Los colores del agua

El artista Gustavo Vejarano presenta su exposición ‘Océanos y bosques’, una compilación de pinturas y esculturas con motivos abstractos plagados de tonos y profundidades.

‘Arrecife tropical 4’, de Gustavo Vejarano, es una de las obras de ‘Océanos y bosques’. / Cortesía – Casa Cano

Las pinturas, llenas de imágenes acuáticas y al parecer en movimiento, ondean en medio de colores fuertes unas veces, delicados otras. Las esculturas, en cambio, se acercan más a la estructura: son figuraciones de árboles en hierro pavonado, también en hierro oxidado, que no se someten a la imagen pura del árbol sino que son la representación del instante en que todo en él se deforma. Por esos motivos, la exposición que inaugura Casa Cano es titulada ‘Océanos y bosques’: porque están allí, en óleos y metales, las imágenes de un mundo que tiene mucho de místico, mucho de subjetividad.

Gustavo Vejarano ha hecho esa búsqueda desde que comenzó su carrera en el taller de David Manzur, dedicándose a la pintura y el dibujo. Casi diez años después viajó a París y expuso en la Bienal de esa ciudad. Desde aquellos tiempos, vejarano ha participado en muestras colectivas en Bogotá, San Juan de Puerto Rico, Milán, Bruselas, Ámsterdam y Hamburgo. Enfocado en un principio en la pintura, Vejarano comenzó a trabajar con el metal hace diez años, centrado —como en esta ocasión— en los motivos naturales.

La sección ‘Océanos’ nace, quizá, de una intensa vista del mar de Taganga, donde Vejarano tiene un taller de pintura. Fue desde allí, según el recuento de su catálogo pictórico, donde principiaron estas pinturas: cualquier espectador encontraría, además de cierta predominancia del azul oscuro en algunas pinturas, un jugo de luces con naranjas y rojos que permiten dar un volumen distinto a esos fondos. Río Frío, otra de sus obras, requiere del blanco para crear la aspereza de una superficie helada, y de hecho ésa es la sensación que trasmite: frialdad.

Ola, en donde se alcanzan a vislumbrar algunas figuras casi con exactitud, es la representación de la furia, de la destrucción total. Y al mismo tiempo, tal vez, de la creación: las figuras van desapareciendo y queda entonces el plano general: el mar embravecido.

“Vejarano (posee) una acuciosa y concentrada práctica de meditación y pintura en la que mezcla aguadas, acrílicos y óleos —dice María Elvira Ardila, curadora de la exposición—. En sus imágenes fractales apresa suavemente una y otra vez esas ondas que se asemejan a la repetición de un mantra, una frecuencia suave de sonido, imágenes sonoras que vibran en nuestro cuerpo, intangibles, recurrencia de repeticiones periódicas, formas poéticas, singulares e infinitas, color que vibra y produce sonido en resonancia con el universo”.

Decir que el “color vibra” es exacto: en las pinturas de Vejarano los colores se conjugan de tal modo que apuntan hacia un movimiento. No son pinturas quietas y, en muchos sentidos, tienen ciertas pinceladas de Monet: eso se explica en la soltura de las figuras que retrata y en la profundidad que establecen, como Arrecife 7. Esa misma sustancia es visible en Arrecife tropical 5 y Arrecife tropical 6, que no poseen la misma agresividad de Ola y, sin embargo, tienen cualidades de movimiento. Son pinturas que producen sensaciones si se les reserva el tiempo necesario: demuestran que el arte no imita a la realidad, sino que la encierra.

En ‘Bosques’, Vejarano somete ese movimiento a la dureza, aunque persiste. Está detrás del hierro, que fue modelado en curvas sin mucho interés en la simetría. No obstante, sus formas son cuidadas: hay en ellas cierta tentación al caos. No son bosques como cualquier bosque. Son los bosques que vería quien los hace, quien los crea. Son bosques sometidos a una percepción: “Las inquietudes plásticas de Vejarano giran en torno a la transparencia y simultaneidad con la escultura —dice Ardila—. Para esto ha empleado la lámina de hierro que se puede doblar, recortar soldar y pintar; así ha pasado del plano al volumen que nos deja transitar por el bosque, que permite escondernos”.

* Casa Cano está ubicada en la carrera 7ª No. 69-45, barrio Quinta Camacho, y abre sus puertas desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

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