“Mariposas verdes”: un espejo del “bullying”

La película colombiana, de Gustavo Nieto Roa, narra las problemáticas que se propician en un ambiente escolar en el que reina la intolerancia. La historia gira en torno a una pareja de jóvenes homosexuales.

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Sería difícil que alguien asegurara que nunca le hicieron bullying o matoneo en el colegio. Hay casos más moderados que otros, pero ninguno le quita el peso psicológico que deja en los niños y por el que luego se convierten en adultos traumatizados o violentos o, peor aún, en jóvenes con actitudes suicidas. Miles de estudiantes sufren maltratos por el hecho de ser diferentes, sea por su forma de pensar, actuar o amar a las personas. Lamentablemente, es algo que pasa a diario en el mundo entero. Los menores que sufren matoneo, en muchas ocasiones guardan silencio, permanecen en su mundo y prefieren no contarles a sus padres, por miedo a que las represalias sean peores.

La película Mariposas verdes, del director Gustavo Nieto Roa, estuvo inspirada en esos hechos. La cinta aborda casos de jóvenes de varios centros educativos en Colombia y en el mundo que se han quitado la vida a causa del bullying y el acoso, propiciado en un ambiente escolar donde reina la intolerancia con el estudiante aplicado, el que tiene sobrepeso o un color de piel determinado o el que tiene una orientación sexual diferente a la que se cree como “normal”. Es una producción que pretende reflejar el sufrimiento de las víctimas y la poca compasión del victimario, quien no mide las consecuencias de sus agresiones físicas y psicológicas.

En el filme participaron actores mexicanos y colombianos. Los protagonistas son Deivi Duarte y Kevin Bury, quienes interpretan a una rebelde pareja de novios que fueron atacados en su colegio debido a su orientación sexual. También participan Julio Bracho, Cecilia Suárez, Andrés Cardona, Juliana Rendón y Victoria Ortiz. Reconocidos actores como Consuelo Luzardo, Juan Pablo Gamboa y María Elena Döring completan un elenco que fusiona la experiencia con las nuevas promesas de la actuación.

Nieto Roa, de 75 años, asegura que vivió en un tiempo en el que este tipo de temas se trataba con otra óptica. O ni siquiera se trataban. Dice haber sufrido matoneo —una de las palabras del siglo XXI— en una época en la que se tomaba más como una chanza que como un ataque. Por tanto, quiso poner en evidencia la atmósfera estudiantil, que es cada vez más agresiva. “Yo creo que fui uno de los que sufrieron matoneo por chicos que me veían diferente por no participar en sus actividades o sus juegos. Creo que la gente antes tomaba esto muy normal. Hoy en día hay una conciencia colectiva. Una conciencia social de que tenemos que ser más tolerantes”.

Admite que quisiera que la cinta la vieran en su mayoría las nuevas generaciones, para que vean su realidad o la de sus compañeros: “Me gustaría mucho ir a colegios y exhibir esta película. Ver qué dicen estos niños, sus reacciones, y observar si logramos captar la problemática que ellos viven”.

El guion de esta historia de amor fue trabajado durante tres años por un grupo de libretistas entre los que estaban Idania Velásquez, libretista de cine, televisión y series web, y Nieto Roa. “Entre todos logramos sacar una película que, espero, impacte, porque es una situación y un problema del que hablamos a diario. Al contarlo como lo hicimos, creo que la gente reflexionará”.

Mariposas verdes marca el regreso de Gustavo Nieto Roa al cine luego de 20 años. El cineasta fue locutor, creó periódicos y ha escrito diversos libros. También trabajó con Naciones Unidas realizando documentales en varios lugares del mundo. Luego regresó a Colombia y entre la década del 70 y 80 realizó más de 10 largometrajes que lo hicieron reconocido, desde su ópera prima, Aura o las violetas (1973). Colombia Connection (1978), El taxista millonario (1979) y Tiempo para amar (1980) son otras de las cintas de Nieto Roa que pasaron a ser clásicos del cine colombiano. Ahora se encuentra radicado en Brasil, donde tiene una empresa de doblajes.

Sobre el título de la película, asegura que es una alegoría: salió de una escena en la que el niño protagonista asiste con su padre a un zoológico. Allí, luego de ingresar a un mariposario, el pequeño le dice a su padre que cuando sea grande le gustaría volar como una de esas mariposas. A pesar de que su progenitor le dice que no es posible, él insiste en que puede hacerlo. Al ser más grande el joven deja en su manifiesto una frase contundente: “Mi alma quería ser libre y finalmente volé”.

A pesar de que gran parte de los colombianos van a cine para buscar un espacio de ocio y entretenimiento, Mariposas verdes funciona como espejo de una realidad colombiana que muchos no quieren ver. Es una forma de decirle a la sociedad que es momento de abrir la mente. “El director de una película tiene una oportunidad de expresar lo que cree, lo que siente, lo que ha vivido. Las películas son un reflejo del actor, del guion y del director”. Nieto Roa afirma que la cinta entretiene, divierte y es una historia de amor que deja algo en la mente de quien la ve.

 

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