Lugar común: una editorial migrante y regional

El colombiano Luis Molina Mora viajó hace más de una década a Canadá a hacer estudios de posgrados (Maestría y Doctorado en la Universidad de Ottawa). En el país del norte fundó la editorial Lugar Común, que este año comienza trabajos en Colombia.

Luis Molina Mora, de la editorial de Lugar Común, quien sostiene que la función social del editor es la de mediar entre el maremágnum de propuestas y los lectores. Cortesía

Esta propuesta editorial se suma al interesante mundo de las editoriales independientes colombianas con la edición de Virginia&Co, una antología de narrativa femenina, y la reimpresión de libros de los novelistas Adolfo Ariza, Javier Zamudio, Andrés Mauricio Muñoz y Gerardo Ferro. Hablé con Molina Mora antes de su arribo al país por las fechas de la FilBo 2019.

Cuéntenos un poco la historia de la editorial Lugar común. ¿Hace cuánto funciona?

Lugar Común Editorial surge con la excusa de la publicación de una antología de cuento de escritores hispanohablantes en Canadá. Eso fue once años atrás, a la mitad de mis estudios doctorales; es decir, prácticamente una imprudencia. Una vez terminamos la selección y el proceso de edición surgió la pregunta sobre quien publicaría el volumen de 300 páginas con cuentos de 25 autores de las Américas y España. Así que lo publicamos bajo un sello en el que cupiéramos todos. Así nació Lugar Común Editorial.

¿Qué tipo de obras le interesa publicar y cuáles ha publicado?

En el contexto migrante surgen subgéneros que son de especial importancia para nosotros. La poesía, cuentos y novela que abordan temas sobre el viaje, los desplazamientos y el impacto cultural suelen ser las contantes poéticas que usualmente traen anécdotas interesantes porque hablan con el corazón abierto. De todos, nos interesa leer textos bien escritos, que ofrezcan al lector experiencias a partir del relato, pero que también contengan exploraciones formales. En estos momentos nos interesa publicar literatura.

Si le interesa leer otra nota de Cultura, ingrese acá: ¡Oh arte inmarcesible!: De los versos paralelos a la Constitución de 1886

¿Qué razones llevaron a la editorial a abrir una sede en Colombia?

Publicar en español en un país bilingüe no hispano es un reto monumental. Nosotros hemos sobrevivido diez años con todo tipo de financiamiento doméstico. Hace un tiempo tomamos la decisión de tener una presencia en las Américas, publicando literatura canadiense en francés e ingles traducida al español. De la misma manera, nos proponemos llevar al inglés y al francés algunas obras de autores latinoamericanos, para moverlas en Norteamérica. Publicar autores colombianos y mexicanos en estos países es la evolución natural de nuestro plan. Queremos ser una editorial independiente, selecta, que sea una especie de puente entre lectores y autores sin el atavismo de la lengua en la que originalmente se escribió la obra.

¿Cuáles serán sus desafíos y apuestas en el país?

Empezamos publicando a cuatro autores colombianos que han tenido relativo éxito en el país. Escritores de provincia que están haciendo el transito al reconocimiento nacional e internacional. También publicamos a Martha Bátiz de México, Pablo Urbanyi de Argentina y a Alejandro Saravia de Bolivia. Este año no nos dio tiempo de traer a la feria literatura canadiense originalmente escrita en inglés o francés. Aunque con la colección Huitzil traemos en español el libro El ABC de una paz olvidada, publicado en ingles por la Editorial de la Universidad de Ottawa en 2009. Esta es la lógica con la que esperamos operar a partir de ahora, literatura local con traducciones al español.

Si alguien está interesado en hacerle llegar un inédito, ¿qué elementos debe tener en cuenta antes de hacerlo?

Hay algo que todos los que escriben deben entender, es lógico, pero que es fácil perder de vista, los editores, las casas editoriales siempre andan a la caza de buenas obras en lo que cada sello editorial considera es una buena obra. Por eso, es importante que los autores exploren el catálogo para confirmar si la línea editorial corresponde a la propuesta que se trae bajo el brazo. El cuidado en los detalles es de especial importancia porque ante la cantidad de producción de quienes ya están publicando, más los emergentes, las batallas por ganar espacio empiezan a perderse en esos estúpidos errores orto-tipográficos, de sintaxis, que empiezan a escalar a la construcción del personaje, la estructura narrativa. Así que antes de enviarnos algo, asegúrese que es lo mejor que puede producir.

Si está interesad en leer otras notas de Cuktura de hoy, ingrese acá: ¡Oh arte inmarcesible!: La Constitución de Rionegro en 1863, de ángeles para demonios

En su labor de editor, ¿qué papel juega la edición de libros en la conversación social, cuál es su utilidad?

Dos puntos al respecto. Primero, en su condición de migrantes y frente al choque cultural más las mil razones por las que se sale de un país para vivir en otro, las personas tienden a creer que su experiencia es única. Como parte del proceso de adaptación, muchas de ellas terminan poniendo sobre el papel algunas de sus reflexiones, cuando no la historia completa. Esto, aunado a la democratización de las tecnologías y los sistemas de impresión bajo demanda, ha abierto las puertas a la publicación sin filtros temáticos y de calidad de todo tipo de contenido. El ejercicio entonces queda completo, la socialización de preocupaciones vitales que no han sido elevadas al nivel simbólico ni estético como obra, como texto cultural. Por supuesto, no todas las obras exponen la calidad con la que merece ser reconocido un escritor o premiado el lector. Con lo cual entro a exponer mi segundo punto: la función social del editor, hoy más que nunca, es la de mediar entre el maremágnum de propuestas y los lectores. Con su curaduría el editor se convierte en un referente que guía decisiones de compra.

 

últimas noticias

Hace 200 años empezó la campaña libertadora

contenido-exclusivo

Decisiones de riesgo

contenido-exclusivo

La vida eterna de un arte efímero

contenido-exclusivo

Una tragedia conjugada en tiempo presente