Cine Canadá 2017

Louis Bélanger: una mirada a la cotidianidad

La primera muestra de cine canadiense, que estará en cinco ciudades del país hasta el 5 de julio, presenta una retrospectiva del director Louis Bélanger. Su trabajo se destaca por ser una observación de la realidad representada a través de la comedia.

El director canadiense Louis Bélanger estuvo en Bogotá como parte de la muestra Cine Canadá 2017. / Cristian Garavito

Las películas de Louis Bélanger son el resultado de la observación de la cotidianidad. Son el intento diario de encontrar un sentido a la vida a través de pequeñas acciones que en conjunto se pueden convertir en grandes transformaciones. Son un diálogo con el espectador que pretende que este se conmueva y divierta al mismo tiempo.

“Nunca quise ser director de cine. Yo quería ser periodista. Pero un día un profesor me dijo: ‘Tú no tienes que ser periodista porque no buscas la verdad, sino que cuentas historias’”. Esta fue la frase que cambió la dirección de su vida. Dejó de ser el autor de las noticias que aparecen a diario en televisión, radio y prensa y se convirtió en el personaje que todos querían entrevistar para entender su forma de concebir el cine.

Su sensibilidad por el entorno lo hizo visibilizar en sus primeros años como director la vida de los inmigrantes que llegan a Montreal desde países asiáticos. En el segundo corto quiso encontrar una respuesta a la pregunta por cómo es envejecer en medio de la soledad. Esas cintas, grabadas entre amigos, fueron una muestra de lo que estaba ocurriendo en la década del 80 en Canadá.

Bélanger, así como otros directores contemporáneos, estuvo en medio de la transición tecnológica que llegó al cine. En 1986, época en la que grabó sus primeras películas, se encontró con las cámaras de video, las mismas que le cumplieron el deseo de ver cada una de las secuencias en tiempo real, por lo que dejo la cámara tradicional de película fotográfica, que le impedía ver los planos y lo obligaba a confiar plenamente en su camarógrafo.

“En ese momento se vivía el movimiento punk en Canadá. Quería decir y hacer cosas de forma rápida y el video me lo permitía. Sentía que podía controlar la imagen y hacerlo como quisiera. Esto lo cambio todo porque en el cine trabajar con cinta te establece todo un protocolo. Por ejemplo, si no eras un camarógrafo con mucha experiencia no podías hacerlo, en cambio con el video podía ser cámara y director al mismo tiempo. Eso me dio mayor libertad a la hora de hacer mis propias películas”.

Esos procesos de experimentación también lo han llevado a estar al otro lado de la cámara, a ser actor, rol en el que, según dice, se entrega por completo y abandona toda su locura por el control. Se ríe y reitera: soy un loco total por el control.

Quiere que cada escena salga en la primera o segunda toma, le gusta que los actores tengan las energías suficientes que requiere cada personaje, por lo que después de tener el montaje del set se reúne solamente con ellos y prepara la secuencia. “Soy el primer defensor del público en el set, por lo que es importante que la energía que quiero se mantenga en la película, quiero que el público sienta lo que yo estoy sintiendo”.

Bajo esa misma idea se sienta a escribir sus películas. Sí, además de dirigir también es guionista, se roba pequeñas historias de la vida a las que les puede dedicar hasta tres años para finalmente verlas en la gran pantalla. Para él, escribir es lanzarse al vacío, es atreverse a crear personajes que incluso hacen cosas con las que no está de acuerdo y aun así respetar que sólo son eso, los protagonistas de otra vida.

Al momento del rodaje todo se mantiene como está escrito, algunos diálogos cambian, pero sin alterar la estructura. Es preciso con las escenas y secuencias que quiere. En la edición todo se mantiene igual a la idea original del guion. Bélanger no da espacio para jugar con sus películas.

A lo que no se mantiene fiel es esa idea que tenemos de que el cine canadiense se enfoca únicamente en los dramas. Él es una muestra de que en Canadá también se hacen comedias. El problema es que éstas no trascienden a otros países, por lo que se crean ideas equívocas. Sus cintas también combinan el género dramático con el romance y la aventura.

“El cine canadiense reposó mucho tiempo sobre los hombros de directores como David Cronenberg, pero ahora se está viendo que propuestas como las de Xavier Dolan están poniendo el cine de Canadá en los ojos de todo el mundo. Creo que el problema de no conocer las nuevas propuestas entre cada país es el tema de la distribución y hay que encontrar nuevas formas para combatir esto. Puede que hasta las nuevas plataformas aporten algo”.

— Después del debate que surgió en el Festival de Cannes por plataformas de distribución como Netflix. ¿Cree que estas vienen a ser un aliado del cine independiente?

—Definitivamente sí. Me hubiera gustado tener esas plataformas cuando hacía mis primeros cortometrajes. En esa época nos tocaba alquilar casas o sótanos para hacer proyecciones. Ahora los jóvenes tienen más posibilidades para circular y ver qué piensa la gente. La dificultad es que en algunos casos eso no te permite tener un ingreso fijo. Por lo que el problema es: hay más posibilidades de circular pero menos posibilidades de ingresos.

Después de 30 años de estar trabajando en cine, paradójicamente ha regresado a las producciones grabadas en 35 milímetros. Se ha dejado llevar por ese gesto romántico del cine de película y en su más reciente producción, lo tradicional y contemporáneo se han unido en su gesto por encontrarle sentido a lo cotidiano. El cine, para Louis Bélanger, es una búsqueda de la felicidad y de la dignidad humana.

*En la retrospectiva a Louis Bélanger se proyectarán las películas:”Post Mortem” (1999), “Gaz Bar Blues”(2003), “The Timekeeper” (2009) y “Las malas hierbas”(2016).