Mateo y la batalla del arte

Con una poética puesta en escena y precedida por varios premios nacionales e internacionales, ‘Mateo’ llega a las salas de cine.

Carlos Hernández interpreta a Mateo en el filme, que fue estrenado el 28 de agosto y fue parte de la selección oficial New York Colombian Film Festival.  / Cortesía
Carlos Hernández interpreta a Mateo en el filme, que fue estrenado el 28 de agosto y fue parte de la selección oficial New York Colombian Film Festival. / Cortesía

El conflicto armado en Colombia tiene muchas caras, la mayoría sepultadas bajo el afán noticioso, bajo la necesidad de construir espectacularidad y aumentar el rating, o bajo los relatos que se han contado desde el punto de vista del victimario. Unas pocas, gracias a la acción del arte, se han desgajado de la indiferencia y han podido hablar de la violencia en los campos y las ciudades dándoles voz a las víctimas. Cambiando el discurso, armada de poesías visuales y metáforas, desdibujando las fronteras entre “buenos” y “malos”, la cineasta, documentalista y realizadora de televisión María Gamboa estrena este fin de semana Mateo: un filme que intenta equilibrar la balanza hacia un relato más humano del conflicto.

El primer largometraje de Gamboa es conmovedor y visualmente poderoso, y ya ha recibido distinciones como el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cartagena o el de Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Miami. Mateo resume el trabajo de inmersión de cinco meses que la cineasta hizo en el Magdalena Medio, en el que también grabó un documental con las mujeres de la zona, conoció varios colectivos pacifistas y al grupo de teatro del Centro Cultural Horizonte radicado en la Comuna 7 de Barrancabermeja, que aportó varios actores a la producción. Si bien la historia cuenta la historia particular de un joven que es enviado por paramilitares a infiltrarse en un grupo de teatro para hacer labores de “inteligencia” y colaborar con la limpieza social, es también un relato general sobre muchos movimientos sociales que desde el arte han generado colectivos de resistencia a la muerte y la violencia. Arte para un país en busca de reconciliación y perdón. María Gamboa habló con El Espectador en la semana del estreno nacional de su película.

La historia de la película habla del arte como resistencia política, pero la película en sí misma también ha demostrado esta capacidad. ¿Cómo surgió este doble significado?

Esta película, para el momento político de hoy, es muy pertinente. La idea era entender cómo el arte puede marcar una diferencia de vida o muerte en un joven en situación vulnerable, pues puede lograr que se vaya a grupos armados o se quede. Yo estaba dirigiendo una serie de televisión en esa época sobre la prevención a los jóvenes al conflicto armado y, cuando oí al padre Francisco de Roux en el Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia hablando sobre el poder de la dignidad, me fui a Barrancabermeja a entender qué era eso y quienes eran las personas que estaban metidas ahí. Allá me conecté con todos los jóvenes del programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. Algunos de nuestros actores pertenecen a asociaciones que han ganado el Premio Nacional de Paz.

¿Cómo se logró un equilibrio entre una película que carga un mensaje de crítica y reflexión, con una historia ágil y que puede ser para un público general?

Uno de los retos era saber que estaba contando una historia sobre el conflicto armado, que es un gran “no” en el cine ahora; nadie quiere ver cosas de la guerra porque todo el mundo está aburrido del tema. Pero esta es una película sobre la reivindicación de la dignidad de las víctimas. Siempre se muestra el lado del victimario, o a la víctima como una tonta que no puede actuar. Tratamos de romper con clichés. Miramos el conflicto con corazón y poesía. A veces es desesperante la atracción por la sangre y el asesinato. A nosotros nos interesaban las víctimas en su integridad y fortaleza, vistas desde un lugar de admiración y respeto. En el sufrimiento hay un profundo entendimiento del ser humano y nuestra alma conflictuada. El conflicto en sus momentos más difíciles también nos trae sabiduría. Queríamos retratar a esas personas que sí han encontrado luchas y causas por las que vale la pena vivir. La película habla de las personas que en medio del dolor han encontrado razones para ayudarles a otros a que no se vuelva a repetir.

En estos momentos la película se encuentra respaldada por la campaña Respira Paz de la ONU. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Al principio dudaba sobre qué implicaba montarse con una institución y poner a hablarse directamente de paz, pero estar con la ONU es el premio más grande de todos. Gracias a ellos vamos a poder mostrar la película en 100 municipios, en el Catatumbo, en el Macizo Colombiano, en el Urabá. Que la película la vean líderes comunitarios me parece muy bien. Estuvimos en el Festival de Cine de Ituango en el Nudo de Paramillo, una zona afectada porque el 90% de sus jóvenes se va a la guerrilla. Si alguno de estos pelados ve la película y piensa que podría hacer otra cosa, vale la pena.

Antes de estrenar la película a nivel nacional tuvieron una premier en Barrancabermeja. ¿Qué significó esto para el proceso?

La proyección fue muy emocionante, era la más soñada. Originalmente la queríamos hacer en la cancha de fútbol de la Comuna 7 porque allá hubo una masacre en 1998, y nos parecía muy chévere hacer un acto simbólico ahí. Pero no se pudo y entonces alquilamos todas las salas de cine del centro comercial, e invitamos a 713 personas a ver la película. Fue divino porque la mitad de la sala ni siquiera había ido a cine. Estaba desde la mujer que vende la empanada en la esquina, hasta el presidente de la refinería de Ecopetrol, todos sentados con todos. Las personas se identificaban en pantalla y se emocionaban, por verse empoderados y valientes. Había mucha expectativa y miedo sobre mostrar una Barrancabermeja peligrosa y caliente. Sí, mostramos momentos duros, pero también la gente salió conmovida y orgullosa. Pero también quiero que la gente que normalmente asiste a salas de cine vaya, porque esa audiencia a veces es la que está más desconectada de la realidad de este país. Me parece chévere que vean lo que pasa, que salgan del prejuicio de que el conflicto es una cosa lejana con la que no se identifican y no tiene nada que ver con ellos. Que esta película sirva que para que estratos 4, 5 y 6 se convenzan de que la paz es posible.

 

@KidCasti

 

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