Mientras ardía Notre Dame

Hoy 15 de abril sobre el medio día recibí una llamada de un músico contemporáneo con quien mantengo intensas conversaciones sobre la música, el arte, la escritura y las cuestiones de la vida misma.

Una de las imágenes que se tomaron del incendio de la catedral de Notre Dame, el 15 de abril de 2019. Cortesía

Me preguntó si estaba viendo las noticias, le dije que no, que estaba concentrada escribiendo una de las ediciones de mi columna Imaginarios para El Espectador. Me dice con angustia: se está incendiando la catedral de Notre-Dame en París, estoy destrozado, ese lugar es la cuna de los orígenes de la música en Occidente. Me quedo callada, como que no logro entender lo que está diciendo.

Fue una conversación truncada, se oía la respiración de ambos. Yo no lograba asir lo que él me había dicho. Colgamos. Entonces pasé a la imagen, a las imágenes. Y se me empezó a abrir una grita en la boca del estómago: Notre-dame ardía en frente de mi, es decir, en la pantalla de mi computador. Vino una mudez y me tapaba la boca, no los ojos. Las llamas cada vez eran más intensas.

Pensé de inmediato en el órgano de la catedral, sé de su importancia en para la música, de su sonido celestial. También pensé que a mis cuarenta años jamás había tenido la oportunidad de visitar París. Sentí una tristeza, una sensación de frustración se quedó en mi. De repente la aguja gótica se vino abajo y ahí sí experimenté algo terrible. Se venía abajo uno de los íconos franceses.

La belleza arquitectónica de la catedral se deshacía y se escondía tras el humo espeso que producía el fuego. Pensaba: solo he visto imágenes de la catedral, sólo estoy viendo imágenes, sin embargo me dolía ver, estar presente de alguna forma, estar viva viendo. Quedarme viendo. Y las redes sociales van llenándose de imágenes. Una tras otra.

Y empezamos a ser conscientes de no sé qué exactamente. Y mañana se llenarán esas mismas redes con otras imágenes. Montajes. Capas de historia. Mientras la catedral se va quemando, también se “reanima”, se erige, se levanta. Sus tiempos muertos están resucitando ahora. No entiendo muy bien lo que estoy viendo. Pero siento un vacío visual.

Nos han arrancado un fragmento arquitectónico de la historia del arte que tantas veces hemos visto en los libros y en las películas. Las gárgolas ahora en primer plano publicadas en Instagram con sus gestos góticos, lánguidos. No entiendo. Es como una oscuridad. Es un silencio. Ver y callar. Me cuestiono: ¿qué son esas imágenes que ahora estamos viendo?.

¿Qué nos dicen de este tiempo presente?. ¿Qué es lo que a la final se está quemando frente a nuestros ojos?. Pienso en la teoría del “Ángel de la historia” de Walter Benjamin y en su pensamiento pesimista frente al acontecer histórico. Esa idea de la desesperación que nos sumerge en un tiempo suspendido. La aguja de esa bellísima catedral callándose: un loop que nos deja - irónicamente - sin imagen (…) 

 

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2019-04-16T11:03:58-05:00

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Érika Martínez Cuervo

Cultura

Mientras ardía Notre Dame

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