Manifiesto de un marginal

Preludio

La violencia y el conflicto humano jamás serán desterrados de un todo y los intereses particulares que los robustecen siempre van a sobrar. Por lo tanto la crueldad y el daño son irrevocablemente nuestros, tanto como el amor y la belleza.

La escritura en cualquiera de sus formas: el principio de una resistencia. Cortesía

No decimos que la esperanza sea inútil, no lo creemos porque siempre estamos a la espera de algo mejor, quizá por ser sufrientes del tiempo que con sus años son el progreso de la muerte y la nada.

Tampoco consensuamos con eso de que la indignación no se deba hacer sentir. Somos seres atacados por el dolor, incluso por el ajeno ―sentimos al otro cuando rabia de agonía―. Aunque existen seres que no parecen estar relacionados con ninguna especie que respire y sienta amor. Nada les ofende, nada les incomoda, todo les da igual, solo temen a lo que pueda convertirse en alguna ventisca que erosione sus castillos de arena.

Si está interesado en leer uno de los textos del especial El juego del joker, ingreese acá: Guasón, la génesis de un sicópata (El juego del Joker)

La guerra no nos roba la esperanza y no dejaremos de indignarnos con todo el daño que hacen, que nos han procurado los amigos de la devastación del mundo mejor que nos merecemos.

Manifiesto de un marginal

Desde los remotos orígenes de las sociedades que el hombre ha levantado a lo largo de su exangüe historia; desde ese mismo momento de aparente pre-claridad reveladora, de incontenible exaltación, de abstracto raciocinio y bella ―y sospechosa también― contemplación al otro como su semejante y concomitante, han aparecido y habitado entre las fugaces espigas humanas que brotan en los valles del tiempo, seres sensitivos y de ideas adversamente disimiles de las que con su dulce cianuro, cautivan y desbaratan al resto de la horda.

Hombres y mujeres de actitud crítica, auténticamente salvajes y radicales con todo lo falso y doble fondo. Conciencias que cuestionaron sus sociedades del cansancio y oropel con cada una de sus irreverentes palabras. Pero más que nada, se encargaron de minarlas con gesto y movimientos paridos de la propia voluntad creadora, siempre siendo fieles solo a ellos mismos.

Renegados y bohemios que mostraron las fisuras y lo más disfuncional de estas sociedades que se yerguen prepotentes, con ínfulas de perfección en voz de su pleonástica rezandera; avasalladoras, dominantes y reguladoras de las conductas del individuo que, en su más profunda y oscura naturaleza, se retuerce de deseo por llegar a ser un animal enteramente libre porque intuye que al sujetarse a la cadena de anquilosadas y recalcitrantes leyes se enferma, se debilita y se auto masacra en sus ideales, sueños y más desinteresadas ilusiones.

Si le interesa leer uno de los textos del especial El juego del joker, ingrese acá: Jack Nicholson: Ser el Guasón (El juego del Joker)

Así es como lo desplazan de toda fortuna y de cualquier forma de mayoría de edad y madurez creativa. Se le aparta diametralmente de la más patética tentativa de verdad, revolución y evolución.

Han sido filósofos, poetas y artistas marginados que rugen como leones solitarios, que sobreviven en lo oscuro y más desvirtual de las selvas de cemento. Son habitantes de las laderas discontinuas de la sociedad del lujoso relumbrón que sataniza la fuerza del fracaso. Son ellos o ellas a los que los pulcros protectores de las revejecidas aristocracias y pútridas burguesías del clero suelen llamar escoria, desperdicio humano, herejes, anarquistas, viciosos, malvivientes de modos vulgares y desmedidos, los sin Dios ni ley. Los bastardos sin gloria.

Los caudillos de la fe y pastores policiacos ―quienes son los únicos proxenetas de la libertad y la moral del hombre― son las hienas que los enjuician ante las muchedumbres embrutecidas y los conducen ―famélicos y beligerantes― frente al pelotón de fusilamiento acusados de sabotear y hostigar con los horrores alucinados de sus ideas y conductas desenfrenadas, el bien y el sacro orden que el supremo oficio ha impuesto sobre toda libertad animal, vegetal, mineral y enrevesadamente humana.

Los acusan ―entre mil risotadas más― de atentar contra un concepto de familia venido a menos, de marchar contra los resbaladeros de babillas que se esconden detrás de la fachada de plenipotenciarias instituciones del buen gobierno.

Los eminentes cancilleres del desastre sangriento de todo un mundo historial enardecen primero a la turba y luego los arrojan a las hogueras del odio y desprecio televisado y radial, para que cualquier otro y otra, que se levante en el futuro presente o imaginado, tema ser desmembrado por la jauría caníbal que los legisladores han adiestrado con miedo y odio a través de años y años bajo los zarpazos de la muerte y la ignorancia que sin asomo de piedad desgarran a las naciones de esta esquina del universo.

Son muertos vivientes que han alimentado y mantenido a estas aplastantes sociedades con el veneno de la homogeneidad mientras imparten destierros y ejecuciones a los que recitan su derecho a la diferencia. A éstos viven tachándolos de desadaptados porque buscan su propio camino o defienden el derecho de otros y entonces por eso se los cargan de terroristas porque dejaron de tener miedo; enfilan ejércitos contra las putas porque son mujeres que se cansaron de permanecer a media luz; van por los poetas porque los consideran maricas que dicen las más innombrables verdades y lo mismo con los filósofos, porque de ellos presienten toda claudicación frente a sus intereses; a los jóvenes los desaparecen porque son rebeldes que nunca han dejado de ser los primeros marginados de verdaderas oportunidades como la posibilidad de un futuro sano y en paz, convertirse en quienes quieran ser; porque no está bien el camino de las drogas ni los excesos que estos escogen como vías de exploración, ya están hartos de escuchar; porque no está bien que consagren una vida sexual plena y abierta; porque desde hace siglos dejaron de creerle a los evangelistas y políticos; porque no callan cuando no se les ha autorizado a hablar y porque no son patrioteros amantes de la consigna militar que siembra las minas Antipersonas.

El gobierno de la homogeneidad y el Sí a la muerte teme que con el tiempo, los jóvenes de su parroquia se cambien de piel y se vuelvan contra sí mismos como los nuevos poetas, filósofos y artistas que acuchillan con sus obras e invenciones a todos los regímenes de izquierda y de derecha y a todos aquellos que entorpezcan la realización del individuo.

Eso temen y han temido siempre los ministros de las aguas muertas. El enemigo de la libertad de pensamiento duerme en los escaños del Congreso y el Senado mientras sus juanetes roncan sobre las espaldas de un fusil y una granada.

Dominar y manipular el deseo por medio de la religión y la autoridad es asegurarse el beneplácito y la venia del cautivo olvidadizo, es tener a gratuidad defensores y esbirros de las viejas normas que empequeñecen al ser humano, poniéndolos unos contra otros en guerras sin sentidos que devastan  nuestro único hogar.

Hemos estado sufriendo por largo tiempo y  nos rehusamos a ser aquel animal que se alejó de los instintos y la plenitud de sus fuerzas para entregarse al falso destello de una razón subordinada a la utilidad que odia cualquier forma de espiritualidad y belleza. No seremos la conciencia que dejó de mirar el firmamento para venerar un madero que esconde los dientes de una motosierra. Por nuestras madres que no vamos a ser la sombra vacilante que aprendió a autocastrar su vitalidad para vivir entre jerarquías sociales.

Somos un magnifico mamífero dotado con habilidades y destreza, con hambre de descubrir, pero que abandonó todo aquello que lo esperaba al final de sus posibilidades infinitas y pasó a ser ganado de corral, esclavo en una graja económica en donde se le tiene como bollo cárnico de la máquina de cortar tontos.

Listo para amar y matar a sueldo, para sonreír con la ilusoria paga a cambio de su fuerza. Educado para callar y pegar su mentón al pecho, el ser humano que se atreva a pensar per se, es calificado primeramente de antipático, luego se le sindica de rebelde y finalmente se le margina y desprecia. Se le aparta por cuestionarlo todo y a todos, por no adoptar una moral gazmoña, timorata y pusilánime, porque la cambia por el placer de lo profano y va por la vida experimentando los estados de la ataraxia en todas sus formas; buscándose así mismo en el ocio y en los placeres del espíritu y de la carne mientras va aprendiendo lo epicúreo y lo estoico a la vez.

He aquí los derechos de los marginados, consagrados en el libre albedrío y en lo infinito de su voluntad cuya condena es tener que decidir dónde dirigirse. Es en este fuego de la incertidumbre donde se forman los más audaces hombres y mujeres que defienden el derecho a disentir, pero también los seres más compasivos, amorosos y conocedores de la naturaleza humana; artistas que ven cosas humanas y preciosas donde el resto solo discierne miedo, misterio y prohibición.

Hágase cumplir de inmediato nuestro derecho y libre escogencia haciéndonos marginales en cuanto somos rechazados por los falto de ciencia y apertura mental.

Marginales por seguir el deseo de nuestro espíritu, por acercarnos cada vez, un poco más, a nosotros mismos.

Desvergonzadamente:

Talisayo Caribalí

 

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Leydon Contreras Villadiego

Cultura

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