Los límites de la realidad

Expertos determinan que la fotografía tomada por Paul Hansen es válida. ¿Hasta dónde es permitido el retoque a una imagen?

Un visitante de la exposición en Hamburgo, Alemania, en la que se presentan las fotos ganadoras del World Press Photo. Se observa la imagen ganadora de Paul Hansen, elegida como fotografía del año. /  EFE
Un visitante de la exposición en Hamburgo, Alemania, en la que se presentan las fotos ganadoras del World Press Photo. Se observa la imagen ganadora de Paul Hansen, elegida como fotografía del año. / EFE

La polémica alrededor de la imagen del fotógrafo sueco Paul Hansen, ganadora del World Press Photo de este año, parece ir más allá de la discusión acerca de la falsificación, o no, de la fotografía.

Después de un análisis forense, un estudio digital emprendido por al menos dos expertos independientes convocados por la misma organización del World Press, el veredicto final es que la fotografía no es una composición (la mezcla de dos o más imágenes), aunque sí resulta claro que sufrió un extenso proceso de posproducción.

Un primer análisis de la imagen, publicado por el portal en línea Extreme Tech, aseguraba que era la suma de tres fotografías retocadas en Photoshop, una violación de una de las reglas más claras del concurso: no puede haber una alteración en los contenidos de la fotografía, el traslado de los píxeles de esta, algo que evidentemente invalida el uso de varios cuadros para componer una única foto.

Más allá de esta especificación, los parámetros del concurso parecen algo difusos, pues el retoque de las fotografías, la posproducción de las mismas, es aceptable mientras no viole los estándares aceptados por la industria. ¿Qué es eso? ¿Un libro con reglas y puntos de quiebre? ¿La simple apreciación de una mayoría?

En medio de la polémica y los análisis, la fotografía de Hansen fue comparada con una toma similar de otro reportero gráfico presente en el mismo lugar, a la misma hora. El resultado es que la imagen ganadora del World Press resulta más interesante y atractiva por el manejo de la luz, la forma casi surrealista (un término empleado repetidamente para referirse a la imagen) en la que los rostros de los familiares de los niños muertos quedan resaltados por la iluminación del lugar.

En un reportaje la revista alemana Der Spiegel daba cuenta del trabajo de Claudio Palmisano, un experto en retoque fotográfico que cuenta entre sus clientes a fotógrafos como James Nachtwey, considerado uno de los mejores reporteros gráficos de guerra de todos los tiempos. Las técnicas empleadas por Palmisano, según sus propias palabras, no cruzan el umbral de la alteración del contenido de la imagen, pero sí le añaden un cierto tono, una especie de dramatismo al trabajo de sus clientes.

Lo sucedido con la foto de Hansen puede estar relacionado con una forma emergente de analizar la fotografía; tal vez, incluso, la instalación de otro sentido estético para interactuar con las imágenes de un mundo pleno de drama y, también, de fotógrafos y fotografías.

El retoque de la fotografía de prensa no es un asunto nuevo, aunque tal vez sí potenciado por el manejo digital de la imagen. Sin embargo, más que las herramientas, lo que llama la atención en el debate del World Press Photo son las intenciones: las motivaciones que privilegian un manejo lumínico por encima de otro, una expresión dramática por encima de otra. En últimas, lo que podría estar en discusión es el umbral que define qué es una gran foto y qué es una imagen “plana”.

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@troskiller

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