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hace 1 día
Meninas frente al espejo

Margarita Ariza y el florero de Llorente

"¿Suficientemente negro?" es la exhibición que inaugura el ciclo de exposiciones del Centro Colombo Americano de Bogotá. La muestra gira en torno al retrato de Juan José Nieto Gil, el único presidente negro de nuestro país.

Detalle de "Diálogo Mambo", una de las obras de la muestra "¿Suficientemente negro", de Margarita Ariza. Cortesía

La artista Margarita Ariza  nos sitúa en esas prácticas para  invisibilizar al otro en nuestra cultura y nos cuestiona. ¿Quién puede hablar de la otredad? Vale la pena reflexionar en torno a la pregunta que nos plantea el título que  lleva la muestra y para esto resalto una respuesta que dio Manuel Zapata Olivella en el 2002, en la que afirmó: "…sin desconocer la grandeza de Cien años de soledad, en esta novela solo aparece un negro, y cuando Gabo habla de la matanza de Las Bananeras, tampoco se dice que los muertos eran afrodescendientes. Cuenta también que cuando  el Nobel  viaja  a Angola, declaró que no se había dado cuenta de lo negro que era él.  Esta situación de Gabo en el país africano me hace pensar que todavía no aceptamos que somos un país mestizo, y que en el país persisten imaginarios donde se esquiva con acciones hipócritas a los otros, hasta aniquilarlos.

"¿Suficientemente negro?" activa la memoria de Juan José Nieto Gil, político liberal, masón, escritor y primer mandatario de la nación por seis meses en 1861, e inquiere en torno a esa pregunta de  lo racial. ¿Tuvimos un Presidente afro en Colombia?, es el cuestionamiento que surge en la mayoría de las personas que observan la exposición. Hoy lo encontramos en los buscadores de internet, sin embargo, cuando estudiamos la historia de Colombia en el colegio o en la universidad se borró su nombre o nunca se le dio la importancia debida, siendo el líder que promovió la abolición de la esclavitud en nuestro país.

Ariza estructura la exposición en la auscultación del retrato que se hizo  de Nieto Gil alrededor de 1861. Encuentra que este cuadro  se envió a Francia para aclararle el color, una limpieza de piel por lo oscuro para que  luciera como un hombre más distinguido. En los años 80, cuando Orlando Fals Borda realiza una investigación sobre el Presidente Nieto Gil, encuentra el retrato en el sótano del Palacio de la Inquisición, el mejor sitio para una tortura de  invisibilización de una persona.

Otro episodio relevante es cuando el artista Justiniano Durán realiza un nuevo retrato y lo dona a la Casa de Nariño para ser exhibido en el 2018 y el Presidente Juan Manuel Santos dice que por protocolo no se puede exhibir en el lugar donde están los retratos de los otros presidentes. Toda esta serie de acontecimientos infortunados nos muestra que este sambo, como nos enseñaban a clasificar a los   hijos de  un negro con una  india, hace parte de las castas aborrecidas y desprovistas de humanidad. Nieto Gil fue marginado dentro de los relatos oficiales, al igual que su retrato.

La muestra  es una acción colaborativa y cuenta con varios artistas que junto a Margarita Ariza proponen imágenes que cuestionan esa identidad en dualidades blanco-negro, sambo, indio. Hoy me voy a referir en específico a Ariza, que desde hace unos años ha desafiado las lógicas del control a través de sus prácticas. En el 2015 la artista gana una tutela interpuesta por su familia por la violación a la intimidad y el  derecho al buen nombre de la familia. Lo que hizo Ariza fue  auscultar en las arqueologías personales, en los álbumes de familia, rastrear frases no claras que se dicen en la cotidianidad, que dejan entrever un racismo soterrado y en los ideales de belleza que poseen muchas familias del  país. La sentencia de la Corte Suprema de Justicia es un precedente para los creadores y para las prácticas artísticas  porque levanta la censura y otorga especial protección a las obras, es un fallo que defiende la libertad de expresión en el arte.

El florero de Llorente para que su familia materna la demandara fue su proyecto "Blanco porcelana" y este fue el inicio de su investigación en torno a las gramáticas ocultas y la exploración de  recuerdos, archivos de familia, fotografías, árboles genealógicos, objetos y practicas cotidianas. Su madre, de origen santandereano con ancestro alemán, casada con un costeño de Barranquilla, de apellidos franceses y una herencia afro descendiente que se cruza con el Presidente Juan José Nieto Gil. Cuando nació Margarita Ariza, su abuela materna le dijo a su madre que la bebé tenía “boca de beso”, lo que nunca se aclaró era si esta frase se traducía como labios de negro por ser tan gruesos, y desde ese evocación empezó a indagar los imaginarios que aún siguen presentes en algunos sectores de la sociedad, un ideal de piel blanca, de ese blanco porcelana que dio origen al proyecto. También puso en evidencia esas formas que se ocultan en el lenguaje y en los objetos que se utilizan como cremas para blanquear la piel, o alisar el cabello cuando es crespo.

Muchas personas en su momento advertimos que la demanda era inapropiada, pues lo vimos como una forma de censura y como una reafirmación de esas prácticas ocultas por parte de la sociedad al referirse a la otredad, ofenderla y hasta hacerla desaparecer.

El trabajo de Ariza es más que pertinente en estos momentos en que nuestra madre tierra se incendia no solo por el cambio climático sino por la aparición de dictaduras disfrazadas de democracia, igualmente pone de manifiesto el lenguaje que se usa cuando nos referimos al otro, sólo basta revisar los discursos del Presidente Bolsonaro de Brasil cuando expresa: “cada vez más el indio es un ser humano como los blancos”. O sin ir tan lejos, las polémicas declaraciones que dio el año pasado la gobernadora del Magdalena, Rosa Cotes:  "y mis indígenas, presidente, no son como los de la Minga. Aquí son aterrizados, inteligentes y preparados". El primero alude a la superioridad de los blancos, muy cercanos a los fundamentos del nazismo, y la segunda da cuenta de la relación de amo y esclavos, las personas como propiedad y su comparación. Esta es una argumentación que presupone exclusión y inferioridad de los otros. No se quedan atrás los gestos de la presidenta de Bolivia cuando excluye a los indígenas mostrando una biblia en su discurso, como si las cosmogonías amerindias no contaran y no fueran tan importantes como la religión colonizadora.

Lo que pretende Ariza es analizar de manera crítica esas matrices del poder colonial que persiste bajo formas de unificación totalizantes y que pone a la otredad en un lugar. Cuando se dice “mis indígenas”, “mi negra”, se pone al otro en un lugar de inferioridad que regresa a las lógicas de amo y súbditos, a conceptos sexistas de apropiación de un ser humano. Desmontar estos imaginarios no es nada fácil, y es un trabajo que nos corresponde a todos.

La práctica de Ariza surge del auscultar, visibilizar y transformar los imaginarios tan enraizados en la sociedad dominante. Esta exposición se suma a diferentes iniciativas encauzadas a promover otros relatos y narrativas para conocer y entender lo que nos han dejado esas herencias colonialistas. De ahí viene un trabajo presentado recientemente en el Museo Colonial en el Festival de Arte y Decolonialidad, en  2019, donde la artista entabló un diálogo  con una de las obras más emblemáticas del Museo, la pintura de la Marquesa de San Jorge,  de Joaquín Gutiérrez (1775): Una obra que da cuenta de las jerarquías, la superioridad, el poder,  y en la que el detalle y los elementos rococó del  vestido, el peinado, reflejan su  posición en el virreinato. Ariza pone de manifiesto de nuevo la blancura de la piel de la marquesa y hasta una reseña de la época percibe el rostro de la marquesa como “casi de porcelana”. También juega con la obra y subvierte los postulados coloniales. “La intervención desde la fotografía, que permite la presencia de otras formas, subvierte la idea de centro y periferia, superior y subalterno, civilizado/bárbaro tomando el lugar que hace visible otros cuerpos, pensando en la posibilidad de resistir a las lógicas de clase, género y raza”, afirma la artista. 

Para finalizar me apropio de una de las vehementes y extraordinarias frases de La Ceiba de la memoria, de Roberto Burgos Cantor:  pues a caso no debemos: “Gritar. Gritar en mi lengua para desenterrarla. Gritar y que mi voz sacuda el árbol fértil de las palabras, mis palabras.”  Y así decolonizar nuestras prácticas.

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2020-02-26T14:02:59-05:00

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María Elvira Ardila

Cultura

Margarita Ariza y el florero de Llorente

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