Luis Luna: “El arte desanestesia”

El pintor colombiano es el invitado a la cuarta edición de la Feria de Arte y Cultura Barcú. Su obra estará expuesta en la Casa Azul, en La Candelaria.

Luis Luna ha enfocado su obra en los problemas teóricos y políticos generados en medios académicos y no académicos. Alejandro Samper

Luis Luna es un hombre curioso que todo el tiempo está pensando en descifrar los enigmas del universo. Es un hombre que no le teme al riesgo y a la experimentación y por eso se atreve a apartarse del pincel para ensayar otras técnicas. “Siempre quiero comenzar de cero. No me interesa dominar una técnica en especial, sino descubrir nuevas. Soy un artista explorador”.

Aunque estudió diez semestres de medicina en la Universidad Javeriana, en Bogotá, su verdadera vocación siempre ha sido el arte, esa que se convirtió en su medio más cómodo de expresión y que le permitió exorcizar todos sus pensamientos y sentimientos a través de un lápiz y un papel. Bastaron cinco años para que decidiera que quería ser pintor, ser artista, y con ello buscar las maneras de vivir de su pasión.

En los primeros años se convirtió en un viajero incansable, recorrió India y África, vivió por Alemania, México y Nueva York,  viajó por casi toda Colombia, y al final se dedicó a retratar en sus lienzos la necesidad de redefinir su entorno y la constante búsqueda de identidad que evita simplificaciones. Recolectó todo tipo de íconos que le permitieran expresarse. Algunos estaban asociados a experiencias o impresiones, otros fueron grafitis e ilustraciones medievales.

Empezó a exponer en 1985, en el Dario de Elba, en Berlín (Alemania), con una instalación de pinturas en espacio abierto. Desde entonces ha pasado por espacios de exposición en Venezuela, Suiza, Ecuador, Estados Unidos, Australia y Corea. En Colombia ha presentado su trabajo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá y en el Museo de Arte Moderno La Tertulia, entre otros.

Su trabajo, realizado sobre tabla o papel con acrílico o pigmento, se convirtió en un marco geográfico psicológico y político de lo que lo rodeaba. “La verdad es para mí una verdad que precisamente no se encuentra dentro de la pintura sino afuera de ella. Lo que hago es reflejar ese intenso abismo que existe entre ambas”. Su interés, por entonces, dejó de ser cómo pintaba y pasó a ser por qué pinta. Ahora, más de treinta años después, se siente más seguro de sí mismo y esto se refleja en su obra, que nunca ha estado marcada por las tendencias de la actualidad, sino que es una constante revisión de los temas que ha usado y la manera como puede crear nuevas discusiones a través de los mismos referentes. Y, sin embargo, todos los días sigue cuestionándose por qué pinta.

“Luis Luna nos presenta la historia de lo contemporáneo sin riesgo a que el afán de la moda quede cerca, porque su mundo hace parte de un convencimiento más profundo: lo más importante es plasmar lo vivido”, comentó la crítica de arte Ana María Escallón a Semana hace 20 años.

Por eso Luna es artista: porque se interesa en abrir los ojos ante la realidad y expresar lo que piensa a través de la pintura, el papel, el vidrio, el metal, las intervenciones y la obra digital.

“Creo que la pintura es vista como un soporte de ideas, fuente de imágenes y rezago de estructuras. Es una manera de volver a sensibilizar los sentidos y desanestesiarlos, es un acto solitario, pero con una función social clara: desanestesiar”.

En 1997, Luna fue considerado uno de los sucesores de los grandes artistas nacionales del momento: Fernando Botero, Alejandro Obregón, Antonio Roda, Santiago Cárdenas, Miguel Angel Rojas y Ana Mercedes Hoyos. Hoy, su obra es el resultado de todas sus exploraciones. Es un pintor fascinado por la realidad aumentada y la imagen en movimiento.

“Me gusta el espíritu de Kurt Schwitters (Merz Baujl), porque él no se quedaba en decir soy pintor, videista o escultor, sino que, de acuerdo con su inspiración, abordaba distintas técnicas y lo hacía con humor, con poesía. Ese es el espíritu que me interesa reencontrar en la exposición que voy a presentar en Barcú, donde por primera vez voy a materializar Catedral de las Miserias Eróticas (basada en Merz Bau)”.