Lucía Pulido, la voz colombiana que triunfa en el mundo

Con su original estilo experimental, la voz del Colectivo Colombia se abre camino en la escena internacional abordando las particularidades de las cantadoras del Pacífico y del Caribe colombianos. Hablamos con ella.

Lucía Pulido dice que estar radicada en Estados Unidos la ha vinculado más con los sonidos colombianos. / Andres Londoño

 “Estas dos viejas están borrachas”, fue lo primero que pensó Lucía Pulido al escuchar a los once años a Violeta Parra cantando junto a su hermana. Una satisfacción inmediata le generó el hecho de aproximarse a sus voces en un casete, con el que sabía que ellas “la estaban pasando buenísimo” y que, por consiguiente, esto era lo que quería hacer por el resto de su vida. Cantar con el compromiso de disfrutar la música.

Estudió licenciatura en música en la Universidad Pedagógica, con la obsesión de cantar. Luego, influenciada por un amigo, se convirtió en la vocalista de un grupo formado por estudiantes de arquitectura, entre los que se encontraba Iván Benavides, junto a quien conformaría el dueto Iván & Lucía.

Viajó a Nueva York en 1994, con la intención de aprender a usar la voz, a cantar bonito, pero pronto supo que “todo lo que hay que entender es el potencial de la voz, lo que se puede hacer, lo que te gusta hacer, y cómo cada experiencia es una posibilidad de empezar a reinterpretar y a recrear”, dice.

En Estados Unidos se unió más a la música colombiana. Con un estilo original se ha apropiado tanto de joropos como de alabaos, que en estos últimos 20 años de carrera la han llevado a compartir escenario con músicos electrónicos y experimentales como Christian Fennesz y Burkhard Stangl y festivales como el Lincoln Center Out of Doors y la serie de conciertos del Carnegie Hall.

¿Cómo se dio su acercamiento a la música tradicional de los Llanos Orientales?

Es una vivencia inconsciente. Había un ambiente muy musical en mi casa. Mi papá cantaba y tocaba la música de la región. Además era una época en la que no había mucha señal de televisión ni de radio y solamente llegaban emisoras de Venezuela. Todo eso marca y fluye naturalmente, es como una base con los ritmos tradicionales y populares de Colombia.

¿Y la música del Pacífico y el Caribe colombianos?

Cuando viajé a Nueva York me dediqué a explorar la voz, a entender los estilos de las cantadoras, a aprender los ritmos de ciertas regiones. Todo eso me permitió explorar mucho y empecé a copiar lo que me inspiraba y me generaba múltiples posibilidades creativas.

¿Cómo llegó a Manuel Zapata Olivella?

Cuando hice el disco Cantos deliciosos y paganos de Colombia se lo envié pidiéndole que lo escuchara y que si le gustaba escribiera la presentación. Él respondió con una carta impresionante. Le gustó mucho el trabajo por lo que me compartió música del Pacífico con el compromiso de que hiciera algo con eso. Para mí eran cosas demasiado arraigadas, por lo que le decía que lo haría con mucho respeto, y él me decía que debía hacer todo lo contrario: que debía quitarme el respeto de encima para poder llegar más lejos, dejar que la música se siguiera transformando, con el fin de que la gente no dijera que se estaba haciendo jazz, rock o canción colombianos sino, en general, música colombiana.

¿Qué le produce interpretar música colombiana?

Es mi parte creativa, mi manera de sentir las canciones, de reinterpretarlas; es el lugar que reemplaza un poco esta carencia en la posibilidad de componer. Es el espacio que me inspira. Yo creo que cada canción es única y te pide algo especial en la voz, nunca vas a volver a interpretarla igual. Es un proceso circular. Tú la sientes, la dices, y la idea es entender cómo la gente siente lo que yo siento cuando canto y me apropio de las canciones.

¿Cómo la han influenciado los sonidos del mundo?

He explorado otras cosas, por ejemplo los boleros. Tengo un proyecto que se llama Dolor de ausencia, que es una recopilación de boleros cortavenas compuestos entre los años 30 y 50 que casi no he movido, pero que me dio una identidad. Me gusta explorar en otros ambientes, estar en contextos experimentales.

 

¿Qué tan complicado ha sido trabajar con otros músicos sin saber leer partitura?

Eso es un reto. En la universidad era buena, pero luego ya no la necesité. Soy más de interpretar, cantar y reinventar. Soy capaz de seguir una partitura, pero no la puedo leer, y los músicos con los que trabajo hacen las cosas para que las partituras no sean imprescindibles.

¿En qué consistirá su presentación en el Cartagena Festival Internacional de Música?

Lo que se va a presentar en Cartagena con el Colectivo Colombia va a ser un mapa musical del país. Todos los músicos que hacemos parte del proyecto hemos explorado en diferentes momentos diversos estilos. Estará Hugo Candelario González, cuya especialidad es el Pacífico, pero el toque será muy jazzístico, al estilo de Antonio Arnedo, aunque cada quien le va a aportar lo que ha explorado.