Los susurros visuales de Adolfo Bernal

La curadora e historiadora del arte Paula Bossa presenta en Casas Riegner la obra de uno de los pioneros del conceptualismo en Colombia.

Vista general de la exposición de Adolfo Bernal. / Óscar Monsalve

La exposición “Quien tenga ojos para ver que vea” hace un recorrido por varios de los proyectos más representativos de Adolfo Bernal (Medellín, 1957-2008). La frase que le da el título fue extraída de uno de los tantos poemas que escribió el artista. Paula Bossa, curadora del proyecto, nos invita a abrir los ojos para encontrarnos con la esencia de su obra. Bernal fue un hombre formado en el periodismo, el diseño gráfico, en guión y dramaturgia, y con una experiencia importante en la publicidad, campos de acción que despertaron su interés por la comunicación visual y el lugar de ésta en la sociedad. Sus propuestas marcaron una ruptura en el arte y sus acciones e intervenciones urbanas lo convirtieron en uno de los primeros en sacar el arte a las calles y en impulsar apuestas conceptuales en la década del setenta. Bossa, especialista en el estudio del conceptualismo, nos entrega los indicios de lo que fue el proceso de investigación que soporta el relato curatorial. 

¿Por qué considera pertinente la realización de esta exposición en el contexto actual?
Me parece muy importante prestarles atención a los artistas que sentaron precedentes en la década del setenta con apuestas críticas que cuestionaron a la sociedad de la época y las dinámicas mismas del campo del arte. Hace unos años hice una investigación sobre Antonio Caro y eso me marcó para seguir indagando sobre el conceptualismo en Colombia. Entonces, en conversaciones con Catalina Casas, directora de la galería, decidimos que Bernal era un personaje que merecía ser revisado. Sabemos que los setenta representaron años de ruptura y fue gracias a esos cambios que se dio inicio a la configuración de lenguajes visuales que volcaron el arte a otros espacios y públicos. Volver a poner sobre la mesa la obra de Bernal es volver a pensar en cómo se gestó una idea de contemporaneidad en el arte local y, obviamente, reconocer y divulgar la maestría de sus ideas.
 
¿Cuál fue el objetivo principal al proyectar la exposición?
En 2012 dimos inicio a las gestiones para acceder al archivo que condensa el trabajo del artista. Bernal nos había abandonado en 2008 y la última exposición sobre su trabajo la había realizado José Roca en el marco del Encuentro Internacional de Medellín 2007. Nos dimos cuenta de que luego de ese año no se había hecho un proyecto revelador con su obra. Entonces decidimos hacerle una exposición individual siete años después de su muerte con el firme propósito de visibilizar sus creaciones. Sus apuestas se salieron de los lugares de exhibición convencionales y tuvieron lugar en el espacio público, actos creativos que Bernal categorizó como “susurros urbanos”. Valía la pena entonces volver a pensar en el origen y desarrollo de sus ideas: cómo de la intimidad que encarna el ejercicio de la poesía salió a la calle a ejecutar acciones artísticas que —sin perder el tono poético— irrumpieron la cotidianidad y cuestionaron el lugar de la imagen y la palabra como productos culturales.
 
Cuéntenos un poco sobre el proceso de investigación y los retos que éste le representó.
Me contacté con los hermanos de Adolfo, Felipe y Nora Bernal, quienes son los encargados de su legado, y así logré acceder al material de archivo y a entrevistas con personajes claves. Cuando empecé a estudiar el contenido del archivo, me di cuenta de que la naturaleza de éste es muy coherente con lo que había sido el trabajo de Bernal. Por el carácter efímero de su obra, la mayoría del material no está en un estricto estado de conservación, pues él no tenía un interés particular por eso, sino por lo que pasaba in situ con sus obras. Entonces hallé recortes de prensa, carteles de sus intervenciones doblados o desgastados, material fotográfico del registro de sus proyectos y correspondencia. En ese instante empezó mi reto como curadora, pues tuve que buscar la manera de armar el relato con lo que había y descubrir su valor. Finalmente, el gran hallazgo para proyectar la exposición fue el libro de poemas Antes del día (1976), creo que ahí me encontré de frente con el artista, por decirlo de alguna manera.
 
Es por eso que “Antes del día” es el eje de la exposición. ¿Cómo llega al relato curatorial que vemos en la muestra?
Es importante reiterar que las decisiones que tomé están soportadas en el material del archivo y en las conversaciones con quienes hicieron parte de su vida y de sus procesos creativos. Eso me llevó a concentrarme en la producción de Bernal como poeta, en su maestría con el uso de la palabra y en su poder de síntesis. Es ahí cuando su poemario Antes del día, escrito cuando tenía 22 años, se convirtió en la pieza clave del montaje. Ese poemario impreso en folios independientes me entrega pistas de lo que fueron sus creaciones posteriores, en las que las palabras y sus formas se convirtieron en imágenes de gran potencia. Entonces decidí hacer una selección de los poemas y exhibirlos a manera de piezas visuales; éstos, una vez montados, propulsan una serie de conexiones formales y de contenido con las otras obras.
 
Me ha dicho que a raíz de esa decisión curatorial el público la ha cuestionado por el lugar del poemario en la muestra. Cuéntenos al respecto.
Una de las preguntas que me han hecho es si al poemario lo estoy considerando una obra plástica, cuestión muy interesante que me sigue dando vueltas, porque surge a partir de la estrategia de exhibir los folios enmarcados tomándome una pared de la sala exclusivamente para ello. Asumí el riesgo como curadora y ahí están esos hermosos poemas diciéndonos cosas sobre el artista que fue Adolfo Bernal. Obvio, la decisión fue un riesgo y la asumí porque en medio de mi investigación descubrí el deseo de Bernal por escribir poemas de una o dos palabras, y creo que fue precisamente esa búsqueda de síntesis y abstracción la que lo condujo a producir imágenes que se puedan leer o percibir como poesías visuales. Esos poemas encarnan para mí una de las matrices de los inicios de Adolfo como artista plástico. Otra estrategia fue rehacer en Bogotá la acción que Bernal ejecutó en Medellín en 1975, que consistió en pegar papeles por toda de la ciudad con la palabra IMAGEN. El relato que planteo abre con el video que registró la repetición de esta iniciativa.
 
¿Qué proyectos tiene la galería con la obra de Adolfo Bernal?
Está en curso la producción de un libro que reúne textos de diferentes autores conocedores del trabajo de Bernal en el marco de las claves que la investigación curatorial arrojó. En adelante, la galería representará al artista con el propósito de divulgar su trabajo y promover su legado con proyectos que abran nuevas lecturas sobre los relatos de las décadas en las que el conceptualismo y las nuevas formas visuales se gestaron en Colombia. Se hará la respectiva labor de catalogación, de digitalización del material de archivo y la proyección expositiva y comercial que el artista merece.
 
En 2007 Adolfo Bernal cerró el Encuentro Internacional de Medellín con una acción en la que lanzó desde un helicóptero una especie de volantes que llevaban impresa la expresión THE END, hecho que adquirió un carácter simbólico, pues el artista moriría meses después. En la exposición de Casas Riegner, algunos de esos papeles están tirados en un rincón como homenaje a ese momento. La muestra estará abierta hasta el 30 de abril y quienes la visiten tendrán además la oportunidad de encontrarse con la obra de Jullius Köller (1939-2007) en la sala contigua, un artista conceptual eslovaco cuyo proyecto dialoga muy bien con algunas de las ideas que encierra la obra de Bernal, obviamente midiendo las proporciones de los contextos en los que cada artista desarrolló su trabajo.
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