Medellín en París

El museo de urbanismo de la capital francesa dedica una exposición temática a los avances en el Valle de Aburrá.

“Medellín vive una transformación como la que París vivió durante las reformas del baron Haussmann”, es el comentario de Nicolas Douay, profesor de Urbanismo en la universidad de París Diderot, a la exposición Medellín: Urbanismo Social, que ocupa desde el pasado 22 de septiembre, y hasta el 23 de octubre, las instalaciones del Pavillon de l'Arsenal. Abierto al público en 1988, este espacio, que funciona como museo de urbanismo de la municipalidad de París, está dedicado habitualmente a los proyectos pasados y futuros de la capital francesa y sólo en raras ocasiones ha albergado manifestaciones relativas a otras metrópolis. La referencia de Douay está ligada a los “Grandes Trabajos” que Georges Eugène Haussmann desarrolló por encargo de Napoleón III y que, tras veinte siglos de crecimiento caótico, dieron a París buena parte de los bulevares, plazas y fachadas que, aún al precio de la destrucción de varios sectores populares, hoy son parte de su identidad como ciudad.

Desarrollada por iniciativa de la Agencia Francesa para el Desarrollo, el Taller Parisino de Urbanismo y la Alcaldía de Medellín, la exposición se divide en tres etapas. La primera presenta los cuatro “Proyectos Urbanos Integrales” que extendiéndose a partir de una primera fase en el Barrio Santo Domingo permitieron concretar los avances urbanísticos de las administraciones de Sergio Fajardo y Alonso Salazar. La segunda etapa,“Proyectos Emblemáticos”, expone los desarrollos a lo largo del paseo Carabobo y en el marco de los Juegos Panamericanos del 2010.

“Durante las dos candidaturas fallidas de París a los Juegos Olímpicos se habló mucho de que las nuevas construcciones tendrían como consecuencia un aumento en los precios y un agravamiento de la especulación inmmobiliaria. La experiencia de Medellín nos muestra que, con un evento menos ambicioso pero bien llevado, se puede jalonar un desarrollo de los barrios populares”, opina Cédric, arquitecto que visita la exposición y a pesar de que conocía varias experiencias de planeación urbana desarrolladas en América Latina, se sorprende como la mayoría de los asistentes ante las fotografías, planos y maquetas de proyectos como el Parque de la Libertad, el Orquideorama y la unidad deportiva María Luisa en una ciudad de la que esperaba una “arquitectura de supervivencia” marcada por los tugurios.

Esa puede ser la razón por la que uno de los responsables de la exposición, que reconoce los adelantos logrados en un periodo tan corto, afirme que “La relación no es tan directa entre las dos ciudades, no es tan evidente, urbanistas de París no necesariamente tienen algo que aprender de los de Medellín, al fin y al cabo nosotros no hemos sido la ciudad más violenta del mundo y la topografía es muy diferente”.

“Claro que hay aprender y hay similitudes” dice Éric, estudiante de arquitectura, que ha visitado la capital antioqueña y se declara sorprendido al notar que los progresos que se muestran en la exposición cubren apenas siete años. “En Europa es más frecuente que las ciudades crezcan al lado de los ríos, no es el caso de Bogotá, pero Medellín ha sabido recuperar el río no cono algo que se atraviesa sino que se vive. En París la 'museificación' de las riveras del Sena nos ha hecho olvidar que hay un potencial social y recreativo que en Medellín está en plena expansión”. Otro de los asistentes, Hugo, de nacionalidad portuguesa e igualmente estudiante de arquitectura, subraya la integración de Medellín con las demás ciudades del Valle de Aburrá, que sería un ejemplo para los futuros proyectos de expansión de París, que siempre ha sido criticada por su aislamiento frente a las ciudades vecinas.

“Hay otro punto interesante”, señala Cédric: “El rol que juega el Metrocable al desbloquear comunidades donde el aislamiento es parte de los causas de violencia, que es el mismo problema que tenemos aquí en los suburbios”.

La época de violencia también sirvió de punto de partida para el alcalde Salazar, quien a la hora de presentar la exposición, optó por comenzar con el momento en el que Fernando Botero entregó una segunda escultura idéntica a la que fue dinamitada en 1995 causando la muerte de 23 transeúntes. “¿Quién cometió tal atentado?. Nunca se supo y, en alguna medida, no importa”, dice el texto de autoría del mandatario que aparece en el primer muro que encuentran los visitantes. No es la primera vez que dice esa frase, pero ahora alguien ha agregado con un marcador varios signos de interrogación y subrayado “no importa “.

Lo último que ven los visitantes son las proyecciones de evolución de la ciudad en los años venideros. La sección, llamada BIO2030, cierra el recorrido. “Es muy sensato pensar en presentar las perspectivas de una manera integrada”, dice Douay, “en lugar de, como suele ser la costumbre, con proyectos concretos que envejecerían mal y muchas veces ni siquiera se realizan”.

Los días entre semana son esencialmente estudiantes y profesionales del urbanismo quienes visitan la exposición, pero éstos representan apenas 30% del público del museo, que incluye estudiantes de áreas menos afines y público en general. A falta de una imposible estadística por nacionalidades hay que contentarse con observar que de vez en cuando la visitan parejas donde él o ella llevan la mochila indígena que hace pensar en colombianidad. Camilo, que la lleva y es graduado en filología, dice que a pesar de tener ascendencia antioqueña, coincide con la sorpresa de los franceses por la modernidad de la capital.

“Chévere que se queden con esa imagen de ciudad, que se vea que Medellín no es ningún pueblito paisa”, dice.

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