Los cantos son historia

El espectáculo de inauguración del Festival Origen y Destino fue un recorrido por la música cartagenera, desde Joe Arroyo hasta la champeta.

Festival de las Artes Escénicas del Caribe. / Cortesía
Festival de las Artes Escénicas del Caribe. / Cortesía

“Espectacular. Reviví cosas que ya estaban olvidadas, los personajes de la ciudad, recreé con ellos la historia de Cartagena”. Eso es lo que dice Zaira Roca, una cartagenera, mientras sale de la Inauguración del III Festival de Artes Escénicas del Caribe en el Centro de Convenciones Cartagena de Indias . Y no es la única. Las señoras salen conversando, emocionadas, como si se hubieran transportado, de repente, a un pasado que ya tenían olvidado. “Nos sentimos niñas otra vez”, dijeron algunas. Otras comentaban lo que vieron. “Es un retrato de la ciudad, a través de toda su historia”, “me gustó la producción y las canciones”. Otros, que viven lejos, no podían de la emoción: “Vivo en Venezuela y soy de Cartagena. Todo estuvo maravilloso. La Carioca… todo, todo. Es que Cartagena es única, Cartagena es espectacular”.

“Quiero contarle mi hermano un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra, y dice así”, empezó a sonar Joe Arroyo y un grupo de mujeres y de hombres, del grupo Atabaques, salieron a escena a bailar La Rebelión, vestidos de rojo. Todos eran cartageneros, se notaba en las caderas. El público se tenía de las sillas, evitando pararse a bailar: ‘estaban en un concierto, en el elegante Centro de Convenciones, lo mejor era no hacerlo’, pensarían. Pero si se miraba bien, ahí estaban ellos, moviéndose suavecito en sus asientos.

Después de El Joe llegó Rufo Garrido con su Compadrito y, luego, ‘Sebastián rómpete el cuero si pretendes la muchacha /que una casa no se arregla con tripas de cucaracha”. El público empezó a acompañar a los bailarines. La pena, si alguna vez la hubo, se perdió. Los aplausos cada vez se sentían más fuertes. Después, el tono cambió. Empezaron las canciones románticas y la emoción iba en aumento. El público cartagenero cantaba a coro con los músicos, Los heróicos, “No existe un momento del día /en que pueda olvidarme de ti/ el mundo parece distinto/ cuando no estás junto a mí” o escuchaba atentamente a Selenia Alcázar, una de las cantaoras de mayor tradición en Cartagena, entonar “Noches de Cartagena, tan divinas/lindo rincón caribe colonial”.

El recorrido continuó con canciones como ‘Canto al amor’, ‘Patacón pisao’ y Getsemanicense’ y ya la gente no se mantuvo sentada en sus sillas. No había razón. Para música como aquella, más valía pararse a bailar y seguir el ritmo con aplausos. El ‘Flaco bacano’ salió a escena dos veces y, a la gente, la risa no la dejó seguir aplaudiendo. Contó historias, anécdotas, habló sobre personajes reconocidos cartageneros desde tiempos de antaño. Habló del Terminal, como llamaban antes al puerto, y revivió la manera como los convocaban a trabajar cuando el radio era la única manera de hacerlo: “Personal al Terminal”, era lo que se transmitía y los trabajadores ya sabían qué hacer.

También habló de “la recicladora más vieja del país”. Una indigente que iba recogiendo botellas por toda la ciudad y que las llevaba en una bolsa que cargaba sobre la espalda. Estaba loca, cuentan los cartageneros, pero todos la conocían, era parte – casi – de su patrimonio cultural. Un día amaneció muerta, la mataron, y nadie supo cómo, ni cuándo, ni por qué.

La gente se veía feliz mientras caminaba, ya para sus casas, fuera del Centro de Convenciones. Había merecido la pena ir, hacer la fila y esperar a tener un lugar en medio de la multitud. Muchos pudieron entrar pues el espectáculo, como todos que se están presentando durante el evento, fue gratuito. Para el festival y para sus organizadoras, Araceli –chica – Morales y Gloria Triana, esa resulta ser la mejor recompensa: ver cómo la cultura no se queda en un solo sector sino que se expande y llega a lugares, a personas, a las que de otra manera, no hubiera podido llegar.