Manual para amantes

En el primer año de nuestra era nació un tratado de la seducción que ha sobrevivido, a pesar de los embates del tiempo y de los vaivenes de la moral, por los siglos de los siglos.

El poeta romano Ovidio.

Es El arte de amar, la obra maestra de un romano enamorado que no había cumplido los treinta años y ya se había casado tres veces, se había separado dos y andaba de amoríos con una mujer casada llamada Corina.

Su nombre era Ovidio y su placer, más allá del cuerpo, era ser llamado “maestro de amantes”, tal y como lo pregonó en su obra cumbre, cuando escribió que quería compartir su experiencia con los demás romanos. El didáctico texto está compuesto por dos capítulos para jóvenes y uno para mujeres.

En el libro primero, una verdadera carta de navegación para la conquista, el maestro arranca con una premisa: “No existirá mujer que se te resista, si echas tus redes con astucia”. Para lograrlo, aconseja, por ejemplo, elogiar la belleza de su rostro, del cabello, de los dedos y del pie, porque “hasta las vírgenes ocupan largas horas en resaltar sus encantos”.

Invita al vino como aperitivo del amor, pero también invita a beberlo con cuidado para evitar sorpresas desagradables. Aquí va el argumento: “Tanto las sombras externas como las que origina el vino descarrían el conocimiento justo de los rostros y de los cuerpos de las bellas mujeres. La noche esconde los defectos, disimula las imperfecciones. En la oscuridad cualquiera parece hermosa”.

En el libro segundo, Ovidio enseña cómo conservar a la amada. El punto de partida es filosófico: “La conquista puede ser producto del azar, pero mantener lo conquistado es una obra de arte”. Y lanza algunas claves para lograrlo: seguir sus antojos, tener las uñas limpias, cortarse los pelos de la nariz y cuidar el aliento.

En las tácticas para mantener lo conquistado menciona una que bien podría llamarse la del amor enloquecido. “Si colocan cerrojos en la puerta de su casa y no te dejan entrar, trépate al tejado y entra por alguna ventana. A ella le complacerá comprobar el riesgo y los peligros que afrontaste para poder verla”.

Y para completar el manual de instrucciones, lanza pautas para hacer placenteros los asuntos bajo las sábanas. “En la cama la mano izquierda no permanecerá inactiva. Los dedos encontrarán en qué ocuparse del lado donde misteriosamente el amor hunde sus líneas”.

El gran mérito de Ovidio fue poner lo erótico por encima de lo pornográfico en una era en que Roma había caído en el gusto por los relatos de cortesanas.