Reseña

Lo maravilloso de saberse niño

Juliana Muñoz Toro, quien estará dictando un Taller de Escritura Infantil en Bogotá durante los días 2, 9 y 16 de noviembre, en las instalaciones de los Talleres Liebre Lunar, ha escrito un libro en el que acude a la voz de un niño para narrar las experiencias más intensas que se pueden llegar a vivir con un padre al que se le ve poco, pero se le aprecia demasiado. Un extraterrestre que de día se comporta de una forma y de noche de otra, un alien que planea conquistar, primero la casa, y luego el planeta.

Juliana Muñoz Toro, autora de "24 señales para descubrir un alien" y "Mi hermana Juana y las ballenas del fin del mundo".Julián Mora Oberlaender

“La mala suerte es un invento de los extraterrestres para hacernos cosas malas sin que nos demos cuenta de que ellos son los culpables. Dejaron ventanas abiertas hacia otros mundos que son igualitos a este. Por eso no paso debajo de las escaleras, o de las plataformas de construcción, o de cualquier cosa en la calle que se parezca al marco de una puerta. Me pueden llevar a un mundo en el que voy a tener mala suerte” (p. 55).

En 24 señales para descubrir a un alien (2017), la autora bogotana, periodista de profesión, se da a la tarea de dilucidar aquello que pasa por la cabeza de un niño llamado Benjamín, quien tiene la idea de que su padre lleva en su interior a un alien pequeñito que lo controla desde adentro. Sin duda alguna, esta imagen nos remite a muchos fanáticos del cine a lo sucedido en la primera de las películas de Men in Black (1997), en donde el príncipe arquiliano, aquel extraterrestre diminuto, utiliza como vehículo el cuerpo de un hombre. ¿Se acuerdan del viejito de los relojes que va con un gato y se reúne en un restaurante para dialogar con lo que parece ser un tipo demasiado alto que padece de alopecia, pero que en realidad es un alienígena? ¿Quién no lo es en esta película? El caso es que esta escena inspiró a Juliana para pensar en la posibilidad de poner un alien al interior de un hombre, de un Papá, salvo que en lugar de ubicarlo en la cabeza de éste, va acomodado en su corazón, desde donde logra controlar sus sentimientos y tener acceso a sus recuerdos.

A lo largo de la historia, que va acompañada por las hermosas ilustraciones de Elizabeth Builes, el personaje de Benjamín nos va entregando cada una de las señales que va recolectando para comprobar que su padre es un alien, o que ha sido controlado por uno. Él cree que, así como los astronautas necesitan un traje para ir al espacio, los extraterrestres necesitan un cuerpo humano para venir a la tierra. ¿No es tan descabellada la idea, verdad? Apuesto a que más de uno de nosotros tenemos a alguien en casa que, en realidad, parece más un visitante extraño de algún planeta distante que un miembro de la familia.

El mejor amigo de Benjamín se llama Carlos; siempre juegan juntos y tienen un código secreto para comunicarse entre clases. Un día, en casa de Benjamín, los dos amigos discuten y dejan de hablarse por un buen tiempo. ¿No es esto algo sumamente común en nuestra niñez? Recuerdo que tenía compañeros de colegio que se disgustaban por pequeñeces y se enojaban como el que más, pasaban los días y ese enojo de niño, tan intenso e ingenuo, se iba desvaneciendo de a poco hasta que, de pronto…“¿Trajiste tu juguete nuevo? ¿Podemos jugar en el recreo?” Pues, ¿acaso no estábamos discutiendo? Esto es lo que nos hace niños, sabernos invencibles un momento y, al otro sentirnos los más vulnerables del mundo; entonces, extrañamos a Mamá, las granadillas de los mocos de gigantes comienzan a gustarnos, las ensaladas con sabor a tierra son las mejores y Papá, ese Papá gruñón y amargado se convierte en el ser humano más amado. “¿Por qué un alien tiene tantas ganas de vivir en este planeta? ¿Por qué se roba un cuerpo, y sus recuerdos tristes, y su trabajo aburrido? Tal vez este alien solo quiere tener una familia…” (p. 117).

Aunque la autora haya escrito este libro para un público infantil, no hay restricción alguna si el lector adulto quiere acercase a él. Una vez, alguien dijo que los mejores libros no tienen límite de edad o condición, solo andan en busca de un buen lector. Yo lo creo así. La historia de Benjamín es acerca de los sueños, los juguetes, los viajes intergalácticos, las sospechas sobre la presencia de alienígenas en la Tierra, la forma en que intentamos entender a nuestros padres, los juegos con los amigos y con nuestro hermano gemelo imaginario, con la gallina y los cucarrón-cometa. Este libro nos permitirá recordar a más de uno lo maravilloso de saberse niño.

 

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