Los libros perdidos de Oscar Wilde

De 3.000 ejemplares que el escritor británico tenía en su biblioteca, se conocen sólo 42. Fueron vendidos después de su encarcelamiento (a causa de su inclinación sexual) y son un mal recuerdo de su debacle.

Oscar Wilde en un retrato del fotógrafo estadounidense Napoleon Sarony, tomado alrededor de 1882. / Dominio público

Paul van Capelleveen, uno de los curadores de la Biblioteca Nacional de Holanda (La Haya), buscaba un libro del poeta inglés Richard Le Gallienne y, por azar, encontró una edición que el autor le había dedicado a Oscar Wilde. La dedicatoria, firmada en junio de 1894, era breve y directa. Su sorpresa venía, más bien, de la singularidad del libro: de los más de 3.000 volúmenes que conformaban la biblioteca personal de Wilde, sólo se conoce el paradero de 42 en colecciones privadas y públicas. El resto, simple y llanamente, está perdido.

Entregado a este encuentro fortuito, Capelleveen cavó en los registros de proveniencia de la biblioteca y encontró que otros cuatros libros habían sido adquiridos el mismo día y en el mismo lugar. No se nombraba a Wilde en ningún lugar. Los localizó y confirmó su sospecha: pertenecían a Wilde. Algunos estaban dedicados al autor y otros tenían, escrito en lápiz su lugar de origen: “De la biblioteca de Oscar Wilde”.

Los ejemplares, que registran la amistad que unía a Wilde con escritores ingleses y franceses (dominaba el francés desde su niñez y moriría en París), son testimonio del injusto juzgamiento en su contra, desarrollado en mayo de 1895, por su condición sexual. Wilde, que entonces ya había publicado obras como El retrato de Dorian Gray y Una mujer sin importancia, tenía un romance con Alfred Douglas, hijo de John Douglas, marqués de Queensberry. Un juicio impulsado por el marqués, y que se convirtió en un suceso popular, llevó a Wilde a la cárcel en 1895 por “comportamiento sexual indecente”. Sodomía era el nombre más directo de su aparente delito.

Desde ese momento, Wilde decayó. Su esposa y su hijo cambiaron sus apellidos, entró en bancarrota, vendió su propiedad y todos sus bienes para mantener una defensa costosa. Entre aquellos bienes se encontraba su biblioteca. La subasta ocurrió el 24 de abril de 1895 a la una de la tarde. Además de los “valiosos libros”, como refería el aviso de subasta, se ofrecieron porcelanas chinas, curiosidades moriscas y orientales, un reloj de oro molido y artículos en plata. Un tal señor Bullock se encargó de moderar la venta.

Capelleveen, en un artículo en el blog titulado Charles Ricketts y Charles Shannon, escribe: “Las obras con dedicatorias fueron dañadas (...). Los nuevos propietarios borraron aquellas inscripciones de los libros para evitar cualquier conexión con el ahora notorio autor. Muchas copias fueron mutiladas y ya no hay modo de relacionarlas con la colección de Wilde. Paquetes de libros fueron vendidos por pequeñas sumas, sobre todo a distribuidores, y nunca sus libros fueron puestos en las tiendas de Londres. La biblioteca de Wilde, con todas sus connotaciones literarias, fue destruida”. Wilde pasó dos años en la cárcel, escribió un poema lírico y una epístola. Escapó a París, enfermó de meningitis y murió, solo y pobre, el 30 de noviembre de 1900. Su tumba, en el cementerio de Père Lachaise, está cubierta por una urna de vidrio para evitar daños.

Cartas de Cecil Standish (1893), Alladine et Polomides, Intérieur, et La Mort de Tintagiles (1984) de Maurice Maeterlinck; Prose Fancies (1894), de Richard Le Gallienne; Songs of Adieu (1889), de Lord Henry Somerset, y Poems and Translations (1889), de W.J. Linton, fueron los cinco títulos que encontró Capelleveen después de indagar en las compras que la biblioteca había hecho entre 1895 y 1896. El libro más costoso, justo el de Le Gallienne, fue de 18,10 libras de ese entonces. Los ejemplares fueron trasladados a la sección de rarezas de la biblioteca.

 

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