Memoria e imagen: La Torre se estrena en las principales ciudades del país

Congelada y en movimiento. Polvorienta, en reconstrucción. La Ópera Prima del artista plástico Sebastián Múnera retrata la imagen del día después del atentado que sufrió la Biblioteca Pública Piloto, en Medellín.

Cortesía

"Estalla petardo en la Biblioteca Pública Piloto (BPP)", anunciaron los titulares del 18 de marzo de 2004. Nadie se acuerda. O casi nadie. El día anterior, un miércoles, explotó un artefacto dentro de las instalaciones de uno de los más importantes centros de conservación de patrimonio visual en América Latina, ubicado en el barrio Carlos E. Restrepo, de Medellín. Quizá el polvo, el dolor de oído y uno que otro golpe con los pedazos del cielo raso se conservan en la memoria de los empleados y visitantes que caminaban aquella mañana por la sala de arte.

El bombazo no dejó otra huella que unas cuantas ruinas. Ni siquiera imágenes. Y, sin ellas, ¿cómo se configura la memoria? Tal vez por eso, cuando Sebastián Múnera, un asiduo visitante de la biblioteca, le preguntaba al personal de la institución sobre el suceso, no recibía devuelta algo más sustancioso que un parco “sí, eso pasó aquí”. Sin ruidos, lamentos ni colores.

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Múnera se dio a la tarea de buscar información de ese día. En su mente ya estaba bien clavada la obsesión de hacer una película sobre, en, por y desde la BPP, su habitación concurrente y la permanente de todas las historias contenidas en los libros. Se inmiscuyó entre archivos y recortes de prensa, y fue ahí cuando encontró el detonante que su idea había estado buscando hace un tiempo: una fotografía.

“En ella estaban tres bibliotecarios recogiendo escombros y barriendo. El techo, caído; los libros, abatidos”, cuenta el artista plástico y cineasta. ¿A quiénes pertenecían los rostros congelados en el tiempo del 18 de marzo de 2004?, fue su siguiente pregunta; Gloria, su respuesta. Resulta que, la mujer de la foto, la que estaba a solo 10 metros del petardo cuando estalló, la que al día siguiente amontonaba las ruinas y limpiaba la polvareda, continuaba trabajando en la biblioteca, más de 10 años después.

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La Torre. Así llamó al largometraje que nació de todos sus días y todas sus noches, pero que tomó forma a partir del hallazgo de la única imagen histórica del bombazo de la BPP, cuyos protagonistas, en un universo de ficción, son quienes recogen los escombros junto a Gloria, los que llegaron a la memoria gracias a esa fotografía.

Según Múnera, su película es más una reflexión fotográfica, una inmersión a la magia de la imagen y el sonido, que cualquier otra cosa: “Reflexiona sobre qué es la luz, la conservación de la memoria, la destrucción, los archivos, el caos. Tres personajes, el restaurador encargado del archivo fotográfico patrimonial, que intenta revelar esa imagen que ha estado oculta por años en el lugar que ahora está en ruinas, una bibliotecaria y un obrero, son cómplices de esa temporalidad de la fotografía, pues ahí empieza la imagen a construir recuerdo. Preguntarse el nombre del delincuente del atentado es función de la Fiscalía, tampoco me interesó una narración. La función del artista es mostrar una imagen y permitir el diálogo a través de ella”.

 

La Torre no tuvo miedo de desafiar las convenciones y crear una atmósfera distópica, entre una mudanza y una reconstrucción, donde todo es inestable y precario, pero algo siempre parece a punto de ocurrir. “La historia del cine tiene dos monstruos devoradores, a los que cuesta espantarlos: la literatura y el teatro, artes muy antiguas que el cine tomó para poder anclarse como entretenimiento. Pero este arte es, finalmente, una secuencia de imágenes que transmiten una sensación”, argumenta Múnera.

La película, más que una traducción de las observaciones ‘garabatales’ de una libreta verde de su director, es una búsqueda fantasmal por recuperar esa imagen patrimonial de la historia de Medellín. Terminó siendo el proyecto ganador de la convocatoria Altiplano Incuba, del Simposio Internacional de Cine de Autor y del Gran Premio de Cine en Construcción Humberto Solás del Festival Internacional de Cine de Gibara.

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La Ópera Prima de Múnera, producida por Augusto Sandino, Schweizen Media Group (Colombia) en co-produccion con Itaca Films (México), tuvo estreno el pasado 28 de enero en la edición 47 del Festival Internacional de Cine de Róterdam en la sección "Bright Future" y, además, formó parte de la Selección Oficial de Cine Colombiano del Festival de Cartagena de Indias (FICCI) en su 58 edición.

En los próximos días, se estará proyectando en las principales ciudades del país. En Bogotá, el 6 y 12 de septiembre; En Medellín, el 7 y 14 de septiembre, y en Cali, el 7, 9 y 24 de septiembre.