en la que “Don Antonio” debía declarar. La diligencia con la fiscal 51 de la Unidad de Vida estaba agendada para el lunes 21 de enero de 2013 y Arcadio no había logrado aún finiquitar los detalles referentes al pago del soborno para que “Don Antonio” declarara que Silvia Gette no había tenido responsabilidad alguna en la muerte de Fernando Cepeda y por el contrario, inculpara a la esposa de la víctima, María Paulina Ceballos, hijastra de la rectora.

En la declaración juramentada del “Padre Benito” quedaron narrados los detalles de cómo presuntamente se habría organizado el cohecho a “Don Antonio”.

-El soborno se acordó por mil millones de pesos de los cuales sacaron 500 millones de la universidad para que Arcadio los hiciera llegar. Ese dinero fue entregado en efectivo por el señor Otto, el pagador de la universidad y la señora Orietta Martínez, asistente personal de la señora Silvia.

Orietta, la mano derecha de la rectora Silvia Gette, recuerda que para esa época su jefa comenzó a mostrar signos de desesperación porque necesitaba dinero con urgencia.

-Me decía que necesitaba plata porque tenía que pagarle a los abogados. En ese momento yo no conocía a Arcadio Martínez porque yo no veía a todas las personas que entraban al despacho de la rectoría. Los pagos que se le hacían a él, el dinero se le pasaba a ella y ella le pagaba a Arcadio pero yo nunca tuve contacto con él, hasta que un día ingresé al despacho de ella y ahí estaba el señor Arcadio y fue cuando la doctora Silvia me lo presentó y ese mismo día me enteré también que había que pagarle a un señor de Bogotá que era abogado también, recuerdo que era un exfiscal -asegura Orietta, quien cree que la plata a la que se refiere el “Padre Benito” en su declaración tiene que ver con el dinero que se estaba buscando para pagarles a los abogados.

El viernes 18 de enero de 2013, a escasos tres días de la indagatoria, Arcadio y “Don Antonio” sostuvieron su último encuentro en la cárcel. El incauto abogado, pasó los filtros de seguridad del centro penitenciario más rápido que cualquier otro visitante gracias a su identificación como profesional y se dirigió a la celda de “Don Antonio” quien lo esperaba ya con sus dispositivos de grabación encendidos. La conversación comenzó bastante desprevenida. Arcadio le manifestó a “Don Antonio” que tenía un sobrepeso de 33 kilos con relación a los 90 kg que debía estar pesando. Acto seguido fueron al grano con relación al objetivo de la visita. El abogado le planteó a su interlocutor que básicamente en la indagatoria le iban a preguntar por el homicidio de Cepeda, a lo que “Don Antonio” le respondió, que por ahora en la indagatoria él perfectamente podría aceptar cargos y nadie lo obligaba a decir nada.

Arcadio se sintió tranquilo con la respuesta. Finalmente, “Don Antonio” necesitaba que su víctima se sintiera en confianza.

-Yo puedo ir a aceptar cargos y ya después si quieren escucharme tienen que llamarme a declaración y ahí es cuando tan, tan, tan y ahí sí me toca, tiene que estar el abogado que va a contrainterrogar, haber arreglado las preguntas y haber organizado todo, pero yo no le voy a dar plazo hasta que me vuelvan a llamar -le aseguró “Don Antonio”, acto seguido Arcadio lo interpeló.

-Antes del lunes tenemos que tener “el can can de la rosa” porque yo quiero quitarme el chicharrón de encima para tranquilidad mía y tranquilidad suya. Ella me dice: “¿Tú confías en él?” y yo confío. Yo me comprometo con usted de que este señor es serio porque la persona que está intermediando es una persona seria.

“Don Antonio” necesitaba hacerle ver que la situación no era tan fácil y que así como podía hablar el lunes en la diligencia, también podía perfectamente quedarse callado y decir que no aceptaba los cargos.

En ese instante, Arcadio dio muestras de desesperación por no poder finiquitar su objetivo, así que rápidamente intervino.

-No, yo te quiero decir una cosa. Yo voy a hacer todo lo posible, es más me atrevo a comprometerme contigo que de aquí al lunes ya tienen que haberte resuelto tu problema -concluyó Arcadio, a lo que “Don Antonio” le respondió que eso debía hacerse el domingo porque el lunes a las 8:00 a.m. él estaba listo.

Por un instante, Arcadio prefirió dejar el tema de la plata e indagar por el homicidio del ganadero Cepeda. Le preguntó a “Don Antonio” que si había conocido al abogado Jorge Enrique Palacios, el mismo que habían matado en Barranquilla, a lo que el jefe paramilitar le sostuvo que si lo había conocido y que además también estaba muerto el paramilitar alias “Aguas”.

-Entonces a ellos nunca les constó. O sea, verificaron o certificaron… Entonces, me parece una posición muy inteligente que tú hables y digas, ¡ombe! si el bloque acepta los cargos y en honor a la verdad yo quiero decir hoy lo que sea respecto a eso aceptando los cargos y te mantienes en lo de la entrevista, pero a mí no me consta -le dijo Arcadio a su acompañante quien lo escuchaba atentamente, siguiéndole el juego, respondiéndole que sí, y que ya en la declaración que ya es juramentada que ahí si iba a hablar del tema de la otra señora (María Paulina Ceballos).

Arcadio habló de involucrar al abogado Abelardo de la Espriella.

-Vas a poner a Abelardo, que te mandó a Peña Redondo a hablar en nombre de él, a hablar contigo para que te mantuvieras callado.

-Bueno yo lo hago, pero ahí si toca otro tanto.

-¿Otro chocolate? -preguntó Arcadio en su particular lenguaje caribeño que a “Don Antonio” no le pareció divertido.

-Otro tanto hombre y yo le hago -respondió el exjefe paramilitar sin una sola sonrisa en su rostro.

-Que te consiga 50 o 100 barras más.

-¿Cómo así? -preguntó “Don Antonio”, esta vez algo desconcertado.

-O sea te consigo dos más además de eso -indagó Arcadio.

-No, yo te digo que otro tanto -aseguró “Don Antonio”.

-Ah, otro igualito -sonrió Arcadio.

-Otro tanto y ahí sí… porque lo que estaba pensando era sembrar la duda al decir que hubo relación con la otra señora, ahí queda la duda. A la Fiscalía le queda la duda. Entonces ¿quién fue el que mandó a matar, esta o esta? -aseguró “Don Antonio”.

-Cuando a Cepeda lo matan el viejo Ceballos estaba vivo, o sea que Cepeda no era enemigo de Silvia, ni era piedra en el zapato para Silvia -sostuvo Arcadio.

-Pero eso ya le toca es a los abogados -respondió “Don Antonio”.

Arcadio le insistió a su confidente que Silvia y Cepeda no eran enemigos, como si tratara de persuadir a “Don Antonio” de que entre la exrectora y el ganadero no había problemas para la época del homicidio.

-Pero para que lo sepas, la gente tiene en la retina de que la vieja mata a Cepeda porque supuestamente era la piedra en el zapato de la reclamación de los bienes y la herencia que había dejado el viejo -puntualizó Arcadio.

-Pero eso sí es cierto -respondió “Don Antonio”.

-No, no, no es cierto, cuando el viejo Ceballos tenía a la hija (María Paulina) apartada y el man Cepeda era el que le jodía la vida a la hija, es entonces cuando al man lo matan. Ok, pero el móvil puede ser cualquier otro no efectivamente o necesariamente la decisión de ella (Silvia) -dijo Arcadio.

-Pero es que hay antecedentes y los antecedentes no se pueden obviar, así como así -advirtió “Don Antonio”.

-Hay unas circunstancias de tiempo, modo y lugar. ¿Tú sabías eso, de que a Cepeda lo mataron antes de que el viejo Ceballos muriera? -preguntó Arcadio.

-No. El viejo Ceballos ya estaba en cama. Estaba listo para morirse -le aclaró “Don Antonio” al joven abogado.

-Si cuando a Cepeda lo matan Silvia estaba preñada -en ese momento Arcadio soltó una risotada mientras que el exjefe paramilitar le aseguraba que era lógico que defendiera a Silvia ya que era su abogado-.Yo me echo a reír porque supuestamente era hijo del viejo, porque ordenaron pruebas de ADN y toda esa mierda y esa vieja es el putas. Esa vieja, tengo entendido, tiene dos hijos adoptados pa´ recibir más herencia. Ella es la verga porque la otra vieja pataleó (María Paulina) y no sé, creo que el papá la excluyó a ella de la herencia. ¡Jum! esa era la pelea brava, pero es que ella (Silvia Gette) me contó que el viejo quería irse de Colombia, dejar esa mierda tirada ahí. Él estaba enamoradísimo de esa vieja, loco -afirmó Arcadio.

-Entonces lo que podemos hacer es que en la declaración sigues embalando la película y puedes decir que has seguido recibiendo visitas del señor Daniel Peña Redondo. ¿De dónde?, de parte de la oficina del doctor de la Espriella pa´ que me mantenga en mi dicho… Yo no voy a variar ningún testimonio. Eso queda más que dirigido a ti… Preparamos toda la cartilla, tú sabes, dices en honor a la verdad yo tengo que decir que esto es problema de puras viejas -sostuvo Arcadio.

-Si yo lo menciono, la vieja se relaja y después va a querer cualquier cosa y así no es -precisó “Don Antonio”.

-Ella no se va a relajar porque allá estamos pendientes y yo sé que ella va a querer y es más, el abogado voy a ser yo y yo le voy prácticamente a exigir que necesitamos tu testimonio en esos dos procesos, para dejar más sólida tu ausencia de participación y por consiguiente tu responsabilidad penal. Yo voy a exigirle eso a ella, más que todo en el tema del concierto, en el homicidio no porque tú no tenías ninguna cercanía a ella, pero en el tema del concierto sí. Ella nunca participó ni fue parte de la estructura. Eso lo consigo con ella y se baja del “can can”.

Claro por eso son dos vainas nuevas que nunca las habíamos hablado. Ella no puede pensar y aspirar que en todo lo que salga la vayas a apoyar… Pero sí puedes decir en la indagatoria y he recibido visitas del señor Daniel Peña Redondo de parte del señor de la Espriella para que yo no varíe mi testimonio. Para que quede una brecha abierta bien hijueputa o sea, para que la Fiscalía piense por qué manda gente a los testigos -insistió Arcadio.

“Don Antonio” respondió con un simple: ¡ejem!

-No vas a decir que te ofrecieron porque Daniel no te ofreció nada, pero si vas a decir la verdad de que él vino aquí a hablar contigo y que te vino a decir que te mantuvieras -puntualizó Arcadio.

“Don Antonio” le preguntó que si más bien existía alguna forma de conseguir con su clienta una participación en la Universidad Autónoma. Arcadio le respondió que mejor no se metiera en eso porque eso estaba a punto de ser intervenido por el Ministerio de Educación.

-No te metas en ese lío. Esa vieja está ilíquida. No te metas con eso -le dijo Arcadio al exjefe paramilitar que insistió esta vez en disponer de algunas de las propiedades que tenía Gette en Barranquilla. Arcadio nuevamente le recordó que lo mejor que podía hacer era recibir la plata que le estaban ofreciendo.

-Gánate un billetico y ábrete como la yuca cuqui -afirmó nuevamente el joven abogado en su jerga caribeña-. No se enrede con eso. Mira me propuso que fuera decano, que yo fuera profesor… Uno es amigo de la gente que le demuestra a uno amistad, cariño, respeto ¿Sí me entiendes? Pero yo tengo claro que mis clientes no son mis amigos. El día que yo piense así la cago.

El tiempo de la visita de Arcadio se agotaba y el abogado debía tener la certeza de que “Don Antonio” dijera en la audiencia lo pactado. Mientras que el exjefe paramilitar requería seguir grabando testimonios en contra de Arcadio Martínez.

-Receptivo con nosotros el lunes. El mensaje de la señal es preciso -aseguró Arcadio.
-Yo en cambio pienso lo contrario porque yo voy a decir, acepto todos los cargos punto… llámenme a declaración si quieren -insistió “Don Antonio”.

-Después en la declaración te vas a soyar -volvió a recalcarle Arcadio.

-Claro, claro y así cogemos y amarramos a esta señora a haber si quiere el resto. De todos modos, con lo que me he comprometido, ahí lo van a tener. Si necesitan pa´ lo otro de Abelardo, eso es aparte -sentenció “Don Antonio”.

Arcadio le preguntó qué era lo que pensaba decir exactamente. “Don Antonio” le aclaró que él iba a aceptar la responsabilidad del homicidio.

-Dígale a la señora que la verdad es que ese proceso lo han manejado mal. Oye es que Juan Carlos de dónde iba a sacar 150 millones de pesos cuando estábamos allá (cárcel de Combita, Boyacá), cuando él saliera dizque iba a ir donde la señora para que nos diera una ayuda. Juan Carlos Rada desapareció y dije, bueno. Yo esperé como tres años. Ese marica no apareció.

-Ella sabe de manera precisa qué fue lo que pasó -intervino Arcadio.

-… Ya hubiéramos asumido la muerte de Cepeda sin hablar nada de eso. Que lo mandamos a matar porque fue al Gaula, o por cualquier mierda de las que aparecieran en los informes, pero no -finalizó “Don Antonio”.

Arcadio se despidió.

-Cuídate. Yo sé que te gustan los relojes.

-Voy a hablar con Guillermo -respondió “Don Antonio”.

-Vamos pa´lante. Suerte.

-Bien, bien yo ahorita le digo a este man. Todo bien.

-Si todo bien. Ta, ta, ta, ta, ta, ser lo más breve posible para que ella vea que yo si tengo el manejo directo del tema contigo. En la diligencia vas a decir esto y esto. En la declaración es donde él se va, listo -concluyó Arcadio, al tiempo que abandonó la celda y partió rumbo al aeropuerto, tranquilo, despreocupado, convencido que todo estaba bajo control y que “Don Antonio” iba a obedecer al pie de la letra cada una de las cosas que se habían pactado para favorecer a Silvia Gette.

Arcadio regresó a Barranquilla ese mismo viernes con la certeza de que su interlocutor había caído redondo. 500 millones de pesos que se podían convertir en 1.000 a cambio de sembrar una duda sobre la presunta responsabilidad de Silvia Gette, como determinadora del asesinato del ganadero Fernando Cepeda y de paso enredar a los abogados Peña Redondo y de la Espriella.

Mientras Arcadio Martínez iba rumbo a Barranquilla para ultimar los detalles de la entrega de la mitad del botín -250 millones de pesos- a un hombre de confianza de “Don Antonio”, tal y como ambos habían convenido en la cárcel la Picota para cerrar el trato, el exjefe paramilitar daba vueltas en su celda y escuchaba atentamente la grabación. Sabía que era una decisión muy difícil. Era poner en una balanza el dinero que necesitaba o exponerse a perder los beneficios que el Gobierno le había entregado dentro de la ley de Justicia y Paz. 500 millones de pesos daban vueltas en su cabeza, pero al mismo tiempo, estar privado de la libertad lo angustiaba. Pudriéndose en una estrecha celda el resto de su vida. “Don Antonio” decidió hablar con su esposa y contarle lo que estaba sucediendo. La respuesta de ella fue suficiente para que el exjefe paramilitar tomara una decisión.

-Mira si tú haces eso, olvídate que yo vuelvo por acá porque te estás arriesgando. Yo te he acompañado ocho años acá, pero yo cuarenta no te voy a acompañar -aseguró la mujer.

“Don Antonio” no tuvo más opción que realizar la respectiva denuncia por soborno contra Arcadio Martínez y contra Silvia Gette, la cual fue remitida a la Fiscalía con copia a la Procuraduría. Pasaron varios días mientras la Fiscalía le asignó un investigador a la denuncia. El tiempo ya no era un problema pues la citación judicial que en principio estaba pactada para el 21 de enero, se había postergado para el lunes 11 de febrero.

Los agentes del (CTI) le confirmaron a “Don Antonio” que tenían un plan para poder capturar en flagrancia a Arcadio Martínez. “Don Antonio” pensó que el mismo personal del CTI era el que iba a recibir el dinero producto del soborno, pero la Fiscalía le aclaró que esto no era posible y que debía ser una persona de entera confianza del exjefe paramilitar quien recibiera el dinero al abogado Arcadio Martínez. La persona debía ir a cumplir la cita y recibir los 250 millones de pesos mientras que, de forma encubierta, los agentes del CTI intervendrían una vez se realizara el pago.

Se había agotado la primera semana de febrero y la única persona que se prestó para realizar el operativo fue David Mostacilla Silva, el esposo de una hermana de la esposa de “Don Antonio”. Es decir, un cuñado, que por unas horas cambió su profesión de taxista por la de intermediario para recibir el pago de un soborno.

A cientos de kilómetros, en Barranquilla el ambiente era otro. Era viernes de carnaval y la ciudad esperaba la llegada del cantante mexicano Juan Gabriel quien daría un concierto al día siguiente en el estadio Romelio Martínez como parte de la programación de la fiesta más emblemática de la costa Caribe colombiana.

Al día siguiente, sábado 9 de febrero de 2013, tal y como reza la declaración juramentada de José Benito Cadrazco, alias el “Padre Benito”, en el lugar de residencia de la exrectora Silvia Gette, se estaban ultimando los detalles para llevar a cabo el soborno.

-Orietta Martínez llevó 250 millones y Otto llevó el resto a la oficina de Arcadio. Arcadio debía entregar 250 millones de pesos y cuando se cambiara la versión se entregaría el resto del dinero hasta completar los mil millones de pesos y aseguraban que sacaban a la señora Silvia del proceso del crimen de Cepeda -confesó el “Padre Benito”.

Ese mismo sábado, a las once de la mañana, como quedó registrado en la minuta de ingresos de la cárcel La Picota, David Mostacilla visitó a “Don Antonio”, quien le pidió que viajara de inmediato a Barranquilla para encontrarse con Arcadio con el fin de que le entregara los 250 millones pesos. Posteriormente, “Don Antonio” le hizo llegar la suma de un millón de pesos a su cuñado para que se comprara un teléfono Blackberry con el que se debía comunicar con Arcadio.

A las 9:00 p.m. del sábado 9 de febrero de 2013, David Mostacilla tomó un vuelo con destino a la ciudad de Barranquilla. Su llegada al aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz se produjo una hora y media después. Para ese instante el desprevenido Arcadio Martínez estaba disfrutando sus últimas horas de libertad como asistente al concierto que el “Divo de Juárez”, como se le conoce popularmente al cantante Juan Gabriel, estaba ofreciendo a los barranquilleros.

Muy temprano, en la mañana del domingo 10 de febrero de 2013, David Mostacilla le envió un mensaje al teléfono de Arcadio Martínez Pumarejo, el cual tuvo respuesta aproximadamente a las 11:00 a.m. Arcadio había bebido bastante y los excesos de una noche de carnaval le pasaron factura. Arcadio le pidió a Mostacilla que se encontraran en su casa, ubicada en la carrera 56 # 82-104, edificio Lalique. Mostacilla le dijo que mejor se encontraran en una cafetería dentro de un supermercado de un reconocido centro comercial de la ciudad, tal como “Don Antonio” le había indicado. Al lugar llegó David y luego de una hora apareció Arcadio Martínez. El emisario de “Don Antonio” no lo conocía, así que fue Arcadio quien lo identificó, previa descripción física vía telefónica. Arcadio vestía una camiseta Polo roja y bermudas café. Abordó a David Mostacilla y le preguntó que si él era Javier. El nombre que “Don Antonio” y su cuñado habían acordado para el operativo. Mostacilla le respondió que sí. Arcadio le confesó que se había demorado en llegar porque estaba trasnochado pero que el dinero estaba en el vehículo, que lo mejor era bajar al parqueadero y que en ese lugar le hacía entrega de los 250 millones de pesos.

Mostacilla, siguiendo instrucciones, le dio una respuesta negativa y le respondió que él prefería que le hiciera la entrega en la cafetería. A Arcadio no le pareció sospechosa la exigencia del emisario de “Don Antonio”. Tal vez, porque aún estaba bajo los efectos de una larga noche de carnaval y simplemente quería salir rápido del encargo.

Arcadio, sin embargo, le insistió que por qué no mejor iba a la plazoleta de comidas del centro comercial. La respuesta de Mostacilla fue positiva y partieron rumbo a ese lugar no sin antes detenerse en un almacén de zapatos a donde Arcadio ingresó solo y minutos después salió con dos bolsas que le habían regalado y en las que posteriormente iba a guardar el dinero. Luego, mientras caminaban en dirección al parqueadero del centro comercial, Arcadio le pidió que lo acompañara hasta su camioneta para sacar el dinero. Mostacilla le respondió que prefería esperarlo en las escaleras que daban al parqueadero. Minutos más tarde Arcadio regresó con las dos bolsas llenas.

Siguieron caminando hasta llegar a una pizzería. Arcadio le preguntó a su acompañante si quería almorzar, pero nuevamente la respuesta fue negativa. Mostacilla ordenó un té frío. Una vez llegó la bebida a la mesa, Arcadio le entregó el paquete y le aclaró que ahí había 250 millones de pesos distribuidos en dos bolsas, la primera con 150 millones y la segunda con 100 millones de pesos y le advirtió que los billetes eran de 50.000 pesos.

Mostacilla recibió el dinero y Arcadio le hizo dos últimas preguntas referentes a que si pensaba contar la plata y si quería que lo acompañara hasta donde debía entregar el paquete. Ambas respuestas, una vez más fueron negativas. Mostacilla le dio las gracias, le aclaró que no se preocupara que él confiaba en que estuviera todo el dinero. Ambos se levantaron de la mesa y una vez David Mostacilla pagó su bebida, la tranquilidad del lugar fue interrumpida por la presencia de varios agentes del CTI de la Fiscalía. Uno de los uniformados le dijo al abogado Arcadio Martínez que quedaba detenido. No hubo tiempo de reaccionar. En cuestión de segundos más de una docena de funcionarios judiciales los rodearon.

El soborno estaba comprobado. Toda la escena había quedado grabada en la cámara de uno de los agentes que realizaron el operativo. Arcadio y Mostacilla abandonaron el lugar fuertemente escoltados en medio de las miradas atónitas de cientos de personas que presenciaban en directo un operativo policial, de esos que solamente se ven en los noticieros.

Posteriormente los dos hombres fueron conducidos en un vehículo oficial a una Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía Seccional de Barranquilla.

A partir de ese instante Arcadio Martínez Pumarejo, el abogado, el comerciante de pollos, sintió que estaba completamente perdido. Su rostro se había transformado, no podía creer que en cuestión de horas había pasado de un festín monumental a la desolación y la impotencia de saber que había caído redondito a los pies de un exjefe paramilitar. Su resaca se hizo más latente.

En un momento de mediana lucidez, curtido en el bajo mundo de la ilegalidad, pidió permiso para ir al baño. Dos uniformados lo acompañaron hasta el lugar. Arcadio descendió al primer piso de la edificación en la que se encontraba escoltado por el funcionario Néstor Estivenson Rivera Cáceres. El abogado se encerró en el sanitario; pero el detective del CTI irrumpió y alcanzó a ver cómo Arcadio levantó una lámina de icopor del cielo raso del baño para esconder su teléfono móvil. Al verse descubierto, el abogado intentó partir el aparato pero este finalmente quedó en custodia de los guardias. El informe redactado por los miembros del CTI da cuenta que la memoria del teléfono de Arcadio Martínez se fue por las tuberías de la Fiscalía, una vez activó el inodoro del baño.

Arcadio volvió a la silla, frente al escritorio en el que reposaban las dos bolsas blancas plásticas, cada una con 20 fajos de billetes de 50 mil pesos. Una vez los agentes terminaron de contar el botín, descubrieron que en realidad no había 250 millones de pesos, sino 249. Faltaba un millón, porque a cada fajo le habían sacado un billete de 50 mil. Arcadio recordó con picardía que la noche anterior ese millón se había agotado en whisky y comida.

A las 3:30 p.m. de ese domingo 10 de febrero de 2013 David Mostacilla rindió declaración ante el investigador criminalístico Édgar Benavides. El emisario de “Don Antonio” regresaría a Bogotá al igual que Arcadio Martínez, solo que este último lo haría con destino a un centro penitenciario. En ese rumbo desolador a una celda, Arcadio posiblemente pensó con nostalgia, que habría sido mejor seguir los pasos de su abuelo, el músico y compositor vallenato, Tobías Pumarejo.