La llama del erotismo

Poesía y erotismo surgen como las piezas de una misma sinfonía. Un repaso por la sensualidad en los poemas de Octavio Paz.

Octavio Paz, poeta, escritor y diplomático mexicano. Ganó el Nobel de Literatura en 1990. / Foto: Archivo El Espectador
Octavio Paz, poeta, escritor y diplomático mexicano. Ganó el Nobel de Literatura en 1990. / Foto: Archivo El Espectador

Observando una vela prendida, Octavio Paz pensó el erotismo. Lo vio en la llama roja que se levanta desde el fuego original de la sexualidad y lo vio sostener la llama azul del amor.

Piedra de Sol, el gran poema del escritor mexicano, es el fiel reflejo de esa llama doble de la vida, erotismo y amor, que ocupa sus páginas magistrales y humanas.

Es un viaje de 584 versos, equivalente a los 584 días que dura el ciclo venusiano de los antiguos mexicanos; un viaje por la naturaleza en la que el hombre busca su mitad perdida, la intensa comunión del abrazo.

”Voy por tu cuerpo como por el mundo, / tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos…”.

Pero esa comunión es frágil y de nuevo el hombre pasa de la comunión a la soledad para buscar de nuevo al otro, al ausente.

“... y a la salida de tu blanca frente / mi sombra despeñada se destroza, / recojo mis fragmentos uno a uno / y prosigo sin cuerpo, busco a tientas”.

Es el vacío, el mito del andrógino, el hermafrodita, hombre y mujer en el mismo cuerpo, separados por los dioses y condenados a buscar desde su soledad el pedazo usurpado, la media naranja. A Adán le quitaron una costilla para que Eva naciera y lo dejaron partido en dos, fragmentado, buscando la totalidad en el pedazo que le hace falta para la plenitud.

“... he olvidado tu nombre, Melusina, / Laura, Isabel, Perséfona, María, / tienes todos los rostros y ninguno, / eres todas las horas y ninguna”.

Como Piedra de Sol es un poema circular, al igual que el mito del eterno retorno donde todo se repite hasta el infinito, llega el amor y baila sobre la llama del erotismo.

“... los dos se desnudaron y se amaron, / por defender nuestra porción eterna, / nuestra ración de tiempo y paraíso”. Es el ser total en cuerpo y alma porque “el mundo nace cuando dos se besan”.

La llegada de la amada es la manera como saciamos la sed de otredad de la que habla Paz en La llama doble y que se explica bellamente en su largo poema: “para que pueda ser he de ser otro, / salir de mí, buscarme entre los otros, / los otros que no son si yo no existo, / los otros que me dan plena existencia”.

Poesía y erotismo surgen entonces como las piezas de una misma sinfonía. El erotismo es poesía del cuerpo y la poesía es erotismo de la palabra. Es una “metáfora de la sexualidad animal”, lo que lo hace exclusivamente humano. En todas las civilizaciones, el encuentro de dos individualidades está lleno de difíciles tramos para la plena comunión de los cuerpos y de las almas, para la plenitud erótica del abrazo de los amantes. “Somos seres incompletos y el deseo amoroso es perpetua sed de completud”.

* Subdirector de Noticias Caracol y escritor.

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