Muerte en París

En hechos que aún no resultan claros, 27 años de trabajo del célebre fotógrafo argentino, representados en negativos y diapositivas, se perdieron en la sede del diario francés ‘Le Monde’

Daniel Mordzinski durante una exposición con su obra en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en enero de este año.  / Luis Ángel - El Espectador
Daniel Mordzinski durante una exposición con su obra en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en enero de este año. / Luis Ángel - El Espectador

“… la mirada de Mordzinski da testimonio no sólo de un grupo de autores, sino de una época, pues sus retratos van desde Borges, Vargas Llosa y García Márquez, hasta los autores más jóvenes, caso de Alejandro Zambra o Guadalupe Nettel, pasando por los más destacados de generaciones intermedias, como Roberto Bolaño, Javier Cercas o Rodrigo Rey Rosa”.

Las palabras son de Santiago Gamboa, quien escribió acerca de la obra del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski en una columna publicada por este diario en enero de este año, cuando el Museo de Arte Moderno de Bogotá acogía una muestra del trabajo de este fotógrafo, célebre retratista del mundo literario.

La obra de Mordzinski bien podría ser hoy, tristemente, una especie en peligro de extinción luego de que sus negativos, que representan 27 años de trabajo, desaparecieran de una oficina en la sede parisina del periódico francés Le Monde.

Lo único que ha podido recuperarse es el archivador que contenía el material, un mueble que el mismo Mordzinski pintó de negro y que permanecía en un despacho del séptimo piso en las oficinas del diario; fue encontrado por el fotógrafo en un sótano. Hasta hoy no se sabe exactamente qué pasó con el trabajo perdido. “Sólo se han salvado los cientos de fotos que alguna vez digitalicé para libros o exposiciones. El resto desapareció para siempre. Nadie sabe ni quiere saber por qué decidieron ‘desaparecer’ mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos tomadas a lo largo de 27 años. Veintisiete años de esperas, nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos...”, escribió Mordzinski en una carta dirigida a sus amigos.

Las fotografías de Mordzinski se hicieron célebres no sólo por la importancia de sus retratados, sino por la forma particular de abordar gráficamente personajes que viven textualmente, por decirlo de alguna forma. “En los rostros de los escritores nos informa sobre sus mundos, sus obsesiones, sus ciudades o esquinas importantes. Jugando con sombras, decorados o fondos, en sus composiciones Mordzinski ofrece su personal comentario de la obra de cada uno...”, dijo Gamboa.

Claro, la obra vive en las exposiciones y los libros, en la memoria colectiva, en un servidor de Google, quizá. Pero es una existencia parcial, de pronto no menor, aunque en todo caso no plena. ¿Qué pasa cuando muere un archivo, cuando se incendia un museo, se saquea una biblioteca? Muere el creador, al menos una parte de él, y también una porción de la cultura, del proceso común de construir basándose en la memoria.

Esto es igual de cierto, e incluso de pronto un poco más, en el caso de la fotografía, pues de cierta forma es un arte que vive en la conservación, en la preservación del instante preciso; un oficio hecho para la posteridad cuyo lugar más íntimo es el archivo.

“Ese archivo de Daniel Mordzinski, esos 27 años de trabajo miserablemente perdidos, eran parte de la memoria social, cultural y literaria del siglo XX, eran parte de la cultura universal, eran parte del legado de un artista, de un fotógrafo cuya obra es reconocida como uno de los aportes fundamentales para el gran registro de la cultura contemporánea”, escribió el cineasta chileno Luis Sepúlveda.

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