La magia blanda de Woody Allen

‘Magia bajo la luz de la luna’, con Colin Firth y Emma Stone es una de las entradas más flojas en la carrera de un director, por otro lado, legendario e inteligente.

Colin Firth y Emma Stone interpretan a Stanley y Sophie en el filme de Allen.

‘Magia bajo la luz de la luna’ es decididamente una película bella. Visualmente agradable, aunque tampoco se esperaba algo muy diferente de una cinta de Woody Allen, por un lado, y, por el otro, con la cinematografía de Darius Khondji, quien estuvo detrás del lado visual en películas como ‘Seven’ o ‘Medianoche en París’.

Un dato interesante si se tiene en cuenta que ‘Medianoche en París’ posee varios elementos en común con ‘Magia bajo la luz de la luna’ o al revés, dependiendo de cómo se mire el asunto: ambas son cintas que lidian con un reino de lo paranormal, una especie de magia de la que siempre se ha servido el director estadounidense para contar historias que, entre el mundo real y una ficción alucinante, divierten y a veces triunfan. A veces.

Por otro lado, ambas películas forman parte de esa especie de gira por el extranjero en la que Allen ha hecho desde cosas como ‘Matchpoint’, pasando por ‘Vicky, Cristina, Barcelona’ hasta ‘De Roma con amor’. En ese recorrido, ‘Medianoche en París’ representó la entrada en taquilla más rotunda en la historia de un director con más de 40 títulos en su haber. Y quizá hasta acá lleguen las similitudes pues, aunque todavía no se conocen los resultados financieros de ‘Magia bajo la luz de la luna’, con cierta seguridad es posible afirmar que no serán buenos, en especial porque la película es particularmente floja.

En esencia, la historia gira alrededor de cómo un reconocido mago, de nombre Stanley (y quien se presenta en público como Wei Ling Soo) intenta desenmascarar a una supuesta psíquica (Sophie), quien se encuentra desplumando la enorme fortuna de una familia norteamericana que pasa su verano en la costa del sur de Francia. En el proceso, Stanley (interpretado por Colin Firth) abandona su racionalidad y comienza a creer en las visiones paranormales de Sophie (Emma Stone) para concluir, ya sobre el final, que al hacer esto también se ha entregado a ella, emocionalmente hablando.

El problema es que todos los elementos que hacen brillar otras películas de Allen (lo sobrenatural, una historia de amor improbable, pero posible) acá aparecen representados como una caricatura de sí mismos: no como vehículos para el relato, sino apenas como un simulacro de intenciones que se quedan cortas. Y esta falencia sale a relucir en la concepción misma de la trama, pero también en la forma atropellada como la narración se presenta, entre secuencias sin magia alguna, sin diálogos memorables y sin sorpresas ni actuaciones sorprendentes.
Eso sí, todo luce estupendo gracias a la labor de Khondji y de la costa sur francesa, además del buen trabajo de arte para situar la cinta en los años 20, con ese glamour tan despreocupado de un mundo que celebraba la salida de una guerra sin aún presentir la siguiente: lujo con altura, pero también con abundancia.

Pero la estética no alcanza a sacar al otro lado la cinta de Allen, ni sus buenos actores, ni su música (hermosa, aunque irrumpe cada vez que nadie tiene algo para decir, cosa que pasa frecuentemente). Lo que hay en ‘Magia bajo la luz de la luna’ es una ausencia rotunda de magia, pues no es el cruce imposible, aunque posible, de realidades que existe en tantas otras cintas del director, sino todos acontecimientos muy terrenales que, sin embargo, parecen muy poco humanos, como si acaso Allen no quisiera contar de verdad una historia, sino apenas quedarse con un cuento bellamente iluminado y retratado, pero mudo en últimas.

Ni Colin Firth ni Emma Stone llegan a desnudar la profundidad de sus personajes como sucedió con Cate Blanchett en ‘Blue Jasmine’ y, claro, son historias diferentes por muchos elementos: sólo en un lado, la una es tragedia, la otra es comedia romántica, pero incluso en el romance hay abismos y material suficiente para transformar una búsqueda amorosa en una forma inocente de la épica, si se quiere.

En un foro en línea un comentarista señaló la enorme diferencia entre ambas películas al decir que parecían hechas por dos personas diferentes y remató el apunte: “Eso pasa con la vejez, acaba con la gente”.
 

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