Mujeres vestidas, viejas en pelota

Cuando entre los sexos se conversa sobre temas del vestir, es frecuente que aparezca una inquietud: las mujeres, ¿para quién se visten?

"Después de todo, vivimos en un país donde una gama del periodismo narrativo estimulante suele venir con imágenes de mujeres que se desnudan por voluntad propia."Archivo particular

Algunas mentes masculinas brincan con efusiva confianza a explicar que las mujeres se visten simplemente para provocar la envidia en otras mujeres. Alarma de error. Puede que sí. Como puede que una mujer se vista para sí misma, dadas las circunstancias de que cuente con semejante independencia emocional. Lo cierto es que las motivaciones que tienen las mujeres para vestirse tienen tantos matices que no encajan necesariamente con el simplismo racional que se enseña con recurrencia al varón.

Esto conecta con dos asuntos contiguos. Por un lado, la idea —y la realidad— de que muchos hombres heterosexuales poco entienden de combinaciones y estilismos. Ante expresiones de moda, ven códigos difíciles de digerir. Se enseña que lo rotundamente viril es usar la mirada para fijarse en el cuerpo de una mujer, no en la ropa que la viste. Hay en esto, ciertamente, un componente de biología, pero también un reflejo nítido de cómo se ha construido lo estético dentro de la experiencia masculina. Después de todo, vivimos en un país donde una gama del periodismo narrativo estimulante suele venir con imágenes de mujeres que se desnudan por voluntad propia. (Ah, porque el machismo hierve en ambas orillas por igual, queridos). Lo segundo es que entre muchas entendidas de la moda se haya popularizado el término repeledora de hombres, que, como ha explicado su creadora, Leandra Medine, se trata de una manera de vestir que atrae la mirada femenina y que repele la atracción masculina. Su premisa: entre más te vistas para la camada sensible a la moda menos despertarás el deseo varonil.

En esa misma línea, qué interesante es observar las elecciones que hacen las mujeres a la hora de vestirse para la mirada heterosexual masculina. ¿Leopardo para una primera cita? Tal vez no nos damos cuenta de las formas en que la vestimenta puede darnos señas sobre la independencia económica y mental de una mujer. Tal vez eso explique muchos de los hábitos de vestir de las mujeres en este país: viven dentro de estructuras que fomentan la dependencia económica, mental y afectiva femenina. Tal vez los hombres necesitan actualizar sus paradigmas y observar más lo que expresan las mujeres vestidas.

¿Ven cómo las ropas —esos objetos desdeñados por pensadores tradicionalistas, tildados de secundarios y frívolos— nos dicen tanto sobre temas invisibles pero palpables, como el machismo que nos habita?

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