“Los libros no van por un lado y la vida por otro”

Entrevista con Juan Diego Mejía, escritor y director de Eventos del Libro de Medellín, que este año gira en torno al tema: Leer la vida.

Juan Diego Mejía nació en Medellín y estudió matemáticas en la Universidad Nacional. /David Campuzano
En Medellín acaba de ocurrir el primero de tres Eventos del Libro que acontecen durante el año: la Feria Popular Días del Libro. Este, de carácter local, se realiza hace nueve años por acuerdo del Concejo Municipal y participan libreros y editores independientes. En zona residencial, que un entretejo de árboles hace agradable y amplia, se registró un aproximado de 31.544 visitas durante dos días (24 y 25 de abril), cifra que posiblemente crecerá en la Parada Juvenil de Lectura, un segundo evento con 16 horas continuas de programación. El tercero y último es Fiesta del Libro y la Cultura. Los tres se gestan en torno a un tema, el de este año: Leer la vida.
 
Juan Diego Mejía, escritor y director de Eventos del Libro de Medellín (desde 2013), discurre en esta entrevista sobre el porqué está convencido de que un lugar late y se viste en piel. Además, de que no solo se narra con letras o palabras, también con la memoria y con dosis de olvido.
 
¿Por qué la vida?
 
Hace tres años pensamos en que había que poner un tema. ¿De qué vamos a hablar cuando convocamos a una multitud? Como esa cosa que les ocurre a los religiosos, que van y se reúnen alrededor de la fe para quedar livianos, salvados, casi santos; pienso en la razón con la que convoco, que es fe en la imaginación como una forma de superar la cotidianidad. 
 
La primera vez se nos ocurrió que el tema debía ser ‘la ciudad y los escritores’, porque nuestra ciudad tiene tantas caras que valía la pena verlas como las ven los demás en otros lugares del mundo y cómo las vemos nosotros. Después hablamos de ‘cruzar las fronteras’ pero enfrentados a un problema que nos estaba agobiando y nos agobia todavía: la violencia, la prohibición de cruzar de un territorio a otro. Y este año, que estamos viviendo un momento en la historia de Colombia, un capítulo de cómo vamos a vivir después de la guerra, y al pensar en que la palabra vida ha perdido significado y se gastó, la guerra la gastó  así como la palabra muerte,  entonces propusimos leerla. Leer la vida, mirarla con ojos de lector. 
 
La imagen que tienen los Eventos del Libro es de unas personas en movimiento y su piel son letras, una forma de decir: los seres vivos tienen mucho por contar. Todas las actividades van encaminadas a un llamado de atención. La palabra patria, por ejemplo, la gastó también un personaje de la vida pública y algún día tendremos que resignificarla.
 
Tal vez recuerde esta frase de Galeano por su reciente muerte: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.” La traigo a la conversación porque tal vez el tema del año pasado: cruzar las fronteras, y el de este: leer la vida, podrían ser una utopía en una ciudad como Medellín. ¿Qué piensa?
 
Si se pudiera hablar de utopía posible, que es una contradicción, de pronto. Yo creo en las utopías a la manera de Freud, que cuando hablaba de la religión se refería al porvenir de una ilusión. Una ilusión es algo que se mueve de verdad, que conserva la distancia, pero que uno sigue en pro de ella creyendo que la puede alcanzar. Yo creo que la vida no es tan inasible, tiene agarradera  para usar un término muy paisa  y está en las cosas más elementales. La vida no es más que un beso. Que la gente nos diga qué es. No puede ser una utopía, no creo, porque si lo fuera, sería como una derrota.
 
No me refiero a la vida en sí como utopía, tampoco a las fronteras. Es a la acción: leerla, cruzarlas, respectivamente, y en Medellín, además, en donde matan a una mujer por no pagar una vacuna de 3.000 pesos.
 
A veces me da miedo hablar como si fuera un político, pero de lo que estoy seguro es que si no somos capaces de convencer a la gente con un evento como cada uno de estos de que la vida es posible, fracasamos. A mí no me interesa que haya muchos autores, que compren muchos libros o que todos los auditorios estén llenos, tanto como que la gente crea en el mensaje. Por eso no te quiero comprar el planteamiento que haces, porque no le trabajaría a esto en caso de estar resignado.
 
¿Por qué está convencido? ¿Cree que los eventos de talante literario y cultural necesariamente deben comprometerse con temas semejantes?
 
Es a la ciudad. La historia reciente de Medellín, sobre todo la de los últimos 20 y 30 años, nos ha enseñado muchas cosas. Yo muchas veces me pregunto: ¿por qué la gente aquí hace filas para tomar un bus o para coger el metro en la estación más congestionada? ¿Por qué hacen filas eternas? Y es porque hay un aprendizaje. De alguna manera la vida aquí nos ha puesto pruebas que hemos superado, quiero decir, muchas de las personas que están haciendo la fila pueden estar pensando en alguno de sus muertos, en sus tragedias, pero hacen la fila tal vez como una esperanza. Tenemos la responsabilidad de reflexionar y de volver hechos cotidianos en temas de diálogo. Además, los libros no van por un lado y la vida por otro. No separemos la vida real de la imaginada o de la ficticia.
 
¿Considera que su cargo podría ocuparlo alguien que creyera más en la ‘distopía’ o un pesimista?
 
Sí, pero yo creo que la realidad, las ganas de vivir que tiene la gente, le demostrarían lo contrario. 
 
¿Por qué la vida y no la muerte siendo esta última una palabra que, según dijo, también está gastada?
 
Lo que pasa es que la muerte ya tuvo su momento de convocatoria. La muerte era como la palabra que reinaba en esta ciudad en los 80 y 90. Creo que a la gente no le gustaría oír una invitación alrededor de la muerte; todo lo que suene a muerte yo creo que se quiere olvidar, aunque no se olvide. Trataremos de que se ponga a la muerte en su justo lugar, de hecho, y por eso hablamos de un estado superior: yo no puedo olvidar a los muertos, pero sí superarlos, porque yo sigo vivo y de vivir se trata. 
 
¿En algún momento tuvo lugar la discusión?
 
Si el enfoque hubiera sido la memoria únicamente, que estuvimos tentados, pudo haber tenido un sabor más a muerte que a vida. La memoria debe estar convocada por la vida y no solo por la muerte. 
 
Sin discutir qué víctimas, ¿contemplan el que estas hagan parte de las programaciones que vendrán? La periodista Patricia Nieto, por ejemplo, ha dicho que la escritura alivia y aligera la carga, en estos casos…
 
Sabes que no es descabellado lo que estás diciendo porque hemos pensado con el Museo Casa de la Memoria en construir una programación que incluya a víctimas y en la que sus historias puedan ser leídas. Con Lucía González (directora) lo estamos haciendo posible. Así como tendremos a escritores, poetas, narradores orales, traductores y a artistas en los siguientes dos eventos, también dedicaremos un capítulo justamente a la memoria.
 
¿Cuál es el reto en adelante, especialmente para la Fiesta del Libro y la Cultura, consolidada como la cuarta feria de este tipo en Latinoamérica?
 
Me gustaría que la gente que no vive en Medellín aprendiera a leerla. A los antioqueños se les mira con cierto estereotipo –pero bien merecido además, porque hemos hecho cosas terribles, aunque también cosas muy buenas  y estamos preparados para ser leídos más desprevenidamente y la ciudad también lo está, porque tiene piel y en esta más letras de las que creemos. 
 
Algunos de los invitados a la 9ª Feria Popular Días del Libro fueron Stephen Ferry (EE.UU), Alberto Salcedo Ramos, Ana María Cano, Natalia Springer, Teresita Gómez, Nicolás Montero, entre otros.