Bionovelas y bioseries: ¿llegaron para quedarse?

Las novelas que cuentan la vida de personajes reconocidos para el país parecen estar viviendo su momento, pero ¿cuál es su encanto? ¿Son sólo una moda? Hablan expertos y actores.

Imagen del lanzamiento de la historia basada en la vida de las Hermanitas Calle, llevada a las pantallas del Canal Caracol en 2015. / Cortesía
Imagen del lanzamiento de la historia basada en la vida de las Hermanitas Calle, llevada a las pantallas del Canal Caracol en 2015. / Cortesía

Las narconovelas y narcoseries que tanto éxito tuvieron en la televisión colombiana parecen haber menguado. Tras el exitazo que resultó ser El cartel de los sapos y luego apuestas como Escobar, el patrón del mal y el mediano desempeño de Alias el Mexicano, ya no hay producciones que nos muestren cómo viven o cómo se las arreglan los narcos. Producciones como La viuda negra y El señor de los cielos, la primera grabada en Colombia y la segunda entre México y Miami, tuvieron un discreto desempeño en audiencias nacionales. Lo contrario ha ocurrido con las bioseries y bionovelas, que han resultado muy atractivas. Amor sincero, que se emitió hace ya varios años, parece haber sido la que marcó la nueva tendencia. Contó la vida de la cantante Marbelle y registró buenos resultados de audiencia. Igualmente La selección, que relató las cuitas de los jugadores de la tricolor colombiana en la década de los 90 y que luego de una primera temporada tuvo una segunda. El Joe, La Ronca de Oro y, más recientemente, Diomedes, el cacique, Lady Tabares y la historia de las Hermanitas Calle.

El género no sólo cobra popularidad en las pantallas colombianas. En México, donde se realizan las historias de personajes como Jenny Rivera, Joan Sebastián e incluso José José, están maravillados con Hasta que te conocí, la historia de la vida de Juan Gabriel, protagonizada por el colombiano Julián Román, que cuenta su vida en una serie corta. La producción, que se emite en toda la región por TNT, ha calado en el gusto de los latinoamericanos. En Colombia ya se habla de títulos sobre Galy Galiano, Alfredo Gutiérrez, Falcao, Pambelé, Patricia Teherán o Kaleth Morales, por mencionar sólo algunos.

Pero ¿qué tiene la bioserie y la bionovela si versa sobre hechos ya conocidos, incluso muchos de ellos ventilados en diferentes medios de comunicación hasta el cansancio? ¿Es una tendencia que también pasará?

A juicio de Dago García, vicepresidente de producción de Caracol Televisión, la aceptación del público es entendible. “Una de las tradicionales preocupaciones de la dramaturgia en todos los tiempos ha sido lograr la verosimilitud, y a pesar de que Aristóteles había proclamado que no siempre lo real es verosímil, poder asistir a una historia que se sabe real resuelve de manera contundente este problema. Y no es algo de poca monta, pues no se puede olvidar que la verosimilitud es la condición de la identificación, que a su vez es la base de la emocionalidad”.

Fernando Gaitán, libretista y productor de RCN, cree que la aceptación se debe a que “son historias y conflictos reconocibles para la audiencia, sobre todo porque la mayoría de sus casos son populares, y la televisión es popular”.

Julián Román, el actor colombiano que se ganó el estelar para personificar a Juan Gabriel en Hasta que te conocí, por encima de varios histriones mexicanos, cree que es curiosidad y morbo del público que, aunque sabe qué ocurrirá, quiere saber cómo le van a contar lo que sabe. Agrega que en el camino siempre hay gente entusiasmada con las historias reales y otra que se muestra indignada por lo que allí se ve o porque se le haga serie a alguien que no les parece, pero “definitivamente tiene más rating la historia de Diomedes que la del profesor Llinás”.

La clave: muchos obstáculos y poca alegría

Fernando Gaitán, que asesoró el proyecto sobre la vida de Diomedes Díaz, sabe qué se necesita para que una vida aspire a convertirse en televisiva, y es que definitivamente tiene que contener ingredientes que vayan más allá del éxito o ser reconocido. “Hay historias de gente exitosa que no aguantan serie porque han tenido una vida agradecida. Eso no les quita virtudes como artistas o deportistas, pero no es interesante en dramaturgia”.

Esto limitaría bastante las historias que veremos a futuro, es decir, no todo famoso tendrá su bionovela y sólo aspirarán a verse personificados quienes, además de tener trascendencia, “tengan una vida azarosa (desafortunadamente con una vida feliz se hace muy poco), que su esfuerzo sea ejemplificador y que al final el fruto de su esfuerzo y su lucha contra las circunstancias sea el triunfo. Si el personaje tiene algún tipo de perfil humorístico, mucho mejor”, como resume el vicepresidente de Caracol.

No obstante, no todo lo que se cuenta en una bionovela o bioserie es real. Esto lo corrobora Julián Román, quien justamente cree que ese podría ser un talón de Aquiles del género. A él, que también estuvo en Tres Caínes, la historia sobre los paramilitares Castaño, Lady Tabares y La viuda negra, le gusta participar en este tipo de proyectos porque parten de una historia real.

En opinión de Gaitán, mundialmente conocido por haber creado Yo soy Betty la fea y Café, es un género que llegó para quedarse, aunque no necesariamente contando vidas de famosos. “Por el lado de grandes figuras se van a agotar, porque no tenemos miles de ellas para hacerles historias, pero la realidad siempre es un punto importante en la televisión actual y es lo que quieren las audiencias”. El libretista en realidad no ve mayor diferencia entre las producciones de narcos y las que hablan sobre cantantes o deportistas. “Son comparables, tienen procedencias populares. Lo que pasa es que para el público es mucho mejor la gente popular que triunfa a los narcotraficantes”. Y de ninguna forma cree que las historias de narcotraficantes se hayan ido, pues “el narcotráfico está ligado a muchas historias del país y la televisión, que es la memoria, aún tiene miles de historias que contar”.

Dago García sí ve una tendencia que califica de cíclica. “La televisión colombiana generalmente pasa por ciclos que surgen con la fuerza de la novedad, se desarrollan, maduran, saturan y luego son reemplazadas por otra tendencia. Esta dinámica la diferencia de la mayoría de las televisiones latinoamericanas, que tienden a estacionarse en un solo tipo de producto. De hecho, el paso de lo narco a lo bio es una demostración de ese tipo de dialéctica que, en mi opinión, surge de un diálogo permanente con el espectador e impide que la televisión pierda contacto con la realidad del gusto de su público”

García adelantó que, por los lados de Caracol, la vida de Patricia Teherán, así como la de Kaleth Morales, en efecto se encuentran en procesos de escritura. No cree que formatos como el de Hasta que te conocí, de pocos capítulos, tengan opción en Colombia, sino que seguiremos contando historias reales de largo aliento. Lo contrario piensa Gaitán, quien estima que eso sin duda puede estar llegando a la pantalla colombiana.

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