María Isabel Mijares García y Pelayo, la dama del vino

Con 48 años de experiencia, esta química y empresaria española, es una de las enólogas más importantes de la actualidad. Su regreso al país se dará en el marco de los 10 años de Expovinos.

María Isabel Mijares.Bernando Herradón

María Isabel Mijares comprendió a temprana edad que el vino era un protagonista importante en los grandes momentos de la vida. Su casa ubicada en Castilla y León tenía una pequeña bodega con uso exclusivamente familiar, así que en varias celebraciones tuvo que consumirlo y fue tanta la fascinación que dejó en ella que, literalmente, se enamoró de la manera más pura y sensata.

Para ponerlo en práctica, después de estudiar Ciencias Químicas en la Universidad de Madrid, decidió hacer un alto en el rumbo de todas las mujeres de su profesión, no direccionó su carrera por la investigación o la licenciatura, María Isabel quería especializarse en algo que tuviera alma y aunque tuvo la oportunidad de escoger entre la perfumería y la enología, no dudó en escoger la última por la técnica, la creatividad y el arte que se emplean en conjunto a la hora de crear.

Cuando tomó esa decisión revolucionó, en cierta manera, el mundo de la enología. Luego de aprender en Francia a amar el vino y descubrir su significado en la vida de quienes lo consumen con Emile Peynaud, considerado el padre de la enología; regresó a España porque quería dedicarse a la bodega. “En ese tiempo, a finales de los años 60, las mujeres estaban dedicadas a la investigación, ninguna estaba en alguna bodega, así que yo regresé a una zona rural, Villafranca del Bierzo, como enóloga”. Y a pesar de que el viento no corría del todo a su favor porque la maquinaria era muy dura para que una mujer pudiera usarla y la mayoría de sus compañeros eran hombres, María Isabel nunca pensó que ser mujer podía condicionarla cuando su preparación como doctora en enología era más que completa, además porque la imaginación, la capacidad sensitiva y el entusiasmo por lo que hace también marca un punto de diferencia en comparación con el trabajo de los hombres.

“Esa primera experiencia fue una maravillosa aventura que volvería a repetir. Dura en algunos momentos, compleja, incierta en otros… pero siempre apasionante”, comenta Mijares. Y es que dirigir, supervisar y ayudar a un grupo de más de 40 personas fue su primer reto en el que tenía varias cosas a favor. Como la enología no tiene sexo, lo único que se necesita es poseer una formación, unos conocimientos, el corazón y la pasión que ella como mujer explora a más cabalidad, pero además de eso, la facilidad de entender mejor los procesos y llegar así a conocer más de cerca el vino, facultades que adquirió gracias a su primera profesión, de la que se ha respaldado también para ampliar su desempeño a otras especialidades. “Mi formación química ha ayudado mucho. Por ejemplo, en los fenómenos que se producen desde el nacimiento hasta la muerte de un vino son más exactos y de esa manera los he comprendido con más profundidad”, cuenta Mijares.

Luego de esta primera dirección técnica no pararon de llegar propuestas para dirigir otros proyectos en los que reforzar la divulgación y el consumo del vino desde varios frentes era el eje central y para lograr estar en todos, María Isabel destaca en medio de una dulce, tranquila y segura voz como una enóloga exigente de sí misma y los demás, “el trabajo, las circunstancias, la pasión y la profesión, no dan impresión de estar trabajando, en realidad me estoy es divirtiendo, disfrutando de poder viajar y conocer a la gente a través del carácter del vino de su región, es lo más fascinante”.

Actualmente, como coordinadora, por la Real Academia de la Gastronomía, de la Guía Repsol de los Mejores Vinos de España, realiza rutas por España con los mejores alimentos para descubrir junto al usuario con qué vino se puede disfrutar. Esta tarea está ligada a que a pesar de que las personas se están interesando últimamente por conocer sobre el vino, el consumo ha bajado considerablemente. En España se consumía el 83% y ahora solo el 15%, mientras que Francia estaba en el 100% y ahora está en el 60%, esto se debe a que ahora es más fácil que una persona consuma otra bebida que no le exija comprender su historia. Aspecto triste y preocupante para ella, a quien su familia ha apoyado desde un principio para que asuma con responsabilidad y orgullo ser la dama del vino del momento, pues las emociones que produce el vino al tacto, al gusto, al olfato y la vista permite que haya un descubrimiento propio, pero además un desinterés por el afán de mañana. “Siempre pienso en el vino de hoy, no en el de mañana”, agrega sin superstición a sus 73 años.
 

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