La madame más famosa del mundo

Emma Bovary, la madame más famosa del mundo, es la protagonista de una de las historias de amor y adulterio más célebres de la narrativa universal. Su creador, Gustave Flaubert, a quien sus padres calificaban como el idiota de la familia, se convirtió, ni más ni menos, que en el padre de la literatura moderna.

“Madame Bovary” es una novela escrita por Gustave Flaubert y publicada en 1856.

Su gran amor fue una mujer casada llamada Louise Colet, con la que sostuvo una ardorosa correspondencia. Muerto el escritor, muchas de las cartas terminaron en la hoguera o mutiladas por su sobrina, quien las consideró impublicables.

En el material que sobrevivió a la mojigatería se salvaron frases de Gustave a Louise como esta: “(…) mi carne ama la tuya, y cuando me miro desnudo, me parece incluso que cada poro de mi piel bosteza por la tuya, y ¡con qué deleite te beso!”. O esta otra: “Te beso por todas partes, con el corazón y el cuerpo, a ti, con quien me fundo y me confundo”.

En 1857, en medio de esa pasión, salió a la luz Madame Bovary, uno de los libros prohibidos en el reinado de Napoleón III. La obra cuenta la historia de una mujer que es infeliz al lado de su esposo, que sueña con las novelas románticas que lee y que desea disfrutar su cuerpo con un hombre que la satisfaga de verdad.

Cae en brazos de un vividor llamado Rodolphe y celebra en silencio su adulterio. “Por fin iba a entrar en posesión de aquellos goces del amor, de aquella fiebre de dicha que tanto había suspirado”. Pero la abandonan y se reencuentra con León, un viejo romance. Con él vive una de las escenas más eróticas del libro, no por su lujuria, sino por la imaginación que despierta en el lector: la descripción de un frenético paseo en coche.

La orden al cochero era andar sin detenerse. Así transcurren dos páginas, con una carroza que pasa y pasa por los mismos lugares y con un cochero sudoroso que lo único que escucha es la orden de no parar.

“Por las calles, la gente abría unos ojos como platos ante el espectáculo insólito de provincias, de aquel coche de alquiler que aparecía y reaparecía una y otra vez, siempre con las cortinas echadas, más cerrado que un sepulcro y dando tumbos como un barco”. Al final, tapada con un velo, Emma desciende del coche y se va.

En la vida real, el adulterio de Emma le cae mal a un procurador y Flaubert termina juzgado en la Sexta Cámara Correccional por “el color lascivo” de su obra. Su abogado usa un argumento moralista para salvarlo de la cárcel: Dios castiga a Emma por su crimen.

Madame Bovary se suicidó con arsénico en polvo.

 

* Subdirector de “Noticias Caracol” y autor de la novela ‘El Credo de los Amantes’ (Taller de Ediciones Rocca).

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