Llevar el “Desafío” a la cima

El productor general del “Desafío”, del Canal Caracol, se estrenó este año como juez del programa. Nadie conoce mejor el “reality” que este argentino, quien ha estado detrás de su éxito durante 13 años.

El “Desafío” lleva trece años de transmisión y se convirtió en el “reality” de mayor éxito en el país. / Cortesía Caracol

Hace tres años, mientras grababan una temporada del Desafío en Senegal, África, Sebastián Martino sufrió una infección en un dedo de un pie. Estaban en una de las zonas más deshabitadas, con pocas posibilidades de acceder a un centro médico, y cuenta que el dolor era tan fuerte que lo sentía hasta en la ingle. “De repente, uno de los trabajadores locales sacó un cuchillo y empezó a rezarlo y a hacerme a mí también rezos extraños en el pie. Me curó, aunque obviamente se me hacía muy difícil creer en eso; pero, ¿quién dijo que la magia no existe?”.

Recordar ese país, su cultura y la calidad de su gente, hace que el productor general del Desafío se erice. Hasta allá llegó toda la producción del reality del Canal Caracol en el año 2013 para grabar una de sus versiones, que ya ascienden a 13 manteniéndose en el primer lugar de sintonía en Colombia. Precisamente detrás de ese éxito está este argentino, quien más allá de ver el programa como un producto televisivo, tiene claro cuál es la magia que lo tiene en la cima.

“Yo no creo que el éxito de un programa se deba a una persona. Cuando hay un éxito en televisión, todo el mundo se lo quiere atribuir, pero el éxito es mucho más que eso, es el resultado de un verdadero trabajo en equipo”, asegura Martino, quien cada año está a cargo de una producción conformada por más de 170 personas, quienes durante cerca de dos meses conviven juntas en el país de turno, mientras producen y graban el reality. Mantener ese equipo sólido, estable, y en medio de un buen ambiente, es su desafío para lograr un producto de calidad.

Pero esa es sólo una de sus labores como productor general. También es el encargado de diseñar y construir las pruebas físicas que presentan los concursantes. Lo que aprendió en quince años como boy scout en Argentina, le facilita este trabajo. En el hotel o lugar donde se hospeda la producción en cada país, su equipo crea un taller en el que todos los días se van elaborando las piezas que conforman las pruebas. Después de eso, y antes de cada competencia, él mismo las realiza y se asegura personalmente de que los competidores podrán hacerlo también.

De participante a productor

Este año, además, se estrenó como juez del programa y es el encargado de verificar que las reglas en el terreno de juego se cumplan. “La figura del juez ya existía, siempre he sido yo, sólo que este año lo hicimos visible precisamente porque queríamos acercarnos más al mundo del deporte, y si hay una figura asociada con ese mundo, son los jueces”. Por eso Sebastián ahora acompaña a Margarita Rosa de Francisco en el terreno de juego, verificando la legalidad de las competencias.

Aunque es apasionado con cada detalle que tenga que ver con su trabajo en este reality, hay algo de este papel de árbitro que le incomoda, y es el hecho de hacerse reconocido o famoso. No le interesa la fama, le huye, así como huyó de ella cuando vivía en Argentina y fue ganador del primer Expedición Róbinson que se realizó en ese país.

Ese año, 2000, el joven abogado que trabajaba en un despacho y soñaba desde pequeño con ser juez, se presentó con la única intención de tener una experiencia inolvidable. “Creo que mi desinterés por ganar fue lo que me hizo ganador, porque yo sólo quería poner a prueba mis habilidades en supervivencia; mientras los demás sufrían cargando una piedra o haciendo un cambuche, yo lo disfrutaba al máximo”.

Una vez ganó el reality, empezó el reconocimiento en las calles; el teléfono de su casa no paraba de sonar. “Vivía en Buenos Aires con mi familia y en esa época era fácil coger un directorio y averiguar tu dirección, y como sólo había dos familias con el mismo apellido, una vez los otros Martino golpearon a la puerta con una montaña de cartas y dijeron a mis padres ‘creo que esto es para su hijo’”.

La fama lo atropelló y aunque no se consideró víctima de ella, cree que sí influyó en su decisión de renunciar a su trabajo como abogado, tomar una mochila y salir a recorrer Suramérica. “Uno nunca se cuestiona para dónde va, qué quiere, qué lo hace feliz, y para eso me sirvió Expedición Róbinson. Ese fue el premio mayor que yo tuve, porque todo lo demás es efímero”. Hasta la plata que recibió por ganar fue efímera; la crisis económica que vivió Argentina en el 2001, hizo que los bancos se quedaran con todo su dinero, todo. Eso, asegura, no le importó mucho, pues aunque le pareció injusto, pensaba más en la gente que perdió los ahorros de toda su vida y que hasta se suicidaba por ello. Decidió seguir su camino sin el dinero y sin quejarse.

A Colombia llegó dos años después de empezar a recorrer el continente y en contra de la voluntad de sus padres, quienes le recomendaron omitir la visita a este país, a raíz de los titulares de violencia que encabezaban en el mundo entero. Pero dicen que “la vida nos pone en donde tenemos que estar”, y así fue como después de haber conocido en Panamá a la producción colombiana que grababa Expedición Róbinson, y de haber colaborado para ellos en esa versión, fue llamado a trabajar.

En la segunda versión de la Róbinson era el encargado de cuidar a los participantes. “Ese fue mi primer trabajo en televisión”. En el 2004 era el productor de juegos y un año después ya era el productor general del Desafío en Colombia. “Era muy organizado, hacía los cronogramas, cuadraba cómo iba a ser todo paso a paso, lo mismo que sigo haciendo hoy en día”.

Hoy en día sigue siendo estricto, psicorrígido, y acepta que le exige tanto a la gente que trabaja con él como se exige a él mismo. Es importante que el equipo marche bien, según él, pues el Desafío no sólo muestra lo mejor de otros países y culturas en Colombia, y también tiene que mostrar lo mejor de Colombia en otros países.

Eso es algo que llena de orgullo a Sebastián, quien además cuenta que se siente un embajador de este país. “Gracias a Dios, por el éxito del programa, muchos gobiernos nos invitan a ir. El Desafío creció también con Colombia, porque cuando lo hicimos en el 2004 era irreal que 200 colombianos fueran a la India, por visas o por la imagen que tenían de nosotros en el resto del mundo. Pero hoy en día ven a Colombia y a los colombianos de una forma diferente, positiva. Hoy nos llaman de las embajadas, cuando antes les daba hasta miedo pensar en este país”.

Esa es parte de la magia que tiene el Desafío, que ha hecho que se mantenga como el reality preferido por los colombianos, pues según Martino, con cada viaje, con cada situación a la que se enfrenta un participante o alguien del equipo de producción, incluido él, el programa “logra sacar lo mejor que tiene cada uno como persona”.

El Desafío, del Canal Caracol, ha sido grabado en siete países diferentes a Colombia, tiene alto nivel de aceptación en Venezuela, Ecuador, Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, Estados Unidos, Canadá y México. Ha tenido versiones internacionales en Estados Unidos y en México y ha sido ganador de dos estatuillas en los Premios India Catalina y de una en los Kid Choice Awards Colombia.