Los sabuesos de la información

Un recorrido por la trayectoria de los periodistas Ignacio Gómez y Felipe Romero, quienes por su experiencia saben determinar dónde hay una buena historia que contar.

Ignacio Gómez (izquierda) y Felipe Romero (derecha).

Innumerables borradores arrugados en el suelo, páginas enteras esperando por el visto bueno y libros empolvados en un estante contra la pared. La frustración podía percibirse en el aire, el ambiente tenso no permitía que fluyeran las ideas y ya no bastaba mirar por la ventana para encontrar alguna distracción que trajera de nuevo la inspiración para escribir.

Por el momento solo bastaba rondar por la habitación. Cómo decir la verdad frente a un país que no quiere saber más de guerra, de corrupción, de muerte, de violencia. Un país en el que desaparecen periodistas por decir la verdad. Un país en el que sólo los valientes se atreven a desmantelar la corrupción y a investigar a fondo los hechos, para sacar a la luz una verdadera historia, una historia llena de realidad, una historia que merece ser contada.

"Una historia que se apodere de los latidos de quien la lee, la ve o la escucha". Ignacio Gómez y Felipe Romero son dos hombres valientes. Aunque sus trayectorias y edades son distintas, ambos tienen en común una característica muy especial: ‘Son periodistas’.

Ignacio Gómez, subdirector de Noticias Uno y Presidente de la Fundación para la Libertad de Prensa, se muestra detrás de sus lentes como un hombre decidido, valeroso y audaz, que ama su trabajo y la verdad. Considera que el periodismo no contribuye a la paz, sino que representa la construcción misma de esta, ya que cuando alguien puede expresar sus ideas con libertad, no hay lugar para el conflicto.

Este guardián del periodismo no solo protege y defiende a quienes se atreven a ejercer esta dura profesión, sino que continúa luchando a capa y espada por sus principios y por la libertad de prensa colombiana.

A pesar de las múltiples amenazas y de haber sido exiliado en tres ocasiones, Ignacio Gómez no considera el silencio como una opción, ya que al callar la voz del periodista, se calla en realidad la voz del pueblo, y esto no debe permitirse.

Por otra parte, el periodista Felipe Romero, escritor de dos reconocidas investigaciones periodísticas tituladas: GETTE, la herencia malditaEl cartel de la contratación es un investigador incansable que rastrea la verdad y lucha contra la corrupción.

Romero considera que la responsabilidad del periodista es informar con la verdad y para lograr dicho objetivo, este debe valerse de su arma más poderosa, que es
sin lugar a dudas: ‘el rigor’.

Contar una buena historia requiere grandes esfuerzos, pero sobre todo requiere de perspicacia, cualidad que Felipe Romero posee indiscutiblemente.

Estos dos personajes tienen tan desarrollado el olfato periodístico que podríamos llamarlos “Los sabuesos de la información”. Ellos determinan dónde hay una buena historia que contar, ‘no cubren la noticia, la descubren’, y llegan al fondo del asunto para brindar a la sociedad colombiana una información veraz, clara y directa.
Que labor más extenuante que luchar contra la corrupción, luchar contra las amenazas de muerte y contra grupos con alto poder económico y político del país.

Para los sabuesos de la información, debe ser increíblemente tensionante salir a la esquina sin dejar de ver hacia atrás por miedo a que se cumpla alguna de las muchas amenazas de muerte que a diario sofocan la vida de algunos periodistas colombianos. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) revela en sus estudios, que desde 1977 hasta el presente año, 152 periodistas han sido asesinados, lo cual posiciona a Colombia como uno de los países más peligrosos para ejercer esta profesión.

Al preguntar si vale la pena tanto riesgo, Gómez responde con una mirada directa y un pequeño esbozo de sonrisa: “Yo sigo haciendo mi trabajo para que la señora del Carulla me felicite, o para que otra señora me coja en la calle a carterazos porque no le gustó como dije alguna cosa”.

La historia cobra vida…

Luego de dar mil vueltas en la habitación, el periodista ya sabe cómo iniciar su noticia. Ha hecho imaginariamente un rompe cabezas, que por fin encaja a la perfección, cada hecho, cada personaje, cada información tienen su lugar dentro del texto y de esta forma su investigación cobra vida y se apodera de los latidos de los lectores, que esperan ansiosos esta primicia.

Aún no sabe si la opinión pública se abalanzará como un montón de carroñeros enfurecidos por atreverse a sacar esta información a la luz, o si por el contrario, lo llenarán de flores, aplausos y felicitaciones por su arduo trabajo.

Pero precisamente ese es el riesgo de hablar con la verdad… ese el riesgo de ser un buen periodista.

Transformar el rumbo del país, mejorar las condiciones de vida de la población colombiana y ser la voz de quienes no pueden expresarse, son algunos de los riesgos que un periodista debe estar dispuesto a correr.