Mosaicos tonales del tiempo

La artista colombiana Mónika Bravo presenta en Flora ars + natura la exposición "Tesserae", instalaciones que a partir del ritmo y el color, manifiestan visiones contemporáneas sobre el tiempo.

Una de las obras de la exposición "Tesserae", de Mónika Bravo. Cortesía

El abstraccionismo se define como una desconexión con la figuración para crear espacios dedicados a un pensamiento manifestado por las sensaciones. La artista Mónika Bravo que actualmente se encuentra radicada en Nueva York, logra encontrar una vertiente artística que la conecta completamente a sus raíces, a las tierras colombianas guiadas por los pueblos ancestrales que representan su cultura a través de símbolos, siendo la mayoría de ellos, figuras geométricas en tonalidades diversas que hablan y cuentan una historia que se narra con el pasar de las montañas.

Aquel encuentro logra instaurar en esta artista colombiana una fascinación por el arte abstracto que, guiada también por aquellos maestros de este mismo arte, se presentan como componentes que evocan una expresión totalmente tejida por pensamientos distintos.

“Siempre he tenido unas cuestiones muy existenciales que son muy importantes en mi vida y en mi obra”, dice Bravo sobre su obra y es que más que instaurar un discurso crítico sobre sucesos coyunturales, logra más bien establecer a través de una interacción y de observación de su obra, un estado que abre una brecha hacia distintas percepciones guiadas por sensaciones que evocan sentimientos y que finalmente, reflejan aquello que posiblemente como individuo es posible encontrar.

Sus obras entonces se encuentran entre la materialidad instalativa, de movimiento y de abstracción, inspirada como dice la artista: “en el universo que se está revelando a través de los diagramas geométricos. Lo interesante es que los indígenas y todas las culturas ancestrales, siempre utilizaron el tejido como una manera de comunicación”, un tejido que establecido como un lenguaje universal y que es posible interpretarlo a través de la naturaleza, es representado en figuras geométricas dándole otro valor a la materia, un estado que va más allá de la forma para abrir un universo paralelo.

En este sentido, aparecen aquellas influencias artísticas que logran aparecer para nutrir su arte. En el camino se encuentra con el arte de la artista polaca Sonia Delaunay que dentro de la abstracción se manifiesta en distintos soportes sin diferenciar entre un arte estético o aplicado; Bravo entonces logra apropiarse del manejo del color; así como su mayor influencia, el artista ruso Kazimir Malévich que lleva a otro nivel el concepto de lo abstracto para dar orígen a su propio camino artístico con lo que dice:

“Las figuras que están aquí en la exposición vienen de Malévich, figuras que están deformadas porque ya las he trabajado tanto que las rompo… me apropio de unas formas que siempre han estado en la historia de la Abstracción pero que las incorporo en mi propio lenguaje”.

Así conlleva su obra para consolidarla y darle al ojo del espectador una experiencia y que actualmente se puede ver manifestada en la exposición ‘Tesserae’ que se presenta en el espacio Flora ars+natura y que estará hasta el 8 de septiembre.

Como asegura Bravo, esta muestra se origina a la par con un proyecto que desarrolla en la Estación del Metro de Nueva York en la que crea cinco murales completamente hechos con mosaicos (palabra que traduce la titulación de la exposición como teselas, piezas de vidrio hechas de urano que tienen cuatro caras) y que entonces, parte de aquella misma noción del tiempo que presenta en la ciudad de Bogotá a lo que explica la artista:

“Actualmente estamos regidos por una cultura en donde en el tiempo siempre va a existir algún tipo de ansiedad, porque se está esperando a que vuelva un Mesías, o se está esperando a que haya un Apocalipsis, o se está con mucho susto porque Donald Trump vaya a espichar un botón, o que Corea lance un misil; este tipo de narrativa lineal crea mucha ansiedad y crea una esquizofrenia. Pongo también la posibilidad de presentar el tiempo de una manera como lo ven los ancestros o las culturas orientales(...) este entonces es un tiempo más lento y que está afín con el paso del tiempo, normal, un atardecer, un ocaso, como cuando el agua va pasando”.

Es así que dentro de la exposición a través de sus obras, se ve un paralelo de temporalidades actuales; concepciones separadas por la manera de ver la vida en sus distintas filosofías. Proyectadas entonces imágenes que pasan consecutivamente, tan rápidas como el parpadear de los ojos. Visiones mundiales de la naturaleza, detalles y texturas que originan las maravillas que adornan nuestro planeta, las mismas que son representadas a través de figuras de colores intensos y que se van descubriendo en la sala de exposición. Guiando los ojos del espectador, aparecen instalaciones hechas con fragmentos de figuras geométricas superpuestas en medio de pantallas televisivas que rompen con su formato convencional y que van mostrando, esta vez de una manera paulatina, los contrastes que inspiraron los artistas abstractos con noción de una apertura mental que permite abolir cualquier verdad absoluta a través del conocimiento interior y que es posible percibir en su trabajo artístico.

“Cuando yo hago una obra quiero hacer sentir que vayan hacia otro lugar, que quiero hipnotizar, transportarlos a otra realidad”, finaliza diciendo Mónika Bravo.