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hace 10 horas

La mujer del diamante entre los dientes

La artista, María José Arjona, realizará en Bogotá una serie de performances en donde, a través de su cuerpo y la relación con el otro, desvela bondades y tiranías en el uso del poder.

La mujer se parará en el salón, que estará a reventar. Tomará la piedra preciosa —un verdadero y apetecido diamante, de esos que exhiben los raperos en la televisión—, se los enseñará a todos y luego lo meterá en su boca. Quien lo saque de entre sus labios rojos se lo lleva como suyo. ¿Qué haría usted? Seducirla, hacerle cosquillas, hacerla reír, ahogarla, violentarla, ¿haría algo?

La mujer del diamante entre los dientes es la artista performática colombiana radicada en Nueva York, María José Arjona. La situación, la de poder llevarse el diamante, no es hipotética; sucederá en Bogotá el próximo jueves 15 de septiembre en la Galería NC-Arte, Omayra Alvarado y Gloria Saldarriaga, como parte de uno de los performances en torno al poder que realizará la artista.

Que el poder no es un objeto que el individuo le cede al soberano, que no está localizado en una institución y ni siquiera en el Estado, eso ya nos lo hizo saber hace décadas el filósofo Michel Foucault. Que el poder es más bien una relación de fuerzas, que los individuos estamos atravesados por relaciones de poder, que está en todas partes, es algo que logrará hacer visible cada uno de los actos que Arjona creó hace un año y medio, bautizó como Vires y presentó en Nápoles, Austria, Nueva York, para terminar su periplo en Bogotá.

“Este primer performance es sobre el poder y los objetos de deseo y el uso de la fuerza para tener lo que yo quiero. ¿Cuál es la estrategia de la gente? Ha habido intervenciones en las que me fuerzan, hay gente que negocia, otros me cantan y con el tiempo la gente se pregunta: ¿realmente quiero el diamante?, ¿vale la pena? Ahí parados frente a mí se plantean quizás las mismas preguntas que se plantean cuando tienen la oportunidad de conseguir algo que va a afectar a otra persona”, explica la artista.

María José Arjona fue primero bailarina de danza contemporánea, luego, entre sus estudios en la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB) y su máster en artes visuales, empezó a deconstruir el lenguaje coreográfico para empezar a descubrir su cuerpo como un objeto de arte en sí mismo, como una entidad que sobrevivía más allá de las construcciones del género, de la raza, de la edad, que era más bien un flujo permanente que producía flujos en otros cuerpos. Para darse cuenta de que podía pensar desde el cuerpo y no sólo sobre él.

Se encontró así con el performance y se aventuró, por ejemplo, en el 2008 a reproducir durante muchos días una misma acción: soplar burbujas de color rojo que se explotaban sobre las paredes de un hospital, dejando con el paso del tiempo y con su gesto insignificante una tremenda estela color sangre. Se sentó también en una silla atornillada a una pared a cuatro metros de altura.

Sus indagaciones sobre la carne, sobre las formas como el cuerpo lleva casi todos los conceptos humanos al límite, la convirtieron en una de las artistas invitadas para reproducir en el 2010, en el MoMA de Nueva York, uno de los performances que la afamada artista Marina Abramovic había realizado en su carrera de performista.

Esta vez sus acciones serán menos meditativas, involucrarán por primera vez en su carrera a la gente. “Casi se puede decir que es la gente la que generará la obra. Ese contacto con la audiencia es muy importante para mí. Cada uno de los actos está concentrado en el poder que tiene el individuo para hacer y generar otras cosas”, dice.

Así, el sábado 17 de septiembre, de 11:00 de la mañana a 7:00 de la noche, en un salón forrado de fieltro verde, el mismo que colorea las tardes de póker de los señores, la artista tendrá dos dados y alguien, cualquiera, podrá entrar al salón a jugar con ella. El número que sale en el dado que arroja el extraño es el número de veces que puede hacerle lo que quiera a la artista. No hay reglas. Es un cuerpo a merced del otro. Sólo tiene que saber que ella, después también tira el dado. Responde.

“En Nápoles fue la primera vez que hice este performance sobre la suerte, el destino y el poder de la elección. Había mucha tensión en cuanto a la cantidad de agresión física que se me podía infligir, pero fue muy diferente de lo esperado. Es increíble cómo se revela la fibra humana cuando alguien entrega todo su poder a otro y lo entrega en un tiempo prolongado, en una acción que puede durar mínimo ocho horas”.

Luego, el miércoles 21 de septiembre, de 5:00 de la tarde a 9:00 de la noche, la artista le hará encarnar al público, a ella misma, el poder de la sanación. Esta vez no será como en esos programas de televisión en donde un hombre sana los males de muchos. Será una inversión atrevida, una tortura salvadora. Un grupo tendrá la decisión de salvar a uno.

María José Arjona usará la réplica de un vestido que se creó en la Edad Media, cuando se empezó a descubrir que no sólo la dimensión física del cuerpo podía enfermarlo. Así, un complejo aparato hecho de correas sellaba cada uno de los chakras, ejerciendo una presión casi torturante sobre ellos. Con el tiempo eran lentamente liberados, logrando, se creía así, una conexión plena en el sistema energético.

María José Arjona estará inmóvil, incapacitada para cualquier respuesta, para cualquier intención de evitar el dolor o la torpeza del otro. Atada por el vestido de la liberación medieval, entregará su destino a los asistentes del lugar, quienes tendrán que soltar cada uno de los candados con precisión y premura para que los punzones no le atraviesen la piel.

“Se generan unos momentos muy extraños, una certeza comunal de que hay que ‘liberarla rápido’. Hay una preocupación común, es como si algo les dijera ‘todos estamos en esto, hay que liberarla entre todos’. Yo estoy casi a dispensas de lo que haga todo el mundo y de cómo lo hagan”.

Lo que para muchos será una provocación, será para otros la posibilidad de saltar al abismo del cuerpo del otro, de descubrir en un acto la posibilidad de la afirmación de la vida. “El cuerpo tiene una gran sensibilidad, sobre todo en un país en donde el final objetivo de la violencia se inflige sobre el cuerpo, y precisamente creo que desde el arte tenemos que hacer acciones, no ya en donde se termine presentando esa misma violencia, pero en otro espacio, en uno más sofisticado como en una galería. A mí me parece importante proponer. Tenemos que responder a las preguntas, ya no quedarnos en la crítica y en la indignación, sino pasar a la acción, una individual en donde comienzan las verdaderas acciones”.

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