Más allá de los abrazos

En este breve libro para niños, publicado por Editorial Robot y con ilustraciones de Powerpaola y José Antonio Suárez —entre otros—, Alicia envía abrazos de diversos géneros a su mejor amigo, Nicolás.

La literatura infantil no se somete a las lógicas de la literatura para adultos, de aquella que ha sido denominada literatura casi con mayúsculas. La premisa parece obvia; sin embargo, los relatos para niños convierten toda posible fantasía en hechos verosímiles, toda entidad inerte en un espíritu encarnado. Su lógica permite que las historias tengan colores distintos, que se empleen en ellas personajes y situaciones que en cualquier otra clasificación caerían como un golpe de inverosimilitud y discordancia.

Ese es el caso de Los abrazos de Alicia, de Katherine Ríos, geógrafa, diseñadora de páginas web y escritora. Entidades que los adultos relacionan con el afecto —los abrazos— se convierten aquí en personajes musculosos, griposos y, en ocasiones, algo distraídos y pretenciosos. Los abrazos, en este libro, son entidades tan humanas como aquellos que los dan. ¿Qué cuenta Los abrazos de Alicia? La pequeña Alicia debe dejar el jardín, pues ya es hora de cambiar su grado escolar. Entonces, para no abandonar a su mejor amigo, Nicolás, decide que cada noche le enviará un abrazo para que tenga sueños hermosos y una noche tranquila.

Cada noche, entonces, envía un tipo de abrazo distinto. El primero es un abrazo mojado, que de repente, a causa de la lluvia, se enferma; luego Nicolás lanza un abrazo galleta, que llega en moto, dormido en la caja; Nicolás debe viajar y entonces deja a Alicia tres abrazos bisagra; ellos, que no saben qué carajos es una bisagra, deben buscar el significado y entonces adjudicarse esa definición. De ese modo, uno tras otro —hasta llegar al abrazo pulpo y al abrazo cometa—, Alicia y Nicolás logran fortalecer su relación y crean un vínculo basado en la imaginación, en la creación genuina que parece poseerse sólo en la niñez.

Toda la historia —¿son cuentos o una novela mínima?— dibuja a los abrazos del mismo modo en que a sus personajes: los acompañan, hablan con ellos, ignoran cosas del mundo de la madurez —como la palabra ‘articular’—, acuerdan el modo en que deben ser enviados. Los abrazos no son sólo, entonces, el modo de comunicación de Alicia y Nicolás; son la forma en que ambos, imaginativos, crean un mundo propio. Hacen de creadores —mientras ella le cuenta cuentos, Nicolás dibuja— al conformar toda una vida imaginada: el mensajero que lleva el abrazo para que no se moje, el abrazo dibujado del pulpo, la cometa que —a través de su cola, construida con trozos de ropa de Alicia— abraza al abuelo en el cielo.

El relato de Los abrazos de Alicia tiene valor por su sencillez. Explora un nicho que ya es bastante común en la literatura infantil del país: el niño que crea su mundo y se expresa a través de él, bajo sus propios límites. La edición, en un formato pequeño y bien cuidado, está acompañada por ilustraciones de Powerpaola, Simón Mancera, José Antonio Suárez, Delius, Manuel Kalmanovitz, Decur y Andrezzinho; los dibujos, además de su calidad, son un acompañamiento genuino para la lectura. El esfuerzo editorial es aún mayor, pues acerca a los niños a productos gráficos, al dibujo, de la mano de dibujantes como José Antonio Suárez, cuya carrera ha sido reconocida en diarios y exposiciones internacionales.

Este trabajo, además, refuerza una idea que cada vez toma más campo en la literatura infantil: la realidad, vista desde abajo, es por momentos incluso más real.

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@acayaqui

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