Macondo, a un año sin García Márquez

Aracataca conmemoró el primer aniversario de la partida del Nobel Gabriel García Márquez.

Con un desfile cultural, Aracataca celebró el primer aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez.

Los eventos para conmemorar el primer aniversario de la muerte del Nobel Gabriel García Márquez comenzaron en horas de la madrugada. Los cataqueros despertaron a las cuatro de la mañana para iniciar una caminata que los llevó por las principales calles del pueblo al son de tamboras, guitarras, gitanas quirománticas, malabaristas, pintores y decenas de talentosos que mostraban sus habilidades durante la madrugada, esa misma madrugada macondiana que tantas veces vio el Nobel durante sus parrandas y cofradías con amigos al compás de un buen vallenato.

Desde temprano, la comunidad se congregó para apoyar esta iniciativa de la Fundación Macondo, encargada de la programación, que incluyó charlas sobre literatura y anécdotas de quienes conocieron al maestro Gabo como Nora Leiva, quien ha vendido fritos durante 63 años y quien sin falta estuvo en la misa que se llevó a cabo a las nueve de la mañana en el calor calcinante de casi 42 grados centígrados.

La residencia donde nació nuestro premio Nobel de literatura fue testigo del lanzamiento de diez libros inéditos realizados por diez autores regionales, que fueron convocados en el marco de esta conmemoración para presentar sus nuevas propuestas literarias.

Durante el evento se hicieron presentes destacados personajes de la vida nacional, entre ellos el exfutbolista Carlos “El Pibe” Valderrama, Edgar Perea y el también narrador deportivo Benjamín Cuello Henríquez, nativo de las tierras macondianas. Todos arribaron al legendario patio de la familia de Gia Todaro, el mismo donde Leo Matiz pasó sus tardes memorables durante sus últimos años en Aracataca.

Por todas partes se vive palpitante la obra de Gabriel García Márquez, personas las recitan con tal destreza, como si estuvieran haciendo alguna cuenta del Santo Rosario. Otros tantos se dedican a plasmarla sobre el lienzo o sobre el pentagrama como el músico Juan David Linero.

Macondo es una característica emotiva que hace convivir en un solo corazón a todas las personas que nacen en esta región llena de magia, talento y algo de desidia administrativa. El mismo corazón que hoy se conmociona al leer nuevamente cada página de Gabriel García Márquez, que parece llevar a cada lector de la mano letra a letra. Las mismas manos que entraban a la cocina de su casa en la calle del curato en Cartagena para comerse todas las tajadas de plátano maduro que le hacía doña Cristina García, su cocinera de cabecera por más de 15 años y bajo cuyo talento gastronómico sucumbió en deleites el líder cubano Fidel Castro.

Gabriel García Márquez ha trascendido, esa es la verdadera escencia de los genios. Decir que ha muerto sería limitado y carente de verdad. Sigue vivo en los niños que recrean sus libros en obras de teatro, en los cultores del municipio que luchan porque no perezca el legado y en cada lector que se enamora de sus páginas. Ya no llegará bailando al corredor de su casa, ni esperará paciente el postre que tanto le gustaba después de comer, no se volverán a sentir sus pasos cuando al sentir la luz apagada salía presuroso a su cuarto por temor a los muertos ni tampoco sus apuntes elocuentes y mama gallísticos que sacaban de la rutina la más frívola rutina a cualquier mortal.

Gabo seguirá siendo inmortal. Su nombre permanecerá en la memoria y el amor de todos los macondianos que esperan ver cumplidas las promesas que han recibido para incentivar el turismo y el desarrollo de este pueblo, esos mismos que ruegan día tras día a Dios que el alma de su paisano descanse en paz y a ellos les caigan todas las bendiciones de la providencia, aunque al hacerlo corran el riesgo de que se les venga el techo encima.