Los rollos ocultos del doctor Restrepo

Con las imágenes que su abuelo Roberto capturó entre los años 30 y 50, Ricardo Restrepo realizó un documental que muestra la antigua Bogotá y la desgracia del 9 de abril.

El médico Roberto Restrepo en un retrato tomado en Manizales. / Fotos: Cortesía Señal Colombia

De vez en vez, a lo largo de tres décadas, Ricardo Restrepo escuchó a sus padres y a su abuela decir que su abuelo, Roberto Restrepo, había filmado en Bogotá y Santa Marta y Neiva y Medellín. A lo largo de tres décadas escuchó la misma respuesta cuando preguntaba dónde estaban los rollos: no se sabe, quizá allí, quizá allá. Roberto Restrepo, de profesión médico, pero también periodista y escritor, murió antes de que Ricardo naciera. Su imagen, entonces, le vino a través de las palabras de otros y de tiempo en tiempo se colaba entre las de su propio abuelo, que escribió sobre política y dejó testimonio, en sus diarios, de su experiencia durante el 9 de abril de 1948, ese día en que hombres y mujeres, niños y viejos, desvalidos y violentos ocuparon las calles, quebraron los vidrios, atizaron el fuego de los tranvías, asesinaron a desbandada, rompieron con todo.

Los rollos, sin embargo, no aparecieron durante treinta años.

En ese período, Ricardo Restrepo los buscó de manera intermitente, pero con la insistencia propia de las obsesiones genuinas: primero en la casa de su abuela, también en los archivos familiares. En 2013 tuvo que desocupar el consultorio de su padre, en bodegas. Y el azar trajo los rollos después de tanto tiempo. “Sorpresa —dice Restrepo—: nunca supimos cómo llegaron allá. Fueron 24 rollos de 400 pies, cinco horas y pico de grabación”.

Por todo cuanto le habían contado, tenía una idea de qué había en los rollos, sobre todo una idea: las imágenes del Bogotazo. Cuando se mudó a Bogotá, el doctor Restrepo se instaló a pocas cuadras del lugar donde asesinaron a Gaitán, de modo que, justo cuando empezaron a agitarse las banderas y todos se lanzaron por la carrera Séptima hacia el sur, en busca de venganza, en busca de ser otros, más opulentos y boyantes, el doctor Restrepo pudo filmar todo cuanto sucedía. ¿Qué había en aquellos rollos? ¿Qué sorpresas adicionales traería el azar? “Era un gusanito que tenía royéndome las entrañas desde hace muchos años —dice Restrepo, el director—. Sabía que el abuelo tenía imágenes sobre el 9 de abril. Tiene que ser increíble lo que hay ahí, me dije. Sí, quería hacer una película sobre el 9 de abril”. Y entonces fue: Cesó la horrible noche, un documental de 22 minutos.

La sorpresa inicial siempre suele ser la más inocente: Restrepo, el director, encontró en estos rollos un material que supera, en muchos sentidos, el que ya ha sido expuesto sobre el acontecimiento. El movimiento a color crea un retrato más real, menos imaginado: allí están las caras de odio, la fuerza, el impulso de una turba dolorosa. Está la ciudad que se desvanece y también la ciudad ya desvanecida. En Mataron a Gaitán, Herbert Braun recuerda el testimonio de un empleado de la Embajada de Estados Unidos que estaba por entonces en la ciudad: decía que Bogotá parecía una de las urbes bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial, que el desastre era infinito y grisáceo. Cesó la horrible noche es la comprobación tangible de aquel recuerdo.

Con los rollos en su poder, Restrepo trabajó durante cinco meses con un equipo conformado por Patricia Ayala (directora de Don Ca), José Jairo Flórez, Aarón Moreno y Enrico Mandirola. Digitalizaron todo el material e hicieron una limpieza de la imagen: la idea era que el documental se desarrollara por su propio peso. De ese modo convirtieron cinco horas en 22 minutos que retratan también las marcadas diferencias sociales de la ciudad y sus alrededores: antes del Bogotazo, el doctor Restrepo filmó a las gentes de la ciudad y el campo, unos con traje de corte inglés, otros descalzos sobre el pavimento. Es el retrato de caras y gestos que ya no existen pero viven de nuevo.

¿Qué existe, entonces, en los rollos restantes? “El abuelo recorría todo el país —dice Restrepo—, era un viajero empedernido”. En casi 20 años, el doctor Restrepo, con una cámara Bolex que su nieto heredó cuando decidió estudiar cine, retrató las ciudades y los pueblos: Cali, Medellín, San Agustín, Manizales. Allí están, cuenta Restrepo, los retratos en movimiento de los años 40 en las calles. No son filmes, no hay historias: es la vida misma puesta en el celuloide. Dicho material será utilizado en un largometraje centrado en la vida del doctor Restrepo, que no carece de interés: fue un crítico constante de la política en Colombia, de las abultadas diferencias sociales, escribió sobre cuestiones idiomáticas y atrapó en palabras cuanto sucedió en su tiempo. Su vida merece también un filme.

Del Bogotazo se han conservado fotografías y videos breves, resguardados por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano: en uno de ellos, un grupo de hombres arrastra el cadáver de Juan Roa Sierra, supuesto asesino de Gaitán, con la carne al aire, que terminaría al frente del Capitolio, torcido sobre el suelo. Todos estos son testimonios en blanco y negro que recogieron Sady González, Leo Matiz y Manuel H., y que en varias ocasiones han sido expuestos en muestras que recuerdan el día 9. Ellos muestran, a su modo, movimiento, el franco rencor que desenvainaron los bogotanos al mismo tiempo que saldaban cuentas con un estamento que estaba en su contra. Cesó la horrible noche, sin embargo, lleva ese concepto más allá: en sus imágenes están los lugares que los bogotanos de hoy han recorrido una y cien veces, pero es otra arquitectura y otras son también las caras de los bogotanos que caminan por esas calles. Esa diferencia abrumadora, dada por la locura y el hambre de saquear, es el punto esencial del documental.

Las letras también han buscado una respuesta al desorden original: además de la obra de Braun, el investigador Arturo Alape recogió una serie de testimonios que dan una imagen nítida del impacto de esa tarde. Una serie de novelas, que rezuman más denuncia política que ambición estética, retrataron los tipos más comunes de ese entonces: aquellos que inmigraron de los campos a las ciudades, aquellos que vieron cómo los oficios de la violencia zumbaban hasta en las orejas más escondidas. Pero las letras siempre dejan un margen a la hipérbole y ensanchan la realidad. Cesó la horrible noche es, en cambio, una afirmación directa de la barbaridad.

 

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Cesó la horrible noche será transmitido hoy, 11 de abril, a las 9 de la noche por Señal Colombia. Visite también nuestro especial sobre el Bogotazo en www.elespectador.com.

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