El Magazín

María Cano en movimiento

En 1971, un grupo de artistas consideró la figura de María Cano para la elaboración de un cartel que marcó un giro en la trayectoria iconográfica de la líder obrera; a través del collage y fotomontaje plantearon una imagen que traía al presente el papel de agitadora de masas que ocupó Cano en la década de 1920, la presentaron como una figura tutelar de las masas que protagonizaron la amplia movilización social en la década de 1970 en Colombia.

María Cano sobre una tarima rodeada de seguidores en un acto público. Fotografía publicada en “María Cano. El amanecer de la clase obrera” (Bogotá: Librería Sindical Colombiana, 1985).

El cartel fue elaborado por Diego Arango y Nirma Zárate, en diálogo con Jorge Mora, bajo la plataforma del Taller 4 Rojo, colectivo de artistas que produjo imágenes de carácter múltiple durante la década de 1970 con el fin de divulgar ideas de carácter contrainformativo y de apoyo a las luchas de organizaciones sociales. Delante de un fondo color naranja aparece un retrato de medio cuerpo de la líder obrera con vestido y sombrero. Ante ella y en escala menor, avanza una multitud de jóvenes con moda setentera, es decir, a cambio de la multitud que Cano movilizó en vida, ahora agita las masas contemporáneas. No se trata pues de una figura del pasado, sino más bien de una mujer viva que ampara y respalda los movimientos sociales de la década de 1970. Abajo a la derecha un geranio rojo de cinco pétalos recuerda el galardón con que Cano fue reconocida en 1925 y con el que ganó la admiración y el cariño de las multitudes obreras que defendió. El símbolo se refuerza con el título de la obra: La flor roja del trabajo. La imagen fue rodeada con una cinta con el nombre “María Cano” inscrito una y otra vez. Al parecer los autores no querían dejar duda sobre la identidad de la protagonista, pero sobre todo querían evitar al coleccionista el enmarcado del cartel. El cartel fue impreso en offset, una técnica que permitiría una circulación barata y masiva, pues tal como Diego Arango y Jorge Mora han insistido, el objetivo de estas producciones era su divulgación en círculos estudiantiles y sindicales de la época.

Apenas un año después de la elaboración del cartel, se publicó María Cano. Mujer rebelde (La Rosca, 1972), la primera monografía dedicada a su trayectoria política, escrita por uno de sus compañeros de vida y lucha: Ignacio Torres Giraldo. Inquieta saber cómo el Taller 4 Rojo tuvo noticias sobre esta líder en aquel momento, pues no existía una biografía enteramente dedicada a María Cano antes de 1971, a lo que se suma la escasez de fuentes sobre su imagen. Entonces, ¿cómo definieron los artistas la retórica que conformaría el cartel? Lo más posible es que tuvieran noticias sobre el texto que Torres Giraldo había terminado de escribir en 1968 (el mismo año de su muerte), a través de versiones mimeografiadas que, según recuerda Víctor Daniel Bonilla, realizó La Rosca antes de su publicación formal. 

Esta explicación tiene sentido al comprender que ambos colectivos, La Rosca y el Taller 4 Rojo, compartían el interés por recuperar la imagen y trayectoria de líderes sociales colombianos relegados de la historia oficial. Tal cercanía hizo posible que el Taller 4 Rojo trabajara mancomunadamente con Víctor Daniel Bonilla (miembro de La Rosca) en un proyecto editorial independiente titulado Planas o la destrucción de la nación indígena (Oveja Negra, 1970), dedicado a denunciar los atropellos contra la población indígena guahibos en los Llanos Orientales.

Más adelante ambos grupos también coincidieron nuevamente en torno a la recuperación del legado del líder indígena Quintín Lame. Estas relaciones entre los grupos de investigadores sociales y artistas describen una agitada actividad destinada a recuperar, en lo intelectual y en lo visual, la memoria de líderes sociales locales para activar su pensamiento y legado en el presente. Es así que la pieza realizada por el Taller 4 Rojo resulta en un dispositivo que adelanta la tarea de propagar la imagen de María Cano y prepara a quienes luego podrían profundizar en su vida política a través de la biografía que estaba próxima a publicarse.

En vida, su imagen fue parcialmente divulgada por fotografías publicadas en prensa según su producción literaria y acción política. Algunas de estas imágenes corresponden a retratos de estudio realizados por su primo Melitón Rodríguez en la década de 1920 en Medellín. En años recientes se han divulgado otras imágenes realizadas por Floro Piedrahíta como fotorreportero del movimiento obrero durante giras y encuentros en que María Cano participó. Sin embargo, su imagen en el arte colombiano resulta escasa y tal parece que antes del Taller 4 Rojo ningún artista había reparado en la figura de María Cano. Salvo Piedrahíta, no lo hicieron quienes fueron testigos de su actividad agitadora en la década de 1920, tampoco los que vieron cómo se le persiguió, encarceló, o cuando más tarde fue desplazada de la vida política y finalmente castigada socialmente por su comportamiento libre y rebelde. La solución visual del cartel implicó la recuperación de una imagen poco conocida del personaje, una fotografía incluida en un reportaje publicado por el periódico Política y algo más en septiembre de 1961 junto a dos fotografías adicionales, un retrato realizado por Melitón Rodríguez en 1924 y una tomada para el reportaje donde luce anciana, así que el conjunto de fotografías describe los tres momentos de la vida del personaje: como joven poetisa, dirigente política y líder olvidada. De algún modo la foto elegida por el Taller 4 Rojo para el cartel y el trato gráfico que se le dio describe al personaje, ataviado con sombrero y con un libro en sus manos, como la cabeza intelectual de un movimiento popular prolongado a través del tiempo, como si este cartel tuviera el poder de actualizar las viejas fotografías de María junto a las multitudes. 

En este año, que se cumplen 130 del nacimiento de María Cano, hemos querido que la obra del Taller 4 Rojo vuelva a circular en versión facsimilar, en consecuencia con lo que sus autores querían: propagar su imagen e historia.