'Los living'

Una historia protagonizada por Nito, un niño nacido el día que murió Juan Domingo Perón, en julio de 1974. Editado por Anagrama, este libro le valió al autor el Premio Herralde de Novela.

Martín Caparrós, autor de libros como ‘El interior’.  / Archivo - El Espectador
Martín Caparrós, autor de libros como ‘El interior’. / Archivo - El Espectador

Cuando paso por debajo del puente del Obispo en el barrio Gótico de Barcelona pido un deseo. Es una leyenda urbana que vivo casi cada día y de la que nadie ha dado especificaciones acerca del tipo de deseo, como tampoco de los que se piden en las fuentes, por ejemplo la de la plaza de San Felipe Neri, construida encima de un cementerio medieval y ubicada en el mismo barrio. Sin embargo, sí existe una regla al entrar por primera vez a una iglesia: se supone que se debe pedir por el “buen morir”, el propio, en cualquier caso nada material. Así que voy acumulando deseos cada vez que paso por estos lugares y lo seguiré haciendo, mucho más después de terminar de leer Los living, de Martín Caparrós.

¿Cómo digo de qué se trata este libro sin dañar la historia? Es la voz de un niño apodado Nito, que nace el día de la muerte de Juan Domingo Perón, que se hace hombre a través de cada página, ensaya diferentes tipos de muerte, está marcado especialmente por la de su padre y tiene el don de crearla tal y como los tarotistas “crean” futuros. Nito se hace inmortal a su manera cuando participa en un proyecto relacionado con la forma en que los seres humanos se relacionan con la muerte. También diría que es de esos libros en los que al llegar a ciertas partes casi no importa qué sigue después porque hasta ahí va perfecto —como cuando el protagonista le escribe una carta a la persona que mató a su padre—, sin embargo, se sigue y se termina con la misma sensación de asombro, humor y unión de dos mundos.

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) obtuvo el Premio Herralde de Novela 2011 por Los living y antes de este reconocimiento recibió el Premio Planeta Latinoamérica y Premio Rey de España. Hace unos meses estuvo en Barcelona, en donde dio una charla sobre relatos de viajes junto al escritor Jorge Carrión en la Casa América de Cataluña y dictó un taller llamado “La descripción, el patito feo de la escritura” a los alumnos de la Universidad Pompeu Fabra. La charla empezó con una pregunta: “¿Saben qué pasó hoy hace 80 años?”. Nadie respondió. Martín Caparrós inspira una especie de temor-respeto. Era 10 de mayo y nos explicó que se refería a la quema de libros ocurrida en Alemania en 1933. “Ahora ese lugar lo ocupan las editoriales, cuando queman los que no venden”. Estoy segura de que Caparrós no tiene problemas de este tipo, y si acaso los tuviera pondría en práctica lo que nos dijo a los asistentes del taller al darnos ánimos para seguir escribiendo: “Hacerlo como si nadie te fuera a leer”, refiriéndose al miedo a la crítica y a fortalecer la fidelidad a uno mismo y a sus ideas. Al final de la charla me quedé con el respeto, el temor lo dejé atrás.

Al preguntarle a la gente cómo quiere morir existe una tendencia: casi todos desean hacerlo de viejos, rodeados de sus familiares. Para otras personas el simple hecho de pensarlo los espanta, o los tranquiliza, y para otros sencillamente no tiene relevancia: se desaparece y es todo. Mi papá quiere morirse con un libro en las manos, pues para él leer significa anotar goles y goles, uno tras otro. Precisamente una de sus últimas lecturas fue Boquita (Planeta, 2005), de Martín Caparrós, una visión del equipo argentino Boca Juniors.

Sobre el tema de cómo y cuándo morirse hay un capítulo en donde el protagonista de Los living, Nito, reflexiona ante un estadio lleno de gente. Es un capítulo decisivo y de algún modo la unión de las dos partes en las que está dividida la novela: la vida de Nito y el proyecto en el que trabajan él, Carpanta y Titina, para evitar “ser olvidados como se olvida ese gol inolvidable”, como dice el personaje principal. Para mí este libro es la unión de la ficción a la ficción-ficción en clave de humor, inteligencia y sencillez. Es el más allá de la relación que se tiene con la muerte.

A la última iglesia que entré fue a la de La Merced, una de las patronas de Barcelona. A pocas cuadras de casi cualquier punto de la ciudad siempre hay una iglesia, una nueva a la que nunca he entrado. De las treinta y tres que sé que existen aquí sólo he visitado cinco, por lo que me quedan deseos pendientes, esto sin contar las fuentes de las plazas. Tener deseos pendientes sobre la muerte parecería algo macabro, sin embargo, lo es más pensar en las diferentes formas de morir vistas o imaginadas, en las muertes reales, ya sean las de la plaza de San Felipe Neri con sus marcas de balas en las paredes de la iglesia o las de la guerra de cualquier parte del mundo.

BARCELONA

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Isabel-Cristina Arenas /

Cultura

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