Machos y hembras estructurales

Querido hombre, ¿cómo miras a una mujer? ¿Qué ves en ella cuando aparece ante ti? ¿Y cómo miran, desde el otro lado, las mujeres? ¿Qué miradas se tejen entre unos y otros, en las calles y las oficinas, en las intimidades y en las fiestas?

La mirada del hombre a la mujer, una manifestación cultural. Istock

 

Los modos de ver, las formas en que miramos, también tienen que ver con eso que nos “hace” varones y hembras.

A los hombres, por ejemplo, se les enseña de muchas maneras, desde pequeños, que una mujer es una cosa. Y en ese orden, ¿qué efectos puede tener, cómo se mira un objeto? Se consume, se mira con lascivia directa, se desea, se evalúa, se contempla como algo secundario, inanimado, que, como cosa, no tiene verdadera validez.

Esas miradas pueden cambiar, no obstante, cuando un hombre percibe a una mujer como hija.

También es cierto que a las mujeres se les enseña a querer ser una cosa ante la mirada del varón. Y sin embargo, ese apetito puede ir generando una irreconciliable contradicción. Ser un objeto ante la mirada de otro implica con frecuencia no poder ser portadora de deseos o fuerzas propias. Significa sentirse dividida constantemente. (Sé objeto de deseo pero no seas, baja ninguna circunstancia, un ser sexual). Implica también tener sentido de trascendencia en la medida en que otro la reconozca.

En los setenta, una escritora habló sobre “la intensa mirada masculina” en el cine para explicar algo más que una forma literal de ver. Su idea se refería a una estructura más amplia – presente entre hombres y mujeres – que se da a través del acto visual. En ella, explicaba, los hombres miran de manera activa y las mujeres aprenden a verse a sí mismas a través de un prisma masculino. De allí que lo femenino se asocie a la apariencia y lo masculino con la actividad, por ejemplo.

Pero entre hombres y mujeres se tejen más que cruces de ojos. La mirada se vuelve figurativa también. Se hace símbolo de temas arraigados y no siempre aparentes.

Que en ciertos lugares del mundo, como Suecia por ejemplo, exista una preocupación general para incluir más a las mujeres en esferas de poder, donde las políticas velan por crear balance entre los sexos, se explica porque la mirada ha cambiado a nivel de estructura.  

En ella, con más frecuencia, muchos hombres perciben a las mujeres como pares. Una mirada lujuriosa es más que un gesto de masculinidad cotidiana. Es el reflejo de una estructura maciza y poderosa donde los hombres han sido enseñados a ver en una mujer un objeto de deseo y no necesariamente un individuo complejo, un par. Porque, querido hombre, ¿cómo percibes a una mujer en lo que puede ser y hacer? ¿Cómo la miras en ese nivel?

 

 

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